Victoria Hdez. Ruiz, en el Minicurso Newman: “Si la vida tiene sentido es por la muerte”

Durante la jornada del Minicurso Newman sobre la cuestión de la muerte, la profesora del grado de Humanidades, Victoria Hernández Ruiz, se hizo eco de las preguntas suscitadas durante la celebración del Café Newman del día anterior, bajo el lema «Te hago spoiler: te vas a morir».  

El hecho de que la vida presente tenga fecha de caducidad no deja de ser un drama para el ser humano: “No soy teóloga ni filósofa, sino profesora de Literatura, pero la vida me ha hecho vivir de cerca la muerte con experiencias familiares muy dolorosas en momentos muy tempranos de mi vida”, confesó, y “esa puerta que se me abrió me trajo una esperanza que ha acabado siendo un gran don”.

En la universidad, donde se estudian todos los aspectos de la realidad, la muerte se engarza dentro de los temas imprescindibles de abordar. Sin embargo, cuando alguien se ha muerto puede haber cierta incomodidad a la hora de hablar con las personas que pierden a sus seres queridos sobre qué mensaje será más adecuado. De hecho, los tanatorios no existían hace 40 años, los difuntos se velaban en las casas. Cuando esto ocurría la familia era la encargada de “amortajar”, es decir, lavar, vestir y preparar el cadáver para que los amigos que fueran a visitarles en las próximas 24 horas “presentaran los respetos”. Además, en los tanatorios los ataúdes suelen estar cerrados y si están abiertos sigue costando acercarse al cristal, incluso la sensación de que el cuerpo está frío suele resultar impactante.

Se da la espalda a la rigidez de la muerte, y no solo a la muerte, también a la enfermedad o al sufrimiento”

Desaparición del imaginario colectivo

Actualmente, las fechas hasta las que se retrasa la posibilidad de abortar se acercan a los días del parto y la ley orgánica 3/2021 del 24 de marzo, sobre la llamada “muerte digna”, pone los “pelos de punta” en su preámbulo, exclamó Victoria Hdez.

¿Por qué morimos? ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué enfermamos? ¿Por qué perdemos a los seres queridos? Realmente, morimos porque vivimos y la belleza de la vida reside en que es efímera, añadió. Pero, sobre todo, si Dios existe, ¿qué tiene que decir? Es preciso tomar una actitud concreta ante ello.

En un primer recorrido académico, previno de instalarse en la negación, propia del joven invencible: hay profesores de aulas hospitalarias para enfermos de larga duración que presencian historias tan dolorosas que se ve claramente cómo la muerte pone al hombre en una encrucijada.

Las encrucijadas son opciones de vida y negar la muerte es tozudez, en cada momento hay que hacer lo que toca

Tampoco conviene instalarse en el miedo, porque paraliza y hace que el ser humano deje de vivir la vida como merece ser vivida. En el extremo contrario, se puede pensar que la vida posterior es tan maravillosa que se desprecia la presente, pero es preciso entender que el regalo eterno empieza aquí y ahora.

La literatura, espejo de la muerte

En la antigua Grecia ya surgió el género de la tragedia en el que los desenlaces eran fatales. Para los que vivían en esa época la muerte era un final abrupto e injusto. Aristóteles en el año 340 a.C escribió que la muerte servía para purificar las pasiones a través de las acciones nobles de sus protagonistas.

Después, en la Edad Media la muerte era lo que igualaba a todos los hombres. Se veía como algo irremediable: “Recuerda que vas a morir”, “el tiempo vuela”. Todo estaba en relación con el carpe diem que hace referencia a aprovechar el momento. Era una visión de que un día más es un día menos y a la vez se veía a la muerte como liberadora de ataduras.

Representación de las danzas de la muerte medievales

En la posmodernidad, la muerte normalmente se ve de espaldas. Lo invisible no resulta fiable y solo cuenta lo medible y lo que se puede pesar. Ante esta realidad, la coordinadora de Humanidades plantea tres hilos argumentales sobre la muerte: como un absurdo, como algo imposible sin la vida, y como experiencia límite.

