El momento Pirandello

Ignacio Álvarez O' Dogherty

Metor de la Escuela de Liderazgo Universitario UFV

Tras un rato de trabajo, agotado al caer la tarde en nuestra universidad, me paseaba con mirada distraída por uno de los despachos. Palpando con la vista, mi mirada perdida reparó con más detenimiento del habitual en la mesa de uno de los compañeros. Me daba cuenta de la disposición de su escritorio. Junto a la pantalla, con el clásico vaso de oficina abigarrado de bolígrafos había unos cuantos libros, algunas figuritas y otra serie de imágenes familiares. Todo ordenado meticulosamente, dando al conjunto una estética elocuente, tanto que me hizo pensar lo bien que encajaría en una película de Wes Anderson. 

Confieso que me dije: “¡Menudo personaje!”. Empecé a reírme para mis adentros. Me hacía mucha gracia lo auténtico de la expresión y ya me estaba empezando a recrear. No obstante, con un poco de rubor, enseguida caí en la cuenta de algo. Pensé en el ojo que estaría observando el mío, en la persona que podría reparar también en mí mismo, que me identificaría como un “personaje” viendo mi propio escritorio ¿Qué vería? ¿Qué pensaría? ¿Qué estaría diciendo de mí el conjunto ordenado o desordenado que encontrara en mi mesa? Yo mismo también actúo, “performo”, de una manera ante los demás Cuido una estética o manifiesto una que me interpreta, aunque no esté pendiente de ello. Entonces aparece la pregunta inevitable. ¿Qué clase de personaje soy yo?   

Nuestros ojos ven muchas cosas hoy en día. Las redes sociales hace tiempo que nos convirtieron a todos en stalkers. Lo sabemos y parece que nos gusta. Queremos mirar con detenimiento el jardín del vecino y cada uno de nosotros mostramos un trocito del nuestro. ¿Quién no se ha detenido un poco alguna vez? Posteamos imágenes de perfil o narramos algo destacado de nuestro día en forma de storys. Queremos ser stalkeados, queremos mostrar una vida ante los demás. Como si necesitáramos que nuestro entorno vea nuestras peripecias y las de nuestros amigos. Somos todos unos “personajes”, mostrando esa trama de nuestra vida a otro observador que nos mira.  
 
Hay algo enigmático en ese compartir, en ese deseo de querer mostrarnos y comunicarnos de manera tan significativa. La idea de que alguien mirará mejor, que un tercero entenderá de verdad aquello que nos pasa, que captará el sentido la escena que representamos o al que necesitamos para poder seguir adelante con el acto.  

 

El exhibicionismo, discreto o sonado, banal o estilizado, que hacemos de nosotros mismos esconde así una intención extraordinaria.  

Yo ya llamo a ese impulso un momento Pirandello. Hace más de un siglo, el dramaturgo italiano Luigi Pirandello escribió una obra única llamada Seis personajes en busca de autor. En ella varios personajes aparecen en mitad del ensayo de una obra de teatro. Afirman que son personajes de verdad pero que están sin acabar, porque su autor o director se ha desentendido de ellos. Los actores se lo toman a risa pero poco a poco la broma va cediendo al drama de verdad que tienen que representar.  “El drama está en nosotros, somos nosotros y estamos impacientes de representarlo”, le dicen uno de los personajes al director. “¡Mi pasión, ay, si usted supiera, señor! Mi pasión…”. le dice otro.  Así comienza todo.  
 
Ese momento de subida de selfie, de story, o de composición estética de un escritorio habla de nosotros mismos. Es nuestro propio momento Pirandello. La necesidad misma de subir ese contenido habla de nuestro ser personajes. Seres performativos, dramáticos como somos, cada uno con sus circunstancias, se me hace evidente que queremos ser parte en esta gran obra. Queremos ser historia. Historia de otro o historia con otros.  

Con tan solo esa misteriosa mirada, dejaríamos de andar buscando. Bastaría esa mirada, para empezar a andar volando. Que bien podemos despertar, cuando el vivir solo es soñar.  

 
 

¿TE HA GUSTADO? COMPÁRTELO: