¿Quieres?

Belén Martín

Mentora del Instituto de Acompañamiento de la UFV

Hace unos días tuve un desayuno con un antiguo compañero y amigo, fue muy transformador. Necesitaba yo tiempo para que me contara una experiencia límite por la que él había pasado de enfermedad repentina, empeoramiento rápido, y mirada a los ojos a la muerte que esperaba al otro lado de los niveles vitales, cada vez más bajos, registrados en los monitores de la UCI.

En todo su relato había serenidad, madurez, conciencia plena de saberse en manos de Alguien más grande y poderoso que él, a quien pertenecía. ¿Dolor, incomodidad, padecimiento? Mucho. Y también paz, como mar de fondo. Conectaba el relato del presente casi terminal, con su infancia. Al mirar atrás, mi amigo iba descubriendo el sentido de muchas cosas que se habían quedado como suspendidas en su historia y sólo ahora quedaban atadas, seguras.

Ambos pasábamos silenciosamente el kleenex por los ojos, porque reaccionábamos con lágrimas serenas y sinceras a lo que se iba colando en el corazón, emociones fuertes sobre el valor de la vida, sobre la lógica —si es que la tiene— de la muerte, sobre las personas que amamos y su presencia incondicional, sobre nuestra actitud ante lo imprevisto, sobre apropiarnos de la vida o acogerla ¡¡ahí estaba una de las claves!!

Por eso, como las hierbas que comienzan a brotar de nuevo en esta primavera tan deseada, apareció, primero pequeña y después con más consistencia, la pregunta que trufaba su relato: «¿quieres?«. Mi amigo me contaba que tenía clara esta invitación, que no nacía de él pero que escuchaba en su interior, como una llamada que le pedía permiso para «querer» sufrir ofreciendo su sufrimiento, para «querer» mirar la vida como un don que se dona, y también la muerte, pues es igualmente oportunidad si se sabe morir.

Escuchaba ese «¿quieres?» y tenía que responder. ¿Quieres abrirte a la posibilidad de encontrarte con Alguien que está en la enfermedad, en el sinsentido de una posible e inminente viuda de cuarenta años y tres niños pequeños y necesitados? ¿Quieres decirle «sí» a quien necesita tu inmovilidad y atadura a los cables de la UCI, porque cuando tú no haces nada Él lo hace todo? Y todo es todo, sólo si quieres.

Ese «¿quieres?» taladró mi alma. Hoy que tantos ponen el peso más en la herida que en la voluntad de vivirla, en la propia historia como si nada dependiera de uno, en hacer sólo «esto» —aun siendo el mal— como si no pudiera elegir hacer «esto otro»…, ese «¿quieres?» fue creciendo y moviendo mi atención a lo poderosa que es la libertad del hombre. No somos animales determinados por una naturaleza en la que no hay elección, sino que justamente la naturaleza humana revela que es necesario escuchar primero —pues es suave su voz— y responder después a esta gran pregunta: ¿quieres?

Cuando atinas en la respuesta, como hizo mi amigo, ¡qué liberación, qué serenidad y qué plenitud!

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