1.ABSURDO

El escritor Javier Marías, hijo del filósofo Julián Marías, reflexionó mucho sobre la muerte:

Es inconcebible lo que tiene uno para sí y guarda en su casa. Con la muerte pasa a ser inútil y a carecer de historia. Desaparecen también los recuerdos, tejido discontinuo fabricado con paciencia. No querer ya querer, ni querer nada. Adiós risas, no os veré más.

En el ejemplo de la película Soul se ve claramente cómo a veces se vive sin sentido y es necesario replantearse las dedicaciones cotidianas a la luz del momento final.

2.NO ES SIN LA VIDA

El texto clave es de Jorge Manrique, poeta del siglo XV que murió muy joven al servicio de la Reina Isabel La Católica. En Coplas a la muerte de su padre escribe de manera optimista sobre otra vida mejor:

Recuerde el alma dormida cómo se pasa la vida y se viene la muerte tan callando. Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir. Este mundo es el camino para el otro que es morada sin pesar. Cuando morimos descansamos. Ved de cuán poco valor son las cosas tras que andamos y corremos. Esperad el galardón que en este mundo ganasteis con las manos, partid con buena esperanza.

Una vida con sentido, en relación con la muerte, se observa cuando el protagonista de Soul llega a casa tras el concierto soñado y ve un objeto del pasado. Entonces entiende que su vida tenía valor sin el éxito profesional y que otros momentos también eran maravillosos. Recuerda tiempos felices de la infancia, la compañía de sus padres, la ilusión de sus alumnos, el agua del mar…

“Los pequeños momentos no serían tan magníficos si no supiéramos que son únicos en el discurrir del tiempo”

En la película Coco, el niño Miguel aparece en el mundo de los muertos en el que conoce a alguien que no puede visitar a su familia porque nadie le recuerda. Esto tiene que ver con el concepto de la fama del que hablaba Manrique y con las pequeñas historias de los objetos de J. Marías. ¿Qué ocurre cuando nadie recuerda las historias vividas?  

3.LÍMITE

Considerar la muerte como límite -principio, fin o cambio- necesariamente recuerda al poeta Miguel Hernández cuando escribió una elegía a su amigo fallecido, Ramón Sijé:

Quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupa. Tanto dolor se agrupa en mi costado que por dolor me duele hasta el aliento. Hachazo homicida. No hay extensión más grande que mi herida. Lloro mi desventura y siento más tu muerte que mi vida. Temprano levantó la muerte el vuelo. No perdono a la tierra ni a la nada. Volverás al arrullo de los enamorados labradores. Tu corazón llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de almendro enamorado. Que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.

Si la vida tiene sentido es por la muerte, recalcó Victoria Hdez. Cuando el músico de Soul toma conciencia de que el gran concierto se repite igual cada día siente que su expectativa se frustra por volver a hacer otra vez lo mismo.

No seamos como el pez que busca el océano sin darse cuenta de que está en él, la vida son fragmentos pequeños, una clase más, un viaje más en metro

¿Y qué hay después?

Los momentos únicos y cotidianos que conforman la vida llevan a preguntarse si el alma es inmortal. Pascal fue un matemático francés del s. XVIII que murió muy joven y durante su vida se preguntó repetidamente por la existencia de Dios. Y escribió:

Hay que apostar. Veamos qué interesa menos. Hay dos cosas que perder: verdad y bien, y dos cosas que comprometer: conocimiento y felicidad. Si lo único que se me pide a cambio es creer voy a creer. Si no hay nada, nada perderé, pero ¿y si gano la apuesta? La ganancia es total. Optad por el hecho de que Dios exista sin vacilar.

A veces, un razonamiento tan sencillo puede dar la pista sobre cómo situarse frente a la cuestión de la muerte. Al final de Soul se agradece que el personaje haya sido inspirador y se le da otra oportunidad: ¿Cómo vas a pasar tu vida? Voy a vivir cada minuto.

Debate y coloquio

– Tengo miedo a la muerte, pero ¿es mejor ser consciente o vivir en la ignorancia? Pensar en ello todo el rato no sería vivir.

No se trata de pensar en eso todo el tiempo, sino de pensar en cómo es la propia vida. Los días no tienen que ser espectaculares porque cada uno consiste en hacer lo que toca. Lo cotidiano hace que la vida cobre sentido, si todo fuera luminoso nada lo sería. Los momentos gloriosos son así porque los cotidianos les dan ese valor, respondió.

