Susana Miró, profesora de Humanidades de la Universidad Francisco de Vitoria, introduce el Aula Newman explicando cómo están conectadas las cinco preguntas fundamentales: el amor, la libertad, el sufrimiento, la muerte y la cuestión de Dios. 

A continuación, tendrás a tu disposición referencias sobre la pregunta por Dios expresada en el teatro, junto con otras referencias musicales y del cine, además de varios textos de grandes pensadores del ámbito de la filosofía. También encontrarás una selección los Cafés Newman de los últimos años que buscan plantear la pregunta en el ámbito universitario, confrontándola con la experiencia de los alumnos. 

LA CUESTIÓN DE DIOS EN EL TEATRO

El profesor de la Universidad Francisco de Vitoria, Enrique Gallud, presenta algunas obras de teatro en las que la cuestión de Dios se ha convertido en el centro de la trama artística:

  • El gran teatro del mundo, Calderón de la Barca (1630). Dios ve cómo se comporta el hombre y le ofrece un papel mejor en otro plano de la existencia.
  • El condenado por desconfiado, Tirso de Molina (1635). La confianza en la Misericordia de Dios se convierte en el culmen de todo destino humano. 
  • Don Juan Tenorio, José Zorrilla (1844). Un ateo maldice de Dios y al mismo tiempo cree en Él como escenificación de la dicotomía de la fe. 
  • Para el cielo y los altares, Jacinto Benavente (1928). Se observa el problema de una sociedad atea, en la que un monje reputado provoca una persecución. 
  • La muralla, Joaquín Calvo Sotelo (1954). Es la historia de cómo acercarse a Dios en medio de un escenario de guerra. 

LA CUESTIÓN DE DIOS EN LA MÚSICA

Nadie avisó de los baches y las caídas. Aun así, un pie delante del otro, un pie delante del otro, desafiantes. ¿Qué importa lo que diga el mundo y cuán fiera sea la tormenta? No dejes que te arrastre y te hunda bajo la arena porque si logras mirar más allá del tiempo y del espacio, de los números, de los colores y las formas hay un segundo en el que todo cobra sentido y hasta el miedo desaparece. Al fondo, entre las sombras, la luz ha dibujado una frase: «No estás solo en este mundo».

Yo que estudié al ser humano te digo que no, que ya nada espero. Yo que intenté comprender sus motivos…, que no, que ya nada espero. Yo que quisiera encontrarme contigo… Yo que, yo que pensaba… Yo que creí firmemente en el amor… No. Hoy ya sé que no, que ya no importa y que a la vida hay que buscarle otra razón y busco en los colores del atardecer y no la encuentro.

Que como yo a veces sueño nadie ha soñado contigo, que como te echo de menos no hay en el mundo un castigo. Pequeña de las dudas infinitas aquí estaré esperando mientras viva. No dejes que todo esto quede en nada porque ahora estés asustada.

¿A dónde va lo común o de todos los días? ¿El descalzarse en la puerta, la mano amiga? ¿A dónde va la sorpresa, casi cotidiana del atardecer? ¿A dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer? ¿A dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar? ¿Acaso nunca vuelven a ser algo? ¿Acaso se van? ¿Y a dónde van? ¿A dónde van?

Has convertido el agua en vino, vaya decepción. La gente no te va a querer y alguno lo intentó. El éxito los sepultó y no quiso parecer bandera de las cosas que nos dan y quitan fe. En la noche en que sucumbes a mis ganas de intentar convencerte de que no conozco ni el bien ni el mal en la noche en la que nos encomendamos al azar, en el suelo de aquel cuarto me invitaste tú a bailar. Sería más fácil comenzar por la verdad…

A los diecisiete comencé a morir de hambre. Pensé que el amor era una especie de vacío. Y al menos entendí entonces el hambre que sentí. Y no tuve que llamarlo soledad. Todos tenemos hambre (…). Nunca encontramos la respuesta, pero sabíamos una cosa, todos tenemos hambre. Pensé que el amor estaba en las drogas, pero cuanto más tomé, más me quitó y nunca pude tener suficiente. 

