Bloque 1 El ser humano como pregunta

Anhelos digitales – Columna Newman de Sophie Grimaldi. 
Amor, verdad, libertad – Juan Serrano Vicente.
Cada día – Artículo de Rocío Solís en Esencias y otras hierbas.
Dante, Nembrini y nuestra humanidad deseante – Paula Martínez del Mazo.
De cine y trascendencia – Luis Rodríguez Viña
Edvard Munch o el arte que cambia la vida – Entrevista a Pablo López Raso, director de los grados de BBAA y Diseño de la Universidad Fco. de Vitoria.
El consuelo de la belleza – Sophie Grimaldi.
El pellizco – Fernando Sabater.
El superhéroe (del cine) en busca del sentido – Arturo Encinas.
Flannery O’Connor y el sentido del sufrimiento – Susana Miró.
«Hay personas que se emborrachan de activismo para no pensar» – Entrevista al psiquiatra Fernando Sarráis. 
La alegría de ser poca cosa – Santiago Huvelle.
La belleza que salva – Nicole Pretell.
La muerte, una provocación – Rocío Solís. 
Marie Kondo o por qué una camiseta sí puede traer la felicidad – Paula Martínez del Mazo.
Minicurso Newman sobre la cuestión de Dios – P. Florencio Sánchez y Rocío Solís.
Mírame – Sophie Grimaldi
«No me gustaría morir y darme cuenta de que no he vivido»
 – Entrevista a Francesc Torralba, filósofo, teólogo y catedrático de la Universidad Ramón Llull.
Me pido – Pablo Velasco.
¿Quién es la verdad? – Enrique García-Maiquez
¿Quiénes somos para ti? – Francesco de Nigris.
Sí, gracias – Juan Serrano Vicente.
Sobre la belleza – Entrevista a Manuel Sánchez Cuenca y Eduardo Segura, profesores universitarios. 
Shtisel sin velos – Enrique García-Maiquez
«Si la vida tiene sentido es por la muerte» – Victoria Hernández en el Minicurso Newman sobre la muerte.
Somos pregunta – Rocío Solís.
Una declaración de intenciones – Juan Serrano Vicente.
«Una gran mentira es que la felicidad está en la salud»– Pablo Delgado en el Minicurso Newman sobre el sufrimiento.
Una llamada superior – Eric Hilhooly.
Ustedes van a morir – Lupe de la Vallina.
Y la verdad os hará libres – Juan Serrano Vicente.
Yo, contigo – Juan Serrano Vicente.

Antuñano, Salvador; Sánchez, Florencio; Huvelle, Santiago (2014). El Sentido Busca al Hombre. Editorial UFV.

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Vanauken, Sheldon (1960). Encounter with Light. Marion E. Wade Collection: Illinois.

Santo, Santo – Coque Malla
Contigo – Joaquín Sabina
René – Residente

Albert Camus

Hay seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia.


Augusto Guerriero

Me dirijo a usted como el único que puede ayudarme. En 1941, con solo 17 años, me tomé en serio el eslogan “fascista perfecto, libro y mosquetón” y dejé mi casa y mis estudios enrolándome en los batallones M. Combatí en Grecia contra los partisanos, fui herido, capturado después por los alemanes y llevado prisionero a Alemania. En la prisión enfermé de tuberculosis. Al volver a casa mantuve oculta mi enfermedad a todos, incluso a mis familiares. Y esto porque, en la mezquina mentalidad común, un enfermo de tuberculosis, aunque no sea contagioso (como es mi caso), es un ser para evitar, del que tener compasión y al que acercarse sólo si estás obligado a ello y con mil precauciones. Y yo no quería esto. Sabía que no era peligroso y quería vivir como todos los demás hombres, junto a todos los otros. Volví a estudiar, me diplomé y encontré un pequeño trabajo. He vivido durante años de forma descuidada, olvidando con frecuencia el haber estado enfermo alguna vez.

C.S. Lewis

Ahora, sin embargo, la enfermedad progresa y yo siento que se acerca mi fin. Durante el día me distraigo intentando vivir intensamente. Pero de noche no consigo dormir y el pensamiento de que dentro de poco dejaré de existir me produce un sudor frío. A veces creo enloquecer. Si tuviera el consuelo de la fe podría refugiarme en ella, encontraría la resignación necesaria. Pero, desgraciadamente, perdí la fe hace ya tiempo. Y las muchas lecturas, quizá demasiadas, que me la hicieron perder, no me han dado en cambio esa frialdad, esa tranquilidad que permite a otros afrontar el paso serenamente. En definitiva, me quedado solo e indefenso… Y por esto me dirijo a usted. Admiro su serenidad, que se refleja en todos sus escritos, y le envidio. Estoy seguro de que una carta suya me sería de gran alivio y me daría fuerzas. Si puede, le ruego que me ayude.

“No creo que haya una prueba (como la de Euclides) demostrativa del cristianismo, ni de la existencia de la materia, ni de la buena voluntad y honestidad de mis mejores y más antiguos amigos. Pienso que las tres cosas son (excepto quizá la segunda) mucho más probables que las opuestas…y sobre por qué Dios no lo hace evidente ¿estamos seguros de que a Él le interesa siquiera un tipo de teísmo que consistiera en un consentimiento lógico a un argumento concluyente? ¿Nos interesa a nosotros en asuntos personales? Exijo de mi amigo que crea en mi buena intención, que es cierta sin tener una prueba demostrativa”.


Chesterton

Creer significa admitir algo como verdadero. Creemos cuando damos nuestro asentimiento definitiva e incuestionablemente. Una opinión no es una creencia. La fe implica certeza. Pero no toda certeza es fe. No digo que creo algo cuando lo veo y comprendo claramente. El tipo de conocimiento que se refiere a hechos que puedo percibir y demostrar es comprensión y no creencia. Habiendo tantas cosas en la vida que no comprendemos, y tan poco tiempo libre para comprobarlas personalmente, es fácil ver que la mayor parte de nuestros conocimientos se basan en la fe.


Fernando Savater

Un libro delicioso, La Biblia en España, que traza un cuadro absolutamente fresco del país de los siglos XVIII y XIX, cuenta las peripecias de George Borrow, un evangelista inglés que recorrió la península vendiendo biblias protestantes. En un momento de su recorrido Borrow llegó a Andalucía y se encontró con un campesino que estaba arando la tierra. Se le acercó con su libro y le dijo: «Amigo, yo soy protestante, vengo aquí con la Biblia y quiero explicarle lo que pensamos». Pero el campesino lo interrumpió explicándole: «Mire usted, no se moleste, porque si yo no creo en la religión católica, que es la verdadera, menos voy a creer en la protestante que es la falsa». 


Friederich Nietzsche

Una vieja leyenda cuenta que durante mucho tiempo el rey Midas había intentado cazar en el bosque al sabio Sileno, acompañante de Dioniso, sin poder cogerlo. Cuando por fin cayó en sus manos, el rey pregunta qué es lo mejor y más preferible para el hombre. Rígido e inmóvil calla el demón; hasta que, forzado por el rey, acaba prorrumpiendo estas palabras, en medio de una risa estridente:

“Estirpe miserable de un día, hijos del azar y la fatiga, ¿por qué me fuerzas a decirte lo que para ti sería muy ventajoso no oír? Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido, no ser, ser nada. Y lo mejor en segundo lugar es para ti morir pronto”.


Indro Montanelli 

Lo confieso, yo no he vivido y no vivo la falta de fe con la desesperación de un Guerriero, de un Prezzolini, de un Giorgio Levi Della Vida (limitándome a las tribulaciones de mis contemporáneos, de las que puedo prestar testimonio). Sin embargo, siempre la he sentido y la siento como una profunda injusticia que priva a mi vida, ahora que ha llegado al momento de rendir cuentas, de cualquier sentido. Si mi destino es cerrar los ojos sin haber sabido de dónde vengo, a dónde voy y qué he venido a hacer aquí, más me valía no haberlos abierto nunca. Espero que el cardenal Martini no tome esta confesión mía por una impertinencia. Al menos en mi propósito, no es más que la declaración de un fracaso. 


