Es una noche intensa de hospital. Tú duermes, mientras yo velo. Te quiero mirada tras mirada, silencio tras silencio. Hoy rezo de otra forma: no pido, agradezco. Gracias por entregar la vida, gracias por regalarla a espuertas.
Te escucho respirar. Y prende la memoria. Memoria que visita por dentro estampas de familia. Y tú, en el centro: fabricando la luz, fabricando el cariño que teje nuestras vidas.
Nos une una pobreza honda. Pobreza de no poder decirnos; de no saber qué sientes en los pliegues del alma. No puedes darme nada, porque lo has dado todo.
Es una noche intensa de hospital. Y regreso al poema que te escribí hace años*, pensando precisamente en este día:
Esperaré a la noche
para contarte cosas que ya sabes.
Te cubriré la frente con mi mano
con cuánta lentitud, con qué misterio.
Hablaremos de fechas
extrañas para el mundo.
Y te sorprenderás.
¿Cómo entender la luz de dos hogueras,
la intimidad del fuego?
(*) Un secreto temblor. Pre-Textos, 2011. Premio de Poesía Arcipreste de Hita