Pero me aferraré a la esperanza y no dejaré que te ahogues en la soga alrededor de tu cuello y encontraré fuerza en el dolor y cambiaré mi forma de ser, sabré mi nombre como se llama de nuevo.

En estos cuerpos viviremos, en estos cuerpos moriremos y donde inviertes tu amor inviertes tu vida. En estos cuerpos viviremos, en estos cuerpos moriremos y donde inviertes tu amor inviertes tu vida. Despierta mi alma, despierta mi alma, despierta mi alma, porque fuiste hecho para encontrarte con tu Creador.

Deja en el altar los regalos de los dioses que pedimos sin cesar. Rompe las barreras, las fronteras, el silencio y los palacios de cristal. Toca nuestra frente y devuélvele a la gente el instinto animal. Dinos nuestro nombre verdadero, enséñanos el fuego. Líbranos del tiempo, líbranos del miedo. Santo Santo, haz milagros. Mueve el mundo, cambia el rumbo. No te escondas, no te rindas. Santo Santo, oye el llanto.
He escalado las montañas más altas, he corrido a través de campos, solamente para estar contigo, solamente para estar contigo, pero todavía no he encontrado lo que estoy buscando. He besado labios de la miel, sintiendo la curación en la punta de sus dedos, se quemó como el fuego este deseo ardiente.
Santo yo te pido protección, santo yo te pido que me des valor, santo yo te pido comprensión por si yo tuviese desesperación, recuperar todas las mañanas perdidas, quiero cambiar en un momento mi destino y continuar con esa sonrisa torcida y comprender lo que no supe comprender ayer.

Si Dios tuviera un nombre, ¿cuál sería? Y se lo dirías a la cara, si te enfrentaras a él en toda su gloria ¿qué le preguntarías si tuvieras solo una pregunta? Y sí, sí, Dios es grande, sí, sí, Dios es bueno, ¿y si Dios fuera uno de nosotros?

Mi querido Dios, estoy escribiendo esta carta para ti porque no tengo ninguna pista, ¿puedes ayudarme? Estoy sentada aquí simplemente tratando de entender de qué se trata mi vida, ¿puedes decírmelo?

Espero que haya alguien que libere mi corazón precioso de sostener cuando esté cansado… ¿Quién cuidará de mí? Cuando muera, me voy a ir. Espero que haya alguien. ¿Quién liberará mi corazón? Es bueno sostener cuando estoy cansado.

Cuando pienso que te fuiste, negra sombra que me asombras, a los pies de mis cabezales, tornas haciéndome mofa. Cuando imagino que te has ido, en el mismo sol te me muestras, y eres la estrella que brilla, y eres el viento que zumba. Si cantan, eres tú que cantas, si lloran eres tú que lloras, y eres el murmullo del río y eres la noche y eres la aurora. En todo estás y tú eres todo, para mí y en mí misma moras, ni me abandonarás nunca, sombra que siempre me asombras.

LA CUESTIÓN DE DIOS EN EL CINE

Patch Adams (1998), dirigida por Tom Shadyac, es la biografía del conocido médico que revolucionó el panorama mundial haciendo reír a los enfermos de cáncer. La interpretación de Robin Williams nos hace pensar en si el afecto que podemos dar a otros proviene de que antes hayamos sido amados por lo que somos nosotros mismos.

American Beauty (1999), dirigida por Sam Mendes, nos hace frenar en seco con una sola bolsa de plástico movida por el viento. Rendirse o flotar es uno de cuatro pasos psicológicos más aplaudidos para afrontar los miedos, previo afrontamiento y aceptación. 

La serie El Ala Oeste de la Casa Blanca (1999), creada por Aaron Sorkin, aborda la existencia de Dios desde diferentes perspectivas que suscitan el despertar de las preguntas entre políticos y periodistas, al más alto nivel del gobierno de Estados Unidos.