– ¿Las siguientes generaciones cambiarán la percepción de la muerte?

No se sabe. En las ponencias que hubo en la UFV sobre el transhumanismo se habló de la forma en que la ciencia puede cambiar al hombre en un futuro, aumentando la esperanza de vida exponencialmente o abriendo la posibilidad de descargar los recuerdos en una nube. Parece ciencia ficción. Pero la literatura es reflejo de la vida y el autor de la literatura no deja de ser un hombre de su tiempo.

– Si nunca es un momento adecuado para morir, siempre es un momento adecuado para vivir…

Exacto. Lo importante es plantearse qué hacer con la vida que uno tiene y preguntarse qué pinta Dios en todo esto: “La muerte solo es el comienzo de algo Grande con G mayúscula”, concluyó.

Victoria Hdez. Ruiz: “Si no somos conscientes del regalo de la vida, la muerte nos sorprenderá en el momento más inoportuno”

La cuestión existencial de la muerte ha centrado la temática del último Café Newman de este curso académico, que tuvo lugar el 27 de abril en la Universidad Francisco de Vitoria. Este asunto se puede abordar desde muchos puntos de vista, como ha señalado la profesora de Literatura, Victoria Hernández Ruiz, pero si se atiende a la frase del cartel “Te hago spoiler: te vas a morir” hay que tomar conciencia de que se trata de una gran certeza.

¿Quién entiende mucho de la muerte?

Con esta pregunta presentó la figura de los verdugos, presentes en las sociedades antiguas y actualmente en países donde la pena de muerte está en vigor. Junto a ellos, los enterradores son los últimos que quedan en los cementerios haciendo honor a las rimas de Becquet. También los médicos son profesionales que lidian con los últimos minutos de los pacientes: “He visto de cerca dramas familiares terribles, pero no quiero darle un cariz científico”. En el ámbito de la ficción y novelístico el tema es recurrente. Ahora bien, el experto en la muerte puede ser cualquiera: Victoria Hernández Ruiz, como filóloga, pero también cualquier universitario, por su mortalidad y finitud existencial, común a todos los seres humanos. En la Universidad se estudian todos los aspectos que atañen a la vida del hombre y este tema concreto se toca pocas veces, pero en el foro adecuado es un buen aliciente.

¿Qué pasa con la muerte?

En las antiguas danzas de la muerte los personajes eran esqueletos y siempre la han representado de forma alegórica con la guadaña y la capucha, segando vidas. En la Edad Media, las Coplas de Jorge Manrique hacen alusión a la muerte como la ministra de Dios. En cualquier red social se observan expertos en aspectos cotidianos: comida, deporte, cine, etc. Pero, “¿seguís a alguien en Instagram que hable de la muerte?”, preguntó irónicamente a los asistentes: “Solo se habla cuando llega o toca de cerca”. En Francia incluso no se usa la palabra morir, sino “se ha ido” o “ha desaparecido”, ya que el eufemismo puede resultar muy cómodo. Incluso a gente de avanzada edad el tema le rechina y prefiere que el asunto pase desapercibido. Se trata de saber por qué no se habla de esto: ¿por miedo, prudencia, desinterés? Se vive un momento histórico en el que las propias leyes la permiten, propician y animan en algunos momentos a participar del final de la vida sin hablar de la muerte.

La película de animación “Soul” de Pixar aborda la cuestión desde el inicio. El protagonista consigue, después de muchos años de intentarlo, un concierto como pianista en una sala seria de jazz, y es feliz porque va a tocar con una estrella del momento. Presa de esa emoción va esquivando los obstáculos que se le presentan hasta que cae en una alcantarilla. Lo interesante es que no acepta el trance, no quiere morir y echa a correr en sentido contrario. En su opinión, Pixar deja pasar una gran oportunidad para hablar más en serio de la muerte, pero sirve como aperitivo para introducir la cuestión del miedo cuando repite que no le venía nada bien ese momento de gran oportunidad profesional.

