Teresa García de Santos, promotora de Punto de Encuentro.

Escribir no es difícil. No creo demasiado en los qué bien escribes. No. Mis posts no están bien escritos. Reparto signos de puntuación como si no hubiese un mañana, escribo un meditado adjetivo cada dos palabras, tengo una extraña pasión por cualquier adverbio terminado en mente y trazo tantos guiones — aclaraciones silenciosas — que parece una obra de teatro. Así que no. Yo no escribo bien. Pero eso no es lo que importa.

Mi escritura es diálogo y no monólogo. No escribo para mí. Y menos para agradar la vista. Yo escribo para ti. Para que quizá en algún momento te conmueva el corazón. Para que aquella verdad que ha hecho eco en mí, resuene también en ti. Por eso no importa si está bien escrito. No es la perfección la que conmueve sino la verdad. O la fragilidad. O la belleza. O el amor. Porque es verdad, escribo. Porque es verdad, te conmueves. Esta es la fuerza de la escritura. Pero, ¿de qué verdad hablo? De descubrir que hay alguien que merece tanto la pena como para dar la vida hasta el final. Que el sufrimiento salva y por ello hay que vivirlo desde la esperanza. Que en nuestras más oscuras heridas reside nuestra mayor belleza. Que nuestra historia se dirige a un Encuentro. Que nacemos con un deseo hiriente y desgarrador de ser amados infinitamente. Y lo que es apasionante: puede que haya una Respuesta. Que las personas no se merecen, sino que son regalo. Que es sobrecogedor lo tierna y concienzudamente que somos cuidados. Que sólo muere feliz el que vive desgastado.

Escribir no es difícil. Sólo requiere una mirada enamorada, una historia verdadera, una ferviente necesidad de contarla y una cuidada y paciente búsqueda de las palabras. Nada que no esté a tu alcance. Así que ya sabes. Muchos corazones — el mío entre ellos — están a la espera de ser conmovidos.

Este texto fue publicado originalmente en Medium y se reproduce aquí con el permiso de la autora.