En la serie Deadwod (2004), dirigida por David Milch, no pasa inadvertida la escena del reverendo Smith predicando la carta a los Romanos de la Biblia en la vía pública, entre el barro y los comercios. Su mirada estrafalaria atraviesa la del hombre rico y popular que desea su propia muerte.

Rabbit Hole (2005), dirigida por John Cameron, refleja uno de los mayores dramas de la vida, como puede ser la muerte de un hijo. Se vincula directamente con la cuestión sobre la existencia de Dios que permite tal circunstancia.

Bella (2006), dirigida por Alejandro Monteverde, es un canto al amor incondicional desde el inicio de la vida. El cocinero mexicano que interpreta Eduardo Verástegui y la camarera Nina que tiene un embarazo no deseado cruzarán sus destinos para siempre.

En Infierno Blanco (2011), dirigida por Joe Carnahan, el protagonista clama a Dios en un duro momento. Cuando la felicidad se busca como un fin en sí misma se nos escapa entre los dedos y el hombre la convierte en un objeto narcisista olvidando ser feliz en el sacrificio y la renuncia.

El árbol de la vida (2011), dirigida por Terrence Malick, es el claro ejemplo de la dificultad para integrar las diversas dimensiones del ser humano: inteligencia, afecto y voluntad. Una puesta en escena que se sale de la norma, en la que el actor Brad Pitt consigue pausar el ritmo vital del espectador. 

La gran belleza (2013), dirigida por Paolo Sorrentino, aspira a participar de la sabiduría de Dios para conocerse a uno mismo y obtener un relato verdadero de la vida. No como un objeto observado desde fuera con interés, sino como una realidad que proyecta una verdad por el foco de una luz superior, que permite distinguir las impresiones valiosas de las despreciables. 

Silencio (2016), obra maestra de Martin Scorsese tras El Lobo de Wall Street, es la apuesta de un grupo de jesuitas por buscar en Japón a su mentor, el misionero Padre Ferreira, que reenfoca su fe tras ser torturado. Cuando Dios parece estar en silencio defender su existencia puede costar hasta la propia vida.

LA CUESTIÓN DE DIOS EN LA FILOSOFÍA

En un bar, dos hermanos que representan dos modos diversos de mirar el mundo, se reúnen para plantear la pregunta detrás de toda pregunta. ¿Tiene sentido la vida? ¿Existe Dios? De la respuesta que se den a estas preguntas, toda respuesta y toda vida darán un giro, y tomarán direcciones muy distintas.

Pocos autores han sabido diagnosticar la enfermedad de su propio tiempo como lo hizo Friedrich Nietzsche. En este clásico fragmento de La gaya ciencia, el filósofo alemán saca las consecuencias ontológicas, antropológicas y éticas de la muerte de Dios, ante la mirada perpleja de una Europa inconsciente de su brutal hazaña.

En este breve texto, Vattimo se pregunta las causas del retorno de la religión, entendida esta en sentido amplio, dentro de la cultura occidental. Este emerger, aún por concretarse, responde a la configuración social y política de los últimos tiempos, pero no solo. Tampoco se reduce al fin “fisiológico” de una cultura que, cercana a su muerte se pregunta por el más allá. ¿Qué hay detrás del retorno de la fe y la religión?

Una síntesis de la vía del conocimiento de la existencia de Dios a través de la conciencia, desarrollado por el Cardenal John Henry Newman, y recogido por Robert Cheaib, para la revista Zenit.

En este fragmento se muestra la célebre prueba lógico-matemática de Kurt Gödel, que se apoya intuitivamente en el argumento ontológico de San Anselmo.

En este fragmento de su libro, Charles Moeller explica los motivos del ateísmo existencialista de Sartre. Motivos que, en palabras del autor son argumentalmente muy simples, y giran en torno a una visión artesanal de la figura de Dios Creador.

Pío Moa lo deja claro en este pequeño artículo: la polémica de la existencia de Dios se basa en presupuestos que pueden o no aceptarse. Se trata de un argumento tan indemostrable como su contrario. Sin embargo aprovecha para echar por tierra las pretensiones intelectualistas de los ateos, cuyos postulados -concluye el historiador- no le inspiran confianza.

El argumento de Peter Singer siempre es el mismo: la incompatibilidad de un Dios bueno y un mundo malo. Para él el argumento de la necesidad de la libertad humana no es válido, como tampoco es válida la tesis del pecado original, ya que, para él, una culpa heredada es injusta. En este artículo, publicado en El País, se sintetiza la postura de este autor tan polémico.

En esta obra de carácter divulgativo, Thomas Woods Jr., intenta mostrar la influencia determinante de la Iglesia Católica en la forja de la cultura occidental de la que somos herederos. Este fragmento es parte de un capítulo sobre la fundación de las universidades. En él el autor pone como ejemplo del método escolar de la época la demostración de la existencia de Dios de Santo Tomás de Aquino por medio de las famosas “Cinco Vías”.

En el libro IV de «Las Crónicas de Narnia», dos niños, Scrubb y Jill, reciben la misión de rescatar al príncipe heredero de Narnia, Rilian, que ha sido secuestrado por una bruja y encerrado en sus dominios subterráneos. Allí, atado a una silla de plata y sometido a los hechizos de la bruja, el príncipe parece olvidar la existencia del mundo exterior. Los niños, con la ayuda del intrépido Bajo tierra luchan contra los argumentos de la bruja: si tengo que escoger entre un mundo con Dios y uno sin Dios, escojo el mundo con Dios. Porque aunque pueda ser más improbable, es mucho más hermoso.

Richard Dawkins es internacionalmente conocido por su propuesta de un “humanismo ateo”. No se trata de defender la validez del ateísmo: Dawkins da un paso más allá y argumenta que el hombre del s. XXI realmente feliz, culto y socialmente responsable debe ser ateo. Dios es una rémora que degrada a la persona humana y reduce sus capacidades. En este fragmento Dawkins hace un esfuerzo -insultantemente desinformado- por desmontar las demostraciones tradicionales de la existencia de Dios.

En este famoso pasaje de Ortodoxia, Chesterton presenta las insuficiencias de una visión materialista y determinista del mundo y de la vida, con el optimismo y la alegre ironía que le caracterizan. La tesis es muy clara: el materialismo limita mucho más la mente que las doctrinas espiritualistas.

Este es un pequeño fragmento de la obra magna de uno de los mayores historiadores de la filosofía se expone de forma clara y concisa el argumento ontológico de la existencia de Dios, de San Anselmo, y la respuesta de Gaunilón.

En este extracto de la encíclica Gaudete et exultate el Papa Francisco ofrece algunas notas de la santidad en el mundo actual. Están escritas para manifestar el amor a Dios y al prójimo, dados los riesgos de la cultura actual como la ansiedad nerviosa, la negatividad de la tristeza, la acedia cómoda, el individualismo y las falsas espiritualidades.

CAFÉS NEWMAN SOBRE LA CUESTIÓN DE DIOS

Gonzalo Barriga es director de Alumni UFV y profesor  de la Universidad Francisco de Vitoria.

Ricardo Franco dirige la sección de religión de el periódico digital El Debate.

Juan Serrano es director académico de la ELU y Becas Europa y profesor de humanidades la Universidad Francisco de Vitoria.

CITAS

Dos cosas aprendí de mi sed: que se parece mucho al dolor y que no se separaría de mí
– mi semejante, mi sombra, mi perro –
Ni por toda el agua del mundo.

