a Sábana Santa de Turín no es un objeto biológicamente inerte, sino que se comporta como una verdadera «esponja genómica» que ha custodiado, a lo largo de los siglos, un registro invisible de su propio periplo histórico. Las investigaciones más punteras en este campo, destacando el estudio dirigido por el profesor Gianni Barcaccia de la Universidad de Padua y publicado en Scientific Reports (Nature), han permitido secuenciar el ADN presente en el polvo y las fibras del reverso de la tela. Este análisis de ADN genómico ha revelado una biodiversidad asombrosa que trasciende las fronteras geográficas, identificando linajes vegetales que abarcan desde el área mediterránea y el Cáucaso hasta regiones tan distantes como el este de Asia o el continente americano. Esta amalgama de rastros biológicos no debe interpretarse como una contradicción, sino como la prueba fehaciente de la «vida itinerante» del lienzo y de su constante exposición a la veneración pública, donde el contacto humano y ambiental ha ido depositando capas de información sobre el sustrato original.
La relevancia de estos hallazgos es doble. Por un lado, el ADN humano detectado muestra haplogrupos característicos de poblaciones de Oriente Próximo y el Cáucaso, lo que refuerza la tesis de un origen en la cuenca del Levante mediterráneo, coherente con el relato evangélico.
Por otro lado, la presencia de material genético de plantas americanas (como el maíz o el tomate) o de especies ornamentales asiáticas confirma que la tela ha estado sujeta a una intensa contaminación ambiental en siglos recientes.
Este fenómeno de acumulación orgánica es una pieza clave para el debate científico sobre la datación, ya que la enorme densidad de micropartículas, bacterias y hongos adheridos a las fibras —una «bio-película» generada por siglos de manipulación— proporciona una base sólida para cuestionar la fiabilidad de las muestras de Carbono 14 tomadas en 1988. En definitiva, el estudio del ADN nos presenta la Síndone no como una fotografía fija en el tiempo, sino como un documento vivo que ha absorbido la historia de las civilizaciones por las que ha transitado.


Por ejemplo, el Zygophyllum dumosum (imagen a la izquierda) es una planta endémica de Israel, Jordania y el Sinaí. En la Sábana se han identificado dos tipos de imágenes: una hoja y una flor de esta planta. El diseño distintivo de la hoja presenta características únicas que son visibles en el tejido, mientras que otras especies del género Zygophyllum no comparten esta morfología.