.elementor-72522 .elementor-element.elementor-element-9ae2dbc{--display:flex;}.elementor-72522 .elementor-element.elementor-element-0b3d412{text-align:justify;}.elementor-72522 .elementor-element.elementor-element-6ef3a4e{--display:flex;}lang="es"> ¿Qué dices y haces cuando no te ven?  - INSTITUTO JOHN HENRY NEWMAN
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¿Qué dices y haces cuando no te ven? 

¿Pagarías o dedicarías meses de trabajo a esculpir la espalda de una escultura que será imposible de ver porque está a doce metros de altura y oculta tras un muro? 

¿Hago bien las cosas porque van a verse o porque deben estar bien hechas, aunque nadie las vea? 

Me lo planteaba paseando por el Museo de la Acrópolis. Los grupos escultóricos que adornaban el frontón del Partenón están expuestos de tal modo que, cuando los contemplas por detrás (como nunca se vieron en su época), puedes observar simultáneamente, a través de una enorme fachada acristalada, el templo donde estuvieron colocados. La piedra, bellísimamente blanca, contrasta con la policromía original. Y yo me preguntaba: ¿les parecerían bellas a los griegos de su tiempo estas esculturas blancas de hoy, o pensarían que son unas ruinas impúdicamente despojadas de color? 

Acto seguido, me preguntaba cómo haríamos eso hoy, en nuestro mundo de la economía de lo útil, lo eficaz y lo aparente; de fachadas personales en redes sociales; de postureo “farmeando aura”, tantas veces vacío de contenido; de currículums que nos hacen parecer más de lo que somos, cuando se miran por detrás. 

Fidias y los griegos tallaban las espaldas de sus esculturas, aunque no fueran a verse, por varios motivos: 

Porque aspiraban a la perfección de la forma. La belleza, para los griegos, residía en la armonía integral del cuerpo. Una espalda sin tallar hacía imperfecta la figura en su conjunto, aunque nadie pudiera verla. 

Por competencia y orgullo profesional. Los escultores griegos desarrollaron una cultura de la excelencia técnica extraordinaria. Sabían que otros artistas examinarían sus obras. La perfección de las zonas ocultas constituía una demostración de maestría. Miguel Ángel, muchos siglos después, diría que “la verdadera calidad de una obra se manifiesta incluso donde nadie mira”. Como desvelan los baños de un gran edificio. 

Por compromiso con una visión filosófica de la verdad. Para los griegos clásicos, especialmente en el siglo V a. C., existía una estrecha relación entre verdad, bondad y belleza (kalón). Una estatua representaba un orden ideal. Si la parte visible era perfecta pero la invisible estaba descuidada, la obra no encarnaba plenamente ese ideal. 

Y la más importante: la mirada de los dioses. El Partenón no era un museo, sino un templo. La mentalidad griega no estaba orientada únicamente al observador humano. Las esculturas formaban parte de una ofrenda a los dioses. Aunque una espalda no pudiera apreciarse desde la plaza, seguía formando parte de un objeto sagrado presentado a Atenea. En muchas culturas aparece esta idea: la obra debe ser digna de la divinidad, antes que del público. 

Y todo esto me golpeaba, cuestionando mi día a día… 

¿Cómo hago yo las cosas que no se van a ver? ¿La mirada y el juicio de quién me importan? Cuando hablo de alguien que no está delante, ¿lo hago con la misma prudencia que si estuviera presente? Y cuando me hablan de alguien que no está, ¿lo defiendo como lo haría si estuviera conmigo? ¿Me aseo y me visto con el mismo cuidado cuando estoy solo en casa que cuando van a verme otras personas? ¿Aprenden los alumnos por conocer y crecer o solo para no quedar mal cuando llegan las notas? ¿Quién copiaría si supiera que nunca le van a descubrir? 

La vida da muchas vueltas y el trasero que antes permanecía oculto contra la pared o fuera de plano en la videoconferencia, a veces acaba quedando al aire. Por eso, y porque es bueno ser fieles a la verdad, mostrarnos competentes y ejemplares en lo personal (algo que la IA nunca podrá hacer), y porque los dioses lo ven todo, quizá debería dar igual que nos vean o no. Quizá sea bueno ir siempre aseados, bien vestidos, y hacer y decir aquello que creemos que debe hacerse y decirse, y dar siempre nuestra mejor versión. 

¿No? 

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