Verano es… gratuidad

María Serrano

El eterno dilema del hombre es el tiempo. Qué hacer con él, cómo sacarle el máximo partido, cómo aprender también a perderlo, cuál es su sentido. Porque cuando uno entiende la finitud de las cosas y de la propia vida es cuando conoce su significado. El verano, para los más afortunados, suele coincidir con las vacaciones. Así que verano es calor del que adormece y enfurece en Madrid en las idas y venidas a la redacción y suelta la risa en las terrazas de La Latina, pero también es un descanso cargado de sentido en Galicia, donde el tiempo se vuelve plástico y se estira hasta hacer prácticamente inútil el reloj. Sigue leyendo Verano es… gratuidad

Verano es… una mirada nueva

Isabel Montejo

El curso se convierte en un timbal de reuniones, clases atropelladas, carreras de entregas, compromisos forzados, conversaciones apuradas, también bucean gestos que te empujan o tal vez tropiezos inesperados,  y en medio de este ajetreado horario se nos olvida todo lo que se nos está dando y vivimos en el mundo al revés, en donde la exigencia es el primer recurso de la supervivencia y el agradecimiento se tambalea hacia un estado crítico. El siguiente proyecto está delante: el verano.

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Verano es… tiempo de libertad

Carla Vilallonga

Pienso en el verano y lo primero que me viene a la mente es un recuerdo de cuando era adolescente: yo esperando que viniera un autobús en la salida de la urbanización de mi amiga Julia. Estaba sola, hacía un calor asfixiante y se acercaba el final de curso. Recuerdo que sentí vértigo. ¿De qué estarían hechos los días y las noches de ese verano? ¿En qué emplearía todo ese tiempo libre? ¿Encontraría algo que pudiera llenar ese vacío que empezaba a invadirme por dentro?

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Verano es… mi labrador color canela

Pablo Valentín-Gamazo

Verano es un deseo cumplido de quietud, es la reparación de las magulladuras del cuerpo y la mente. En cierto sentido, es lejanía, abstracción, tiempo de soledad reparadora y creadora, de compañía de otros y de uno mismo, de desmaquinizarse. La sobreexposición emocional, física e intelectual que pesa en los zapatos, en los atascos matinales y vespertinos, en las reuniones, cede a la quietud. Mi labrador color canela lo siente, lo vive conmigo y me acompaña. Su rutina también cambia. Se tumba, a ratos sestea, pero siempre alerta al movimiento de mi silla y el tintineo de su correa.

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