Alfonso Brezmes, Dos cosas

La vida es injusta, y quien vive en Disneylandia y cree lo contrario tiene muchas más papeletas para ser infeliz que quien menos espera de la vida. Otro irredento pesimista, Arthur Schopenhauer, tenía, a propósito de la tan traída y llevada búsqueda de la felicidad una curiosa teoría: “Existe un error innato en la creencia de que hemos nacido para ser felices”, escribió él. “A quien persevere en idea tan absurda, el mundo le parecerá siempre injusto y lleno de contradicciones. Mucho puede ganarse en cambio, si a los jóvenes se les ayuda a erradicar la idea de que el mundo tiene todo para ofrecerles.”

Vivimos en un mundo en el que, para animarnos, se nos dice siempre que la vida es maravillosa, extraordinaria, sublime.

Carmen Posadas, Pesimistas 2.0. Periódico ABC 18-12-2017

El problema es que los deseos son como los espejismos, se desvanecen en cuanto uno los alcanza. Y es ahí precisamente donde esta cualidad humana tan útil y tan importante para la felicidad de las personas ha mutado, o peor aún, ha perdido toda su eficacia y encanto. Hoy en día nos hemos convertido en yonquis de los deseos.

Ya no se desea una cosa, sino que los deseos son infinitos. (…) Otro tanto ocurre con la felicidad. Ahora resulta que todo el mundo tiene la obligación, el mandato perentorio de ser feliz. Sin embargo, lo que no nos cuentan esos tontos libros de autoayuda que tanto repiten que uno puede lograr todo lo que se proponga, es que la felicidad también es un espejismo, siempre está un poco más allá.

Carmen Posadas, Deseo. XL Semanal 23-03-2020

Todos los hombres tienen un cáncer que les roe […]: su insatisfacción; el punto de choque entre su ser real, esquelético y la infinita complejidad de la vida. Y todos, antes o después, se dan cuenta.

Cesare Pavese, El oficio de vivir.

Qué grande es el pensamiento de que verdaderamente nada se nos debe. ¿Alguien nos ha prometido nunca nada? Y, entonces, ¿por qué lo esperamos?

Cesare Pavese, El oficio de vivir.

«Cualquier cosa que digas o hagas
Tiene un grito dentro:
¡No es por esto, no es por esto!

Y así todo envía
A una secreta pregunta
El acto es un pretexto (…)

En la inminencia de Dios
La vida se abalanza Sobre las reservas caducas
Mientras cada uno se aferra A su bien que le grita: ¡adiós!»

C.Rebora. Sacos de tierra en los ojos. 

«Había sabido tocar en el corazón de su amigo las cuerdas más profundas y provocar en él la primera sensación, indefinida aún, de aquella eterna y santa tristeza que algunas almas elegidas, una vez saboreada y conocida, nunca cambian por una satisfacción barata (hay también ciertos amantes que valoran más esta tristeza que la satisfacción más radical, admitiendo que sea posible semejante satisfacción)»

F. Dostoievski, Los demonios

“A veces, si te miro tan silenciosa, encima del desierto llano, que allá, en el horizonte lejano, cierra el cielo; o bien, con mi rebaño, seguirme poco a poco; o cuando veo arder allá en el cielo las estrellas, pensativo me digo: “¿Para qué tantas estrellas? ¿Qué hace el aire infinito, la profunda serenidad sin fin? ¿Qué significa esta inmensa soledad? ¿Y yo qué soy?”.

Giacomo Leopardi, El pastor errante del Asia

“El no poder estar satisfecho de ninguna cosa terrena, ni, por así decirlo, de la tierra entera; el considerar la incalculable amplitud del espacio, el número y la mole maravillosa de los mundos, y encontrar que todo es poco y pequeño para la capacidad del propio ánimo; imaginarse el número de mundos infinitos, y sentir que nuestro ánimo y nuestro deseo son aun mayores que el mismo universo, y siempre acusar a las cosas de su insuficiencia y de su nulidad.”

Giacomo Leopardi, Zibaldone.

 

[…]
Deseos infinitos y visiones soberbias
crea en el pensamiento errante por natural virtud, docta armonía;
que hace errar por un mar delicioso, arcano
el espíritu humano, casi como por divertirse ardito nadador por el océano; mas si un discorde acento hiere el oído, en nada se vuelve aquel paraíso en un momento.Naturaleza humana, ¿cómo si tan frágil y vil en todo, si polvo y sombra eres, tan alto sientes?
Si noble aún
¿por qué tus movimientos y pensamientos
más dignos
son tan frágiles
que de tan bajos orígenes despierten y se apaguen?

Giacomo Leopardi, Cantos.

¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego al levantarse, y, a su beso de lumbre, brillar las olas y encenderse el aire
¡Qué hermoso es tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume aspirar hasta saciarse!
Qué hermoso cuando hay sueño, dormir bien y roncar como un sochantre y comer. y engordar, y qué desgracia que esto sólo no baste! 

Gustavo Adolfo Bécquer, Rima LXVII

«¿Cómo se puede vivir sordo a las postreras, dramáticas preguntas? ¿De dónde viene el mundo, a dónde va? ¿Cuál es la potencia definitiva del cosmos? ¿Cuál es el sentido esencial de la vida?

No podemos alentar confinados en una zona de temas intermedios, secundarios. Necesitamos una perspectiva íntegra. (…) Y no es pretexto bastante para esa insensibilidad hacia las últimas cuestiones declarar que no se ha hallado manera de resolverlas.

¡Razón de más para sentir en la raíz de nuestro ser su presión y su herida! ¿A quién le ha quitado nunca el hambre saber que no podrá comer?».

José Ortega y Gasset – ¿Qué es la filosofía? 

“Desesperado, entro en la Fnac a la caza de un libro que me salve la vida. Arrastro la desesperación desde la Casa del Libro y sigo con ella hasta La Central, la nueva tienda de los alrededores de Callao. Un libro que me salve la vida, pero del que no me haya hablado nadie todavía, que no haya salido en los periódicos. Que no se encuentre entre los diez mejores del año, quizá ni siquiera se haya publicado, aunque misteriosamente esté ahí, para mí, y nos reconozcamos al instante.

Con la desesperación intacta, abandono la zona y bajo al metro donde una pareja de adolescentes, junto a la máquina expendedora de billetes, se salvan la vida el uno al otro a cuchilladas, si sus lenguas fueran dos cuchillos.Eso es salvarse la vida con desesperación, me digo, mientras la máquina me da un sablazo. Ya en el tren, una mujer ecuatoriana observa con desasosiego la pantalla del móvil a la espera de una llamada, de un mensaje, de un WhatsApp que le salve la vida. Y estos que ahora entran a tocar la guitarra están pidiéndonos en realidad que les salvemos la vida. Arriba la gente hace cola frente a los establecimientos de Apuestas y Loterías del Estado para adquirir un décimo, otro, ahora el del Niño, que les salve la vida. Sálveme la vida, suplican a la lotera, pobre, que despacha la suerte ella misma con el agua al cuello, sin atreverse a gritar socorro por si el socorro estuviera contemplado en la Reforma Laboral como causa objetiva de despido.

Hasta los maniquíes de los escaparates, asmáticos perdidos, te piden con desesperación que les salve la vida. Me salve usted la vida, por favor, gritan disimulando el ventolín. Llevamos aquí desde las siete de la mañana o de la noche, desde la siete, insiste, y no me salva nadie de esta jodida ciudad de un millón de muertos, que decía el poeta».

Juan José Millás, Asfixia. El País 27-12-2012

La esperanza abre los ojos de cada persona cada mañana, como los comerciantes la persiana de su negocio. Todos los días abrimos los ojos porque esperamos algo. Porque en el fondo creemos que algo va a llegar siempre.

Jesús Montiel, Lo que no se ve

«Hay días en los que levantarso de la cama suelo terminar siendo más que un acto rutinario un gesto épico. Y no me refiero ahora a las resacas ni a que caigan chuzos de punta ahí fuera ni a que hayas roto con ella.Me refiero a cuando te quieren y hace sol y no te duele nada, a cuando tienes el mundo rendido a tus pies y no te basta».

