La Síndone presenta una representación médica precisa de una ejecución que coincide con las descripciones de los Evangelios. Varios médicos, entre ellos el Dr. Robert Bucklin, uno de los forenses que ha estudiado la Sábana, han analizado la impronta del Lienzo de Turín como si se tratara de un cadáver en la mesa de operaciones. Según sus características, los antropólogos sugieren que la persona representada podría ser de raza hebrea, un hallazgo que también respalda el estudio del grupo sanguíneo realizado por expertos.

Diversas investigaciones científicas recientes, realizadas mediante técnicas de alta resolución, han aportado nuevas evidencias biológicas sobre las fibras de la Sábana Santa, reforzando la coherencia entre los datos forenses y el relato evangélico de la Pasión.
En 2024, el profesor Giulio Fanti de la Universidad de Padua publicó en Archives of Hematology Case Reports and Reviews un análisis microscópico exhaustivo de las manchas de sangre de la Síndone. El estudio confirma la presencia de nanopartículas de creatinina unidas a ferritina, marcadores biológicos característicos de un organismo sometido a un politraumatismo severo como el que produce la tortura. Fanti analiza además las distintas fases de la Pasión desde el punto de vista patológico, concluyendo que los datos hematológicos son coherentes con las torturas descritas en los Evangelios.
Ese mismo año, investigadores del Instituto de Medicina Legal del Hospital Universitario de Düsseldorf (König, Heger et al.) publicaron en el International Journal of Legal Medicine dos estudios forenses complementarios: el primero sobre la formación de las manchas de sangre atribuidas a la corona de espinas, la herida de lanza y el cinturón de sangre; el segundo, centrado específicamente en las heridas de las manos y los antebrazos, correspondientes al clavado en la cruz. Ambos estudios, realizados mediante experimentación forense rigurosa e independiente, aportan explicaciones coherentes sobre cómo pudieron formarse esos patrones hemáticos en un lienzo que envolviera a un crucificado.
Por su parte, el equipo del Instituto de Cristalografía del CNR de Bari, liderado por Liberato De Caro, publicó en 2022 en la revista Heritage un estudio de datación mediante difracción de rayos X de amplio ángulo (WAXS) aplicado a una fibra de lino de la Síndone. Los perfiles obtenidos son compatibles con muestras de lino datadas en el siglo I d.C., concretamente con tejidos procedentes del asedio de Masada (55-74 d.C.), en contradicción con la datación radiocarbónica de 1988 que situaba la tela en la Edad Media.
El conjunto de estos estudios arroja resultados incompatibles con una pintura o falsificación medieval, y apunta de forma convergente a la presencia en el tejido de suero sanguíneo patológico propio de quien ha sido sometido a torturas extremas.
A continuación, enumeramos a modo de síntesis las características del análisis realizado:
A continuación, enumeramos a modo de síntesis las características del análisis realizado:
En el relato de la Pascua de Resurrección según el Evangelista Juan, no se menciona la Síndone como tal, sino que se hace referencia a «lienzos». Sin embargo, se indica que Jesús fue enterrado de acuerdo con las costumbres hebreas de la época. ¿Cómo era este proceso de enterramiento? A diferencia de los egipcios, que utilizaban vendas, los hebreos envolvían a los difuntos en una gran sábana. Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) mencionan que Jesús fue envuelto en una síndone, es decir, un lienzo de lino lo suficientemente largo como para cubrir completamente el cadáver.
Los apóstoles proclamaron que, tras ser depositado en el sepulcro, Jesús resucitó de entre los muertos. Los lienzos utilizados en su amortajamiento fueron testigos silenciosos de este acontecimiento, destacando especialmente la Síndone. Los evangelistas afirman que al abrir el sepulcro solo quedaron los lienzos; Juan proporciona detalles precisos sobre su disposición: los lienzos estaban caídos y el sudario que había cubierto su cabeza permanecía en su lugar.
Jn 20: Vieron los lienzos tendidos (othonia keimena) y el sudario (soudarion) con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Mt 27, 59: Tomando José el cuerpo, lo envolvió en un lienzo limpio de lino, y lo puso en su sepulcro nuevo que él había excavado en la roca.
Mc 15, 45: Luego bajó el cuerpo de Jesús de la cruz, lo envolvió en el lienzo y lo colocó en una tumba que había sido tallada en la roca.
Lc 23, 52: Este fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y bajándole, le envolvió en un lienzo de lino, y le puso en un sepulcro excavado en la roca donde nadie había sido puesto todavía.
San Jerónimo, en el siglo IV, cita un pasaje del «Evangelio a los hebreos» —un evangelio apócrifo que consideraba auténtico y que no ha llegado hasta nosotros— en el que se relata que Cristo resucitado, durante una de sus apariciones, tomó la Síndone y la entregó al siervo del sacerdote. Este episodio refleja una antigua creencia en la conservación del Lienzo por parte de la primitiva comunidad cristiana.
El misal mozárabe utilizado antes del siglo VI menciona huellas en la Síndone. En la versión impresa de 1500 realizada por el cardenal Cisneros, se afirma que Pedro y Juan encontraron en los lienzos «las huellas» recientes del resucitado. Esto indica que la Síndone era bien conocida en España.
Hasta principios del siglo XX, era común que muchas familias españolas incluyeran una oración de acción de gracias por la Sábana Santa al finalizar el rosario. Existe también una estampa italiana que reproduce un texto similar.
En el año 310, el Papa San Eusebio prescribió que la misa se celebrara sobre un paño de lino puro, evitando seda o telas teñidas, recordando así el lienzo que envolvió el cuerpo de Cristo en el sepulcro. Esta práctica ha perdurado hasta nuestros días.
En 1998, el Papa Juan Pablo II pronunció un discurso ante la Sábana Santa, afirmando: «Es una provocación a la inteligencia. Requiere sobre todo el compromiso del hombre, especialmente del investigador, para captar con humildad el profundo mensaje dirigido a su razón y a su vida».
El 2 de mayo de 2010, durante una visita pastoral a Turín, el Papa Benedicto XVI veneró la Sábana Santa y expresó: «Es un icono escrito con sangre… La imagen impresa en la Sábana Santa es la de un muerto, pero la sangre habla de su vida».
En 2015, el Papa Francisco se refirió a la Sábana Santa de Turín como «un icono de amor que ha atraído a muchas personas aquí a Turín». Añadió que «la Sábana Santa nos dirige hacia el rostro y el cuerpo martirizado de Jesús y nos impulsa hacia cada persona que sufre y es injustamente perseguida».





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