“No vivimos pensando en la muerte”, expresó Victoria Hernández, “pero si no somos conscientes del tesoro inmenso que es la vida y la pasamos esperando el fin de semana, el verano, acabar la carrera, casarnos, tener hijos, encontrar un trabajo…, no disfrutaremos de ese regalo y la muerte nos sorprenderá en el momento menos oportuno”. Es importante vivir pensando que hoy podría ser el último día.

Hace falta enfrentarse a la muerte con conciencia, ¿por qué es de mal gusto hablar de la muerte? La coordinadora de Humanidades se mostró convencida de que la muerte rompe el canon de la falsa felicidad en la que se intenta convencer de que vive la sociedad: “Puede que nos hayamos acostumbrado a ver la muerte en series o películas, pero se produce la paradoja de que se inserta de forma ajena en la propia vida y cuesta hablar de ella en primera persona”. Insistió en que es algo que no puede ocurrir si no es relación con la vida y esta es un regalo que hay que aprovechar.

Debate y coloquio

-Vivir como si fuera el último día puede llevar a extremismos: no estudio para el examen por si me muero. El presente condiciona el futuro. No puede ser premisa de estilo de vida.

No se refiere a vivir en el extremo del disfrute absoluto, contestó. Todo depende de la concepción que se tenga posterior a la muerte, de si hay una esperanza de vida eterna, porque así se vive preparado para lo que pueda ocurrir después. No hay que beberse la vida de golpe, ya que si hay una idea clara de la trascendencia se vive en consonancia con esa creencia.

-Creo que hay que hacer cada día lo mejor que se puede lo que corresponde a ese día.

-La gente no tiene miedo a morir, sino a no sentirse orgulloso de lo que ha hecho.

-Nadie quiere morir sufriendo, no sabemos si hay algo después, yo creo que es más el miedo a la incertidumbre que a la muerte en sí porque es un proceso natural. Hay que aceptar que para el resto de la humanidad ya no seré protagonista.

Si cada día se hace lo que corresponde de la mejor manera posible y de forma satisfactoria ese miedo se minimiza cada vez más con la edad, continuó Victoria. En la película Soul hay tres personas ancianas que llevaban tiempo esperando el momento, la incertidumbre es inversamente proporcional a la juventud y con la madurez se alivia el miedo, sostuvo.

-El miedo a la muerte no es propio, sino por la muerte de los seres queridos. El dolor está relacionado con el otro.

-La muerte hace que te preguntes: ¿Lo vivido ya no está? ¿Cómo se recoge la historia personal? ¿Desaparece?

Efectivamente, hay un recuerdo que uno deja de sí en esta tierra. Si los que quedan tienen amor es porque las obras han dejado ese amor, este es el concepto de la fama que había en la Edad Media. En la película de “Coco” se muestra la celebración del día de muertos de México y el terror es que no haya nadie en la tierra que recuerde a los protagonistas, “es un tema bonito porque el dolor de los que quedan se suple con la buena memoria”, respondió.

Por su parte, el Padre Florencio LC añadió que “una de las grandes preguntas que suscita la muerte es sobre Dios, es decir, si Él puede hacer algo con el miedo, con la muerte propia, con el fallecimiento del ser querido”. El problema es tratar la muerte como un tema y no como algo más importante ante lo que hay casi que callar: “Es algo que me va a pasar a mí o a otros, entonces ¿qué tiene que ver Dios con esto? No es para vivir con pavor, sino para comprender cómo tengo que vivir, ya que si tiene que ver con uno mismo no es fácil decir que Cristo ha resucitado y seguir igual”, matizó.

-El dolor por la muerte de otro viene por su desaparición y porque no se puede continuar compartiendo experiencias, no sufres por la muerte sino por la pérdida.

-San Francisco de Asís habló de la “hermana muerte”, puede ser vista como el pago del pecado original, pero a partir de Cristo permite alcanzar una plenitud que no hubiéramos podido soñar, si no existiera seríamos muy infelices.

-Hay veces que la muerte alivia, no tiene un sentido negativo.

 

La coordinadora de Humanidades y profesora de Literatura concluyó la exposición del Café Newman enfatizando que el dolor que queda por la ausencia de un sostén familiar es tremendo y en esto es crucial la fe. “¿Si Dios existe qué papel juega en la pérdida de mi madre con 13 años?”, confesó cuando finalizaba el evento: “Hay que ser serios con un asunto que nos envuelve a todos”.

