Y para finalizar…

A tan solo unos días de que pronunciemos 2022 para recordar a alguna persona, alguna circunstancia, esa realidad que se quedó atrapada ya para siempre en esa cifra.

Perdón por las veces que me consideré el centro del acontecimiento, el mesías de los demás, la altura última de las cosas. Pido perdón por los cadáveres que dejé si los he dejado en alguna conversación, en alguna mirada, en algún juicio.

Gracias por el aliento de cada día multiplicado por los que amo. Porque hoy no es siempre todavía pero a veces sí, y eso es un milagro. Doy las gracias porque cada hijo, cada alumno, nos hace experimentar que la vida no es perfecta pero sí santa y toda educación comienza en el reto. Gracias porque tengo compañeros de camino a los que recordar y que me recuerden que “para estos partidos nos hicimos futbolistas”, para las grandes tareas, esas que se hacen cada día en lo oscuro. Gracias por los cafés que a golpe de cotidianidad llenan la vida de excepción. Gracias por los que muestran sin palabras, con un coraje que es antorcha, que la vida está para darla. Gracias por los amigos, esa extraña compañía que sin la misma sangre se vuelve hermana. Gracias por dejarme vivir como criatura y no como dueña de la viña, por aprender a disfrutar también cuando las cosas no van bien, incluso cuando el alma está encogida. Gracias por dejarnos construir un templo para TI y por hacernos caer en la cuenta de lo que cuesta cada piedra. Gracias porque a pesar de los pesares jamás hemos dudado de que el Sentido de las cosas nos busca y que nuestro despiste nunca gana.

Pido, a unos días de poner 2023 en la esquina derecha de la tarea de cada día, que nuestros días se llenen de vida.

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