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Verano es… una mirada nueva

Isabel Montejo

El curso se convierte en un timbal de reuniones, clases atropelladas, carreras de entregas, compromisos forzados, conversaciones apuradas, también bucean gestos que te empujan o tal vez tropiezos inesperados,  y en medio de este ajetreado horario se nos olvida todo lo que se nos está dando y vivimos en el mundo al revés, en donde la exigencia es el primer recurso de la supervivencia y el agradecimiento se tambalea hacia un estado crítico. El siguiente proyecto está delante: el verano.

El verano es la frescura que descubrimos en el otro. Es un aliento para centrar nuestros objetivos, respirar hondo y coger fuerzas. El verano es una nueva actitud de apertura hacia la totalidad, son refrescantes encuentros, es saber reconocer a quien tengo delante, es una conversación en la que el otro me habla de manera única y exclusiva a mi. Como dice mi queridísimo John Henry Newman “El centro natural del mundo es donde una persona se encuentra con otra”. Y de eso se trata, de renovar nuestra mirada, de asombrarnos con lo que tenemos delante, de buscar lo que queríamos encontrar.

Cito a  Alvaro Avellán en su artículo ¿Son las vacaciones una forma de arte?, en donde nos muestra sabiamente una forma de acoger el verano: “El secreto está en pensar muy bien qué quiero que ocurra en mí y en los otros estas vacaciones”.

Se trata de un tiempo en el que la libertad se hace patente de manera especial; ¿qué hago?, ¿a qué me puedo apuntar?… Ya sean actividades de voluntariado a África, prácticas, un viaje con tu familia a la playa o con amigos por Europa, lo que importa es preguntarse si lo que decidimos puede ayudar a volver con más energía, más vivos, con mucho que conversar a la vuelta, y con ganas de afrontar el año con una mirada nueva.

Robert Hossein, director de la película Los Miserables, comienza así su autobiografía: “Yo estaba tranquilo en mi mediocridad hasta que me resultó insoportable”, y es que la mediocridad es una especie de enfermedad que no duele, es fácil tener algo grande delante y no querer reconocerlo, o pasar por encima sin que nada nos toque. Por eso me pregunto sobre el sentido del verano, en qué puede consistir a pesar de que tal vez, ya este todo organizado o incluso tengamos la incertidumbre de no saberlo.

El objetivo principal puede ser descansar, profundizar en nuestras relaciones, cambiar de actividad o descubrir nuestra bandera de ilusiones. Lo importante es lo que sucede en ti, pero la tentación del verano puede estar en desfogarnos y resolvernos en una competición en el universo de las redes sociales; una carrera sin término en la que nadie gana pero todos quieren tener éxito y de esta forma olvidamos todo aquello que debemos pararnos a reparar.

El verano podría sorprendernos si profundizamos en todo aquello que deseábamos a lo largo del año pero que, con los quehaceres cotidianos, nos pisaban nuestras buenas intenciones. Lo que necesitamos es un verano grande y pleno, donde podamos realizarnos en buena compañía. De ahí la importancia de tener determinación para descubrir y patentar nuestra autenticidad, aquello que nos permite vivir en la verdad de lo que somos.

Tú, querido lector, tienes una oportunidad en tus manos para volver a replantearte aquello que se te atraviesa, de volver a mirar aquello que ha puesto en evidencia tu debilidad. Se trata de acogerlo para darle una vida nueva, de darle otro sentido en donde se sostengan tus grandes ideales.

El músico madrileño Pedro Alfaro nos enseña en su pieza La sinfonía de la vida una verdadera oda a la vida, la cual se nos hace a veces retorcida, “No es la comodidad lo que genera esa alegría sino la visión de lo posible (…) mas allá de ese caminar trastabillado que supone el atrevimiento de generar vida, la ternura alegre se impone, sin necesidad de mirar hacia delante o hacia atrás.”

Ante todo, el verano también es disfrutar de una forma distinta. Disfrutar viene del latín y significa «sacar jugo a la fruta», siendo el fruto el resultado de algún trabajo o esfuerzo. Este tiempo nos puede servir para valorar los frutos de todo el año que quizás entre el pequeño alboroto cotidiano pasan desapercibidos, y así poder poner todo en orden, prestar atención y sacar provecho de lo que se me está dando en este mismo instante, ahora. Te invito a disfrutar dos veces. Como rezaba Gregorio Marañón «Toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes».

Este artículo pertenece a la serie #VeranoEs.

 

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