En su última Carta Encíclica Magnifica humanitas, el Papa León XIV advierte sobre uno de los desafíos más urgentes del momento actual: “Si no estamos atentos, puede surgir un sistema educativo carente de amor a la verdad, en el que el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento” (León XIV, 2026, nº146).
Este aviso de León XIV entronca perfectamente con la defensa que John Henry Newman realizó más de ciento cincuenta años de la Civilización. Por ella entendía el fruto de la confluencia del genio creativo y racional de Atenas y el espíritu religioso de Jerusalén: “la Civilización de los tiempos modernos permanece igual a como era antaño; no china o hindú o mejicana o sarracena o de cualquier otra denominación no conocida, sino el descendiente directo, o más bien, la continuación, mutatis mutandis, de la Civilización que comenzó en Palestina y Grecia” (Newman, 2025, p. 301). En este contexto, el conjunto de saberes denominamos humanidades ha desempeñado, y sigue desempeñando, un papel fundamental para evitar que la invasión de datos fragmentados sustituya el saber humano, que es, ante todo, comprensión de uno mismo y de la realidad que lo rodea y lo trasciende.
La literatura, junto con el resto de las artes liberales —gramática, lógica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música—, ha constituido desde sus orígenes hasta la actualidad uno de los principales instrumentos de educación y alimento de lo que llama Newman el mundo civilizado: “Pensamiento y palabra son inseparables uno del otro. El fondo y la forma son partes de lo mismo: el estilo de pensar con palabras. Es lo que vengo sosteniendo, y eso es la literatura: no cosas, no los signos verbales de las cosas; tampoco las palabras meramente sino pensamientos expresados lingüísticamente” (Newman, 2025, p. 322). Ninguna otra corriente de pensamiento ni de filosofía, por muy sólida que parezca —la referencia de Newman al racionalismo de Francis Bacon es constante—, logrará desplazar la fuerza formativa de la literatura y las disciplinas humanísticas que la acompañan:
Si el poder de la palabra es un inmenso don como otro que se podrían nombrar; si el origen del lenguaje es algo que muchos filósofos consideran poco menos que divino; si el lenguaje saca a la luz los secretos del corazón, calma el dolor del alma, se lleva la pena escondida, expresa la compasión, imparte consejo, registra la experiencia, perpetúala sabiduría; si mediante los grandes autores los muchos se congregan en unidad, si fija el carácter nacional, habla todo un pueblo, y se ponen en comunicación mutua el pasado y el futuro, el este y el oeste; si, en una palabra, esos hombres son los portavoces y los profetas de la familia humana, no es de recibo despreciar la literatura o despreciar su estudio (Newman, 2025, pp. 338-339).
Es en esta genuina tradición clásica donde se inserta la universidad y de donde extrae su verdadero poder cultural e intelectual.
Algunos de los escritos más originales del pensador inglés tratan precisamente sobre los diversos ámbitos que ocupan los estudios humanísticos y sobre el modo correcto de orientarlos. Con enorme ironía y gran capacidad empática, en uno de sus ensayos Newman imagina una prueba de acceso a la universidad basada en ejercicios de gramática y composición latina (Newman, 2025, pp. 377-422). La finalidad del escrito es poner de relieve que no toda orientación de los estudios humanísticos es adecuada para la educación del intelecto de los estudiantes. En ese sentido, lo fundamental es ayudar a desarrollar la expresión de la experiencia interior y permitir su crecimiento no repetir las estrecheces de las reglas estilísticas creadas en la Academia.
No obstante, lo que más llama la atención en nuestros días es la enorme importancia que Newman concede a la cultura clásica tanto en los estudios pre-universitarios como en los universitarios. Para el lector contemporáneo, la sensación al leer estos textos es que hemos perdido algo esencial en la educación actual, a saber, el arraigo de la formación de la persona en la historia del pensamiento y las letras clásicas, especialmente en una época marcada por la Inteligencia Artificial y la sociedad digital.
La gran apuesta que hace Newman por las humanidades adquiere un relieve singular en su valoración de la literatura clásica. La grandeza de los escritores clásicos reside en haber sido capaces de moldear el pensamiento común a toda la humanidad mediante la creación de una forma bella nacida de una convicción subjetiva. De ahí surge su fuerza educativa, pues al leer a los grandes escritores de la humanidad en su lengua, el estudiante accede a una visión rica y profunda de la vida y del mundo, capaz de iluminar el intelecto y proyectarlo hacia el futuro (Newman, 2008, pp. 49-68).
En lo referente a los libros que debe leer un estudiante universitario, Newman mantiene una postura intelectualmente abierta. No establece restricciones ideológicas para el estudio de los clásicos —entendiendo también por tales a los grandes representantes de la cultura inglesa—, con independencia de que sus autores sean protestantes, agnósticos o miembros de otras religiosas. Solo mediante el diálogo con estas aportaciones las instituciones educativas católicas podrán alumbrar a una nueva generación de autores capaces de fecundar el sentir de toda la humanidad.
Aunque Newman fue plenamente consciente de la extraordinaria dificultad que supone producir obras verdaderamente geniales en el ámbito literario y, precisamente por ello, nunca pretendió ofrecer un programa destinado a generar una “literatura católica inglesa”, sus aportaciones teológicas, filosóficas y literarias ayudaron a que, entre 1890 y 1950, surgieran generaciones de escritores e intelectuales católicos en lengua inglesa de enorme brillantez (Pearce, 2009). La paternidad espiritual e intelectual de Newman resulta especialmente visible en autores como Christopher Dawson y J.R.R. Tolkien.
Quizá sean precisamente estas intuiciones sobre filosofía de la educación las que ponen más claramente de manifiesto la actualidad de Newman y su distancia respecto de las tendencias que tienen a instrumentalizar y tecnificar los procesos educativos. Por todo ello, sus ideas continúan siendo hoy un referente de extraordinaria actualidad.
Referencias
Papa León XIV. (2026) Magnifica humanitas. Librería Editrice Vaticana
John Henry Newman. (2008). Ensayos críticos e históricos. Volumen 1. Encuentro.
John Henry Newman. (2025). La idea de la universidad. Definida e ilustrada. Encuentro.
Joseph Pearce. (2009). Escritores conversos. La inspiración espiritual en una época de incredulidad. Palabra.