Un otoño más

Fotograma del documental Eso que tú me das

María Hernández Martínez

Recuerdo haber estado en una habitación de hospital, visitando a un familiar enfermo. La extrema delgadez de su rostro anunciaba que no habría una próxima vez. Se encontraba en fase terminal. La evidencia pesaba en el ambiente junto a un calor pegajoso de principios de agosto y se entremezclaba con la sensación de estar ante un hecho tremendamente injusto.

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La urgencia de vivir en verdad

Consideraciones sobre el renacimiento de la vida en tiempos de pandemia

Isidro Catela Marcos. Departamento de Humanidades UFV

Lección inaugural Curso 2020-2021

Excelentísimo Sr. Rector Magnífico; Reverendo Padre Cereceda; autoridades académicas; queridos alumnos, compañeros de aquí, compañeros de allá, en sesión remota asíncrona, compañeros, cum panis, con los que compartir, ahora más que nunca, el pan y la palabra, los gozos y las sombras; compañeros, al fin, a los que proponeros un extraño abrazo fuerte y duradero, hasta que todo nos duela. Parafraseando a Cortázar, mejor que me duelan los huesos por quereros, que el alma por extrañaros. Porque quízá la manifestación más profunda de amistad, que se entiende muy bien en nuestros tiempos vacilantes, no sea tanto “querer a alguien” como “querer con” alguien. Queda expresado a la perfección en aquel célebre epígrafe de Miguel Hernández a sus propios versos: en Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto Ramón Sijé, con quien tanto quería. No es de extrañar que cierre la elegía diciendo: … que tenemos que hablar de tantas cosas, compañero del alma, compañero.

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Ya no somos los mismos

Victoria Hernández Ruiz. Coordinadora del Grado en Humanidades UFV

Antígona. — Pues, ¿no ha considerado Creonte a nuestros hermanos, al uno digno de enterramiento y al otro indigno? A Eteocles, según dicen, por considerarle merecedor de ser tratado con justicia y según la costumbre, lo sepultó bajo tierra a fin de que resultara honrado por los muertos de allí abajo. En cuanto al cadáver de Polinices, muerto miserablemente, dicen que, en un edicto a los ciudadanos, ha hecho publicar que nadie le dé sepultura ni le llore, y que le dejen sin lamentos, sin enterramiento, como grato tesoro para las aves rapaces que avizoran por la satisfacción de cebarse.

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Hannah Arendt y la banalización del coronavirus

María Pérez Díaz. Departamento de Comunicación y Relaciones Externas UFV

Los artículos periodísticos que Hannah Arendt (1906-1975) publicó a lo largo de su vida constituyen el nexo perfecto entre su pensamiento filosófico y el más que turbulento siglo XX que le tocó vivir.

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Solo para los que han sufrido

Ángel Barahona Plaza. Director de Formación Humanística UFV.

Porque los demás no entienden nuestra pena. Ante el dolor extremo que está provocando el coronavirus apenas hay algo que decir. Mantener un respetuoso silencio es lo más que podemos hacer, si no nos ha tocado cerca el dolor. Si nos ha tocado en los que se nos encomendó amar, sí hay algo que decir, porque de golpe hemos adquirido una sabiduría que no teníamos.

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No estamos solos

Francisco Javier Gómez Díez. Profesor de Historia UFV

Enfermamos. Los síntomas de la enfermedad, quizás benignos, nos fuerzan a recluirnos, aún más, en estos días de soledad. La crueldad de la epidemia no reside en el número desproporcionado de muertos, ni en la angustiosa agudeza de los dolores, ni en la fragilidad humillante de nuestro conocimiento, ni en el egoísmo que, a veces, desvela. Reside en la soledad

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Don José se dejaba encontrar

                                                                             El escritor José Jiménez Lozano falleció el pasado 9 de marzo


María Hernández Martínez

El pasado domingo nos dejaba José Jiménez Lozano. Don José se fue como vivió, discretamente. Acostumbrados como estamos a la categorización y al atributo fácil, hablar de alguien que rehuía cualquier título o adjetivo pomposo ofrece una primera dificultad. Él se divertía con las manías clasificatorias y, sabiéndose incapaz de estar dentro de una doxa o de unos “ismos”, bromeaba diciendo que creía poder encajar en casi todo.  

