San Ireneo, un modelo para nuestro tiempo

La jornada celebrada el pasado 2 de noviembre de 2022 bajo el título San Ireneo de Lyon. Doctor de la unidad, un modelo para nuestro tiempo ha tratado de subrayar la figura del padre y doctor de la Iglesia, San Ireneo, como uno de los principales impulsores de la fe cristiana desde los apóstoles, así como insigne defensor de la unidad de la Iglesia contra las herejías posteriores.  

El Instituto John Henry Newman de la Universidad Francisco de Vitoria, junto con la Fundación Orientalia, dedicada al estudio de la fe cristiana en sus relaciones con Oriente, han promovido y organizado este encuentro que ha contado con la participación del arzobispo emérito de Lyon, el cardenal Ph. Barbarin, el catedrático de Patrología, Juan José Ayán, junto a los expertos de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, Patricio de Navascués y Andrés Sáez, el profesor del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, Óscar Missas L.C. y la Madre Verónica María, superiora general del Instituto Iesu Communio.

Vuelve a ver las conferencias

Una aproximación a la vida y obra de San Ireneo

La jornada comenzó con una conferencia sobre la vida y obra de San Ireneo a cargo del catedrático de Teología Medieval, Salvador Antuñano. Tras destacar la influencia histórica del Obispo de Lyon en el siglo II que puso contra las cuerdas la corriente gnóstica del momento, los profesores Navascués y Sáez abrieron un coloquio bajo el título: “Preguntas actuales para un autor de siempre”, presentando las condiciones de cómo la Creación remite al Creador y las disposiciones del hombre para descubrir lo que el Creador le ha puesto delante. 

Siendo así que el gnosticismo aboga por un conocimiento espiritualista por encima de la enseñanza de la Iglesia, Ireneo enseña al Dios trinitario creador del mundo presente de modo progresivo y contempla la creación a partir del crucificado donde todo se ilumina. “Mientras que el estudiante de la época de Ireneo se burlaba de la Cruz, el cristiano de hoy tiene un nuevo canon de belleza, lleva cruces como obras de arte al descubrir en el hecho ignominioso lo que salva el mundo: el amor de Dios”, reflexionó P. de Navascués. Ireneo también enseña que el hombre ha de escuchar y acoger el don de la obra de arte que es la Creación, no en una escucha pasiva, sino en relación con el Creador. “El sufrimiento no forma parte del primer designio de Dios, sin embargo, lo ha asumido para curarlo y ha vencido el mal de que el hombre quedara arruinado en su destino”, reflexionó A. Sáez.  

 

Cuatro perspectivas sobre San Ireneo 

La inagotable fecundidad de la fe, el concepto “Vida”, los motivos del “Adversus haereses” y la renovación de la lectura de la Palabra fueron los cuatro ejes que vertebraron el resto de las exposiciones de la tarde.  

En primer lugar, en su ponencia titulada «San Ireneo: la inagotable fecundidad de la fe», la Madre Verónica María realizó una profunda confesión sobre su conversión y transmitió el aprendizaje de las batallas personales con las que pretendía asegurarse la fe. Reveló que fue San Ireneo quien la introdujo en el verdadero conocimiento de Cristo: que no dependía tanto de sus propias fuerzas, sino del Espíritu de Dios que da vida. 

Después, el Padre Óscar Missas en su ponencia «Reflexiones en torno al concepto ‘Vida’, según San Ireneo de Lyon» destacó que el fenómeno de la vida ha apasionado a todos los pensadores desde la antigüedad, junto a la percepción de los diferentes tipos de seres vivos. Ireneo abordó el principio vital desde el cristianismo, distinguiendo el hálito de vida del Génesis del espíritu vivificante que perfila al hombre de un modo nuevo, espiritual. “Una nueva Vida que empieza en el Bautismo y culmina en la resurrección de la carne y la consumación de los tiempos”, expresó. Por tanto, en el proceso de plasmación de la Vida el Verbo dio forma visible al hombre para reflejar su forma invisible y el Espíritu hizo que la potencia divina dinamizara el barro, siendo así que el hálito de vida permitiera acoger la Vida con mayúscula. En Ireneo, pues, no hay contradicción entre carne y espíritu, ya que la carne ha sido creada para vivir. 

En tercer lugar, el catedrático Juan José Ayán, dedicado al estudio de los Padres de la Iglesia, remarcó en su ponencia «Los motivos de Adversus Haereses» que Ireneo es una figura cuyo pensamiento no aparece como fruto de una improvisación, sino que su fe eclesial estuvo motivada por dos razones. En primer lugar, porque ante la tergiversación de doctrinas sectarias sobre las Escrituras se le pidió que escribiera los principales motivos de refutación. En segundo lugar, fue un pensamiento madurado a los pies de Policarpo que se fija en unos destinatarios más numerosos, era un servicio urgente a la Iglesia. “Se sentía apremiado por las comunidades cristianas porque el conocimiento de la verdad no puede prescindir del don supremo del amor”, consideró. Así, una inteligencia sencilla amante de la verdad conseguirá un conocimiento fácil de Dios mediante un continuo estudio precedido por el amor. Su pastoreo episcopal le llevó a administrar la Palabra y a identificar a los lobos ocultos con piel de oveja. Quería la santidad de los creyentes imitando el modelo de Cristo. 

Y, por último, el arzobispo emérito de Lyon, Card. Philippe Barbarin, responsable del nombramiento de San Ireneo como Doctor de la Iglesia, cerró la jornada explicando en su ponencia «Renovar la lectura de la Palabra de Dios desde San Ireneo» la historia desde el primer encuentro con un grupo de teólogos que hablaban a favor de su título por la unidad de la Iglesia. Benedicto XVI confirmó la propuesta y el Papa Francisco le pidió escribir al dicasterio para la causa de los santos, aunque sin mucho eco. Aun así, veía cómo su tumba atraía la presencia de las distintas confesiones religiosas e insistió en hacerlo doctor de la unidad hasta que el Papa le otorgó a comienzos de año dicha mención específica. “Demostró la armonía entre los dos Testamentos y comentaba con libertad la Escritura que era vida en su interior formulando un primer Credo. El camino del hombre pasa por descubrir la belleza de su cuerpo, su misión y el misterio de su vida espiritual única e irrepetible”, concluyó. 

El acto ha terminado con el rezo de la Liturgia de la hora de Vísperas, dirigido y presidido por el propio Cardenal Barbarin.