Karmelo C. Iribarren, Mientras me alojo.

La herida se ha cerrado definitivamente. Ya no te duele. ¿Qué te pasa, no era eso lo que querías?

Karmelo C. Iribarren, Aforismos

Y cómo puede ser, me digo, viendo pasar la vida hacia la playa, que, pese a las devastaciones inclementes que el tiempo nos inflige, no se amortigüe un ápice siquiera, no nos dé tregua un segundo, este incesante soñar con lo imposible.

Karmelo Iribarren, Verano cruel

“Vagaba por una ciudad inmensa, ajena, cantando a gritos una canción de Héroes del Silencio – “tanto vagar para no conservar nunca nada”- frenética y cardinalmente triste. En las noches, en las discos y los bares, mientras anotaba números de teléfono en mi camiseta, sudada de tanto bailar, pensaba, una y otra vez, ¿todo esto para qué?

El mundo era un lugar repleto de cosas que anhelaba con ferocidad, y todas estaban demasiado lejos, eran demasiado inalcanzables”.

Leila Guerreiro, El tiempo, El País 27-12-2017

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“Corazón de pluma, para qué pierdes el tiempo”, decía la canción. “De andar y andar buscando verdades para encontrar siempre otra pregunta”. Y yo me preguntaba: “¿Qué es eso, que conozco tanto?”.

Leila Guerriero, Equivocada. El País 1/07/2014

 

«¿Les pasa que, a veces, aunque todo esté bien, y el gato esté bien, y los padres estén bien, y los hermanos estén bien, y los primos y los tíos estén bien, y los hijos estén bien, y el trabajo esté bien, y los árboles del patio estén bien, y el jardín esté bien, y las macetas estén bien, y la comida esté bien y las ganas de cocinar estén bien, y los libros estén bien, y los poemas estén bien, y el sol que entra por las ventanas esté bien, y las plantas del balcón estén bien, y los pisos estén bien, y los amigos estén bien, y los bares estén bien, y el vino esté bien, y las calles y las cosas que hay en las calles estén bien, y los vecinos estén bien, y el barrio esté bien, y el clima esté bien y el auto recién lavado esté bien, y los recuerdos estén bien, y el cuerpo esté bien, y los óvulos y el esperma y el hígado y las glándulas y los isquiones y los fémures estén bien, y las canciones estén bien, y los viajes estén bien, y las paredes estén bien, y los cuadros estén bien, y las hornallas estén bien, y las ventanas estén bien, y el agua esté bien, y el pasado que nunca termina de pasar esté bien, y los pies estén bien, y las manos estén bien, y los ojos estén bien, y las sábanas estén bien, y el pan esté bien, y el desayuno esté bien, y la cena esté bien, y el amor y el dolor estén bien, y el perro esté bien, y todo esté bien, no les pasa que a veces descubren que tienen el corazón como un pedazo de carne atravesado por un anzuelo, la garganta llena de piedras, la vida pegajosa como lana húmeda, y se encuentran sin nada que querer, ni que decir, ni que esperar. sin nada? A mí me pasó. El otro día. Era jueves. Eran las cinco de la tarde».


Leila Guerriero ¿Les pasa? El País 

La promesa está en el origen, procede del origen mismo de nuestra hechura. Quien ha hecho al hombre lo ha hecho promesa. El hombre espera estructuralmente, es mendigo por estructura; la vida es estructuralmente promesa. Tuve cada vez más a menudo -me es penoso confesarlo- el deseo de ser amado. Un poco de reflexión me convencía cada vez de que este sueño era absurdo. Pero la reflexión era inútil, el deseo persistía; y debo confesar que persiste hasta la fecha.

Michel Houllebecq, Enemigos públicos.

