De Ítaca a Nueva York

Eduardo Navarro

Director académico del Instituto Desarrollo y Persona de la UFV

El verano pasado fui al cine pude ir al cine con mis hijos para ver Spider-Man: Brand New Day y La Odisea. Ambas me gustaron, por motivos diferentes. La primera, porque recupera esencias de Marvel un tanto olvidadas en sus últimas entregas. Pero, sobre todo, porque me devuelve al mejor Peter Parker, “tu amigo y vecino”, en su cruzada contra el mal. Y la segunda (sin entrar en debates homéricos), porque renueva el interés por un relato que ha configurado Occidente. 

Al salir del cine tenemos la costumbre familiar de preguntarnos por lo que hemos visto. Nuestra cultura pone a Ulises como ejemplo de alguien que supera todo tipo de contratiempos. Y en el caso del trepamuros, lo vemos realizar acciones heroicas incluso cuando nadie, ni siquiera su novia o sus amigos, lo reconocen. Y eso nos llevó a preguntarnos: ¿por qué actúan así? ¿qué los mueve a seguir adelante a pesar de tantos sufrimientos? 

Pienso que la respuesta hay que buscarla en el interior del personaje. Además, resonaba en mí algo que hacía poco habíamos repasado con los alumnos al releer El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl y otra pequeña joya, su conferencia Asumir lo efímero de la existencia: que cuando uno se olvida de sí mismo y se entrega a una causa o a la persona amada, más humano se vuelve; y que cuando existe un porqué para vivir, se puede soportar casi cualquier cómo.  

Spider-Man hace lo correcto, aunque nadie sepa su identidad. En otra película, Tony Stark le preguntaba por lo que le hacía levantarse cada mañana. Y Peter, apenas un adolescente, respondía que quería cuidar al indefenso y que, cuando alguien tenía sus poderes y veía que a su alrededor pasaban cosas malas, si no actuaba de alguna manera se sentía responsable. Algo que en Brand New Day lleva hasta el extremo, hasta casi dar la vida por sus amigos.  

Las motivaciones de Ulises en su compleja personalidad también nos remiten a lo que hay de noble en su corazón. Su nostalgia por el hogar brota del deseo de volver a ver a Penélope, su esposa, y a Telémaco, su hijo. Anhela volver al hogar poque hay alguien que lo espera. 

Creo que este proyecto merece la pena. Asumir la responsabilidad de cuidar, por amor, a quienes conforman nuestra Ítaca particular y nos hacen elevarnos ante las contrariedades de la vida. 

 

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