Icono del sitio INSTITUTO JOHN HENRY NEWMAN

La belleza de la imperfección

No quiero escribir ni leer una columna más sobre Inteligencia Artificial. Ya hay demasiados conceptos fríos dando vueltas: agente-virtual-prompts… Antes de la época de la IA, siempre sentí un alivio cuando, por fin, la llamada de atención al cliente me derivaba con una persona real. El acento, las pausas y los silencios me ayudaban a intuir un rostro, un tú, un encuentro. Solo los encuentros vencen la soledad. Algo así me pasa con las flores sintéticas, nme resigno a aceptar el engaño de esa belleza artificial. Hace unos días estaba embelesado mirando unas rosas blancas. Eran preciosas, esbeltas. La amenaza llegó de repente¿y si son de mentira? Entonces emprendí la búsqueda de algún rastro ––¡solo uno, por favor!–– de imperfecciónNecesitaba una huella de realidad, de esa realidad que nunca es perfecta. Mis ojos se aferraron como náufragos a dos hojas algo marchitas. Ahí estaba la confirmación tan esperada, la salvación. Sí eran de verdad.  

Salir de la versión móvil