«Nostalgia. Nostalgia, nostalgia. Pobrecilla la nostalgia. Nadie la comprende. (.) Y así, tan olvidada, y al mismo tiempo, tan manoseada, casi nadie se pregunta por qué está y por qué existe. (…) Y la pobre se queda ahí, muda, censurada, acallada, sin saber dónde posarse ni tener siquiera quien advierta que ella es síntoma, signo, melodía de una llamada a la que raras veces responde el corazón.
Pero ¿por qué? ¿Por qué nos quema en el alma? ¿Por qué existirá esa nostalgia? Existe. Y eso ya es un dato. Respetemos nuestra humanidad. Es nuestra alma».

Ricardo Franco, Nostalgia, El Debate (24/03/2022)

Como vivo en un barrio céntrico de Madrid, pude percibir, desde mi casa, el chupinazo de la salida del estado de alarma, el fragor de maremoto de la muchedumbre por las calles y su hambre insaciable de felicidad. Tantas ansias de quemar la noche, de poseer la vida.

Me pregunto, eso sí, cuántos se fueron contentos a la cama esa madrugada, solos o acompañados. Cuántos se sintieron decepcionados, rehenes como eran de sus expectativas. Cuántos volvieron a caer en la consabida insatisfacción del ser humano y en esa fastidiosa incapacidad que parece que tenemos para vivir lo cierto, lo tangible, la simple realidad.

Así que por ahora aquí estoy, como casi todos, postergando inconscientemente la felicidad a un tiempo que siempre queda a desmano, un poco más lejos. Seré feliz cuando tenga pareja, seré feliz cuando pueda conseguir más independencia de mi pareja; seré feliz cuando tenga hijos, seré feliz cuando mis hijos crezcan y recupere mi vida; cuando tenga menos trabajo.

Malgastamos de manera estúpida nuestros días posponiendo la conciencia plena de vivir a otro momento, como si el presente solo fuera una estación de paso, una etapa tediosa en nuestro agitado camino hacia no sé donde.

Rosa montero, Hoy, aquí y ahora. El País.

 

“Por eso, por esa enloquecedora falta de fiabilidad de los deseos, por su infinita capacidad para herirnos de una manera u otra, es por lo que algunas religiones y filosofías orientales preconizan su rechazo. No desear y así no sufrir.
Pero los occidentales pensamos que el deseo es el motor de la vida, y que la paz que puedes alcanzar al prescindir de él se parece demasiado a la tranquilidad de un cementerio. Tal vez el quid de la cuestión consista en desear dentro de nuestro horizonte. Desear lo que podemos razonablemente obtener, lo que podemos abarcar. Disfrutar del hoy y del aquí, de los pequeños gozos, como la piscina a los 13 años. O sea, conseguir esa especie de tautología emocional que consiste en aprender a desear lo que uno tiene».

Rosa Montero, Querido y odiado cuerpo. El País, 4-08-2013

«Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres de mi alma en el más profundo centro»

San Juan de la Cruz, Llama de amor viva, Cantar de los cantares

«¡Ay! ¿Cómo colmar este abismo de la vida? ¿Qué puedo hacer? El deseo está siempre presente, más fuerte, más angustioso que nunca. Es como un incendio marino que con su llama llega a alcanzar lo más negro y profundo de la nada universal. ¡Es un deseo de abrazar las infinitas posibilidades!¡Ay señores! ¿Qué es lo que hacemos aquí? ¿Qué es lo que podemos ganar?»

Oscar Millosz, Miguel Mañara

«La máxima preocupación de los prisioneros se resumía en una pregunta ¿Sobreviviremos al campo? De lo contrario, todos estos sufrimientos carecerían de sentido.

La pregunta que, a mí, personalmente, me angustiaba era otra cosa:

¿Tiene algún sentido todo este sufrimiento?, ¿todas estas muertes? Si carecen de sentido, entonces tampoco lo tiene sobrevivir al internamiento.

Una vida cuyo último y único sentido consistiera en superarla o sucumbir, una vida, por tanto, cuyo sentido dependiera, en última instancia de la casualidad no merecería en absoluto la pena de ser vivida.

El hombre en busca del sentido – Viktor Frankl