Don José, tan castellano, se incomodaba ante las “denominaciones de origen”, le parecía grotesco y peligroso que la producción del espíritu fuera producto de la tierra. Prefería también sustituir la palabra “escritor” por la de“escribidor” para escapar de las connotaciones sociales y mundanas que incluye la primera.

De vez en cuando, recurría a otros términos, pero no por afán de vanguardia o ideología, sino para remarcar la voluntad de “andar en la realidad” y no dar un peso excesivo a lo que hacía. Nuestro escribidor buscaba palabras que no estuvieran instrumentalizadas, sabía que únicamente estas pueden llevarnos a la comprensión del mundo, “solo ellas nos instalan en el conocimiento”, diría en su discurso al recibir el Premio Cervantes en 2002. Escribir era para él, una forma de ser hombre.

“El escritor casi todo lo recibe. Lo que tiene que tener es unas ciertas antenas, y eso quizá sea un don, como el que mete goles. Pero se le da todo. La realidad lo da todo, ¿de dónde va a sacar sino el mundo? No se puede crear nada, se tiene que sacar de algún sitio, es evidente. Y entonces no hay más remedio que salir de uno mismo”

Así vivía, acogiendo, buscando las voces de otros y quedándose en un lugar modesto, sin acaparar demasiado. Ese rincón fue durante bastante tiempo Alcazarén, un pequeño pueblo de Valladolid. Lo llamaba “mitad retiro, mitad exilio” y lo vivía “sin connotaciones horacianas”, recibiendo de buen grado a los amigos que quisieran visitarle y conversar con él. No tenía nada de ermitaño y sabía bien que “el silencio que se necesita es el de dentro”. Por eso, sin estar expuesto ni en primera línea para hacerse ver, don José se dejaba encontrar. Estaba dispuesto a ser interlocutor de cualquiera, también de alguna universitaria desconocida. Donaba su tiempo con generosidad y se ponía al servicio, deseoso de ayudar.

En un primer correo en que se presentó como amigo y laísta, añadía “Espero no tener nada de un intelectual ni de académicas respetabilidades, y quiero que se desempeñe conmigo como con un colega” ¡Qué regalo el testimonio de quien permanece en la humildad, de quien la vejez no agría ni marchita!

“Un libro es otro yo o la otra ánima, y así es reconocido, echado de menos y buscado”

Ningún reconocimiento ni distinción le hizo apartarse de sus inocentes, de preferir lo pequeño. Toda la documentación que necesitaba estaba en un asomarse a la ventana, en observar a ancianos y niños y guardarse esas cosas para sí. Reconocía con facilidad dónde se halla y manifiesta la vida. Por eso, aun apreciando la gran ciudad, no tuvo necesidad de formar parte de ella. Sabía que lo interesante, la particularidad y los asuntos de la fina punta del alma estaban también en las historias anónimas. Esto lo percibió desde joven, la esencia de aquello que relataban los clásicos griegos la entendía bien por haberla contemplado previamente en determinadas escenas acontecidas en su pueblo durante la infancia.

Con todo ello, para entender lo concreto, don José se servía también del mundo y de las voces de los que habían pensado, sentido y escrito. Tenía tal apertura que su círculo de amistades trascendía el espacio y el tiempo. Él dialogaba con Dostoievski, con las hermanas Brönte, con Simone Weil, con Fray Luis, con Flannery O´Connor, con Kierkegaard, con Virgilio, con Dante o San Juan de la Cruz, pero antev todo, él conversaba con la Biblia. No es baladí que se refiriera a ellos como compañeros y cómplices, don José entendía el libro como algo y alguien que puede resultar trastornador para la vida. “Un libro es otro yo o la otra ánima, y así es reconocido, echado de menos y buscado”, escribía allá por los noventa en ABC. Por esto mismo no estaba seguro de que hubiera que “promover” o “motivar” la lectura ya que significaría “como imponer la vida y la hermosura, y robarles la fascinante aventura de su búsqueda a quienes deberían anhelarla”.

Una vida coherente no parcela ni aísla, por eso, en su ejercicio como periodista, Jiménez Lozano no escondió la inquietud propia del yo interrogante. En los subgéneros más flexibles como es el artículo, fue siempre más allá de las cinco preguntas clásicas y de los hechos inmediatos. Dejó atrás el “qué”, el “quién”, el “dónde”, el “cuándo” y el “por qué” en clave efímera y parcial para abrirse a la pregunta existencial y trascendente que vibra en todo corazón. Haciendo eco de André Malraux, don José ponía encima de la mesa que  “la cuestión es saber lo que hacemos sobre la Tierra”. En efecto, en otro de sus correos me compartía que leemos los noticiarios no tanto para estar informados, sino para saber algo más sobre el mundo y sobre nuestra posición en él.

“Hay que reservar la alegría para el día en que muere un hombre que ha vivido bien”

“Si se trata del otro plano de la verdad y de la autenticidad, ahí las primeras páginas de los periódicos no sirven para nada” decía. Tal vez por eso, al marcharse él tampoco haya acaparado ninguna, los asuntos que le interesaron siempre fueron otros. Nos referimos a las predilecciones propias de un hombre que vivió con la mirada fija en el horizonte del que sabe que está de paso, pero también del que logra encontrar dicha en lo que está sucediendo, en los pájaros, el trastornador olor a tierra húmeda o el sutil aire de diciembre.

En su artículo ¿Por qué se llora a John Lennon?  don José dice que se llora a aquellos que han revelado la otra cara del tapiz de la vida y que ayudan a soportar esta o a vivirla con entusiasmo. Él pertenecía a este gremio, al orden de la verdad y del espíritu, por eso le lloramos. Y al mismo tiempo, hay celebración, pues como dijo en una ocasión retomando las palabras de Miguel Ángel Buonarroti, “Hay que reservar la alegría para el día en que muere un hombre que ha vivido bien” y José Jiménez Lozano vivió libre, agradecido y sencillo, sin parar de afirmar la existencia.

José Jiménez Lozano en un encuentro con los alumnos del Master en Humanidades  de la UFV  (2017)

Todo a cada instante

Rocío Solís Cobo

Aunque siempre me tienta “hacer listas” y a estas alturas del calendario está perfectamente justificado ponerme a lo wonderful, no me apetece nada. O más bien, agradezco que los trabajos de autoconciencia en mi vida tengan cierta presencia fuera de las 12 campanadas. Por lo tanto, póngame una de lo de siempre; o una de lo de nunca y que tanto anhelo alcanzar.

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13 de noviembre: Minicurso Newman sobre la muerte

El MiniCurso Newman es un curso de tres horas. Su misión es profundizar en las preguntas que surgen a partir del Café Newman, buscando un camino hacia las posibles respuestas.

El Minicurso se basa siempre en una obra literaria o artística de la mano de un profesor de la Universidad Francisco de Vitoria. La cultura es la expresión del hombre y de su drama, por eso movernos en las expresiones artísticas es adentrarnos y comprender un poco más de qué estamos hechos y qué deseamos.

El Minicurso lo impartirá el profesor Felipe Samarán Salo, Director Académico Escuela de Arquitectura de la Universidad Francisco de Vitoria.

Día: Miércoles 13 de noviembre de 2019
Hora: 12:00 – 15:00 h
Lugar: Aula 1.14 Edificio H de la Universidad Francisco de Vitoria (se ha modificado el aula por la cantidad de inscripciones recibidas)

Alumnos UFV
0,5 ECTS para los alumnos que asistan y entreguen el trabajo que indique el profesor.

La muerte, una provocación

Rocío Solís

La cuestión del misterio de la muerte siempre está ahí. Se nos mueren seres queridos o políticos que no conocemos. De un modo u otro, esta realidad nos interpela. Podemos jugar con ello, podemos disfrazarlo o podemos visitar lugares santos sin tener tampoco muy claro que hacemos. Pero haciendo todo eso, nos asomamos al gran interrogante de nuestra vida: ¿qué va a ser de mí?

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