Isabel Coixet

Entre todas las divisiones posibles que hay entre los seres humanos, yo siempre he hecho una que es las personas que pasan por la superficie de la vida patinando, aquellas que no tienen ni un momento en el que se cuestionen o se interroguen por qué están aquí, qué hacen, la clase de vida que llevan. Y los que por el contrario se pasan la vida cuestionándose la vida misma, todo, metidos en su lavadora. Yo pertenezco a los segundos, me encantaría pertenecer a los primeros. Pero es mucho más fuerte el impacto [de las desgracias o de las dificultades] cuando has estado 23 años [se refiere a uno de sus personajes] patinando por la superficie de las cosas sin pensar en casi nada. Demasiado ocupada para pensar por su vida de madre y por su trabajo. No ha tenido tiempo para ello.


Juan Pablo II

El hombre no ha sido creado para vivir solo. Nace y crece en una familia para insertarse más tarde con su trabajo en la sociedad. Desde el nacimiento, pues, está inmerso en varias tradiciones, de las cuales recibe no solo el lenguaje y la formación cultural, sino también muchas verdades en las que, casi instintivamente, cree. De todos modos, el crecimiento y la maduración personal implican que estas mismas verdades puedan ser puestas en duda y discutidas por medio de la peculiar actividad crítica del pensamiento. Esto no quita que, tras este paso, las mismas verdades sean «recuperadas» sobre la base de la experiencia llevada que se ha tenido o en virtud de un razonamiento sucesivo. A pesar de ello, en la vida de un hombre las verdades simplemente creídas son mucho más numerosas que las adquiridas mediante la constatación personal. En efecto, ¿quién sería capaz de discutir críticamente los innumerables resultados de las ciencias sobre las que se basa la vida moderna?, ¿quién podría controlar por su cuenta el flujo de informaciones que día a día se reciben de todas las partes del mundo y que se aceptan en línea de máxima como verdaderas? Finalmente, ¿quién podría reconstruir los procesos de experiencia y de pensamiento por los cuales se han acumulado los tesoros de la sabiduría y de religiosidad de la humanidad? El hombre, ser que busca la verdad, es pues también aquel que vive de creencias.


John Nash

Siempre he creído en los números, en las ecuaciones y la lógica que llevan a la razón, pero después de una vida de búsqueda me digo, ¿qué es la lógica?, ¿quién decide la razón?

He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante y vuelta a empezar…, y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida…, solo en las misteriosas ecuaciones del amor, puede encontrarse alguna lógica…, estoy aquí esta noche gracias a ti, tú eres mi única razón de ser…, eres todas mis razones…, gracias.


José Ortega y Gasset

La vida nos es dada, puesto que no nos la damos nosotros mismos, sino que nos encontramos con ella de pronto y sin saber cómo. Pero la vida que nos es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual la suya. La vida es quehacer. Y lo más grave de estos quehaceres en que la vida consiste no es que sea preciso hacerlos, sino, en cierto modo, lo contrario, quiero decir que nos encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, que no nos es impuesto este o el otro quehacer, como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación. Antes que hacer algo tiene cada hombre que decidir, por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer. Pero esta decisión es imposible si el hombre no posee algunas convicciones sobre lo que son las cosas en su derredor, los otros hombres, él mismo. Solo en vista de ellas puede preferir una acción a otra, puede, en suma, vivir. (…) La vida es un gerundio y no un participio: un faciendum y no un factum. La vida es quehacer. La vida, en efecto, da mucho que hacer.


León Tolstoi

Cuando escribía, enseñaba lo que para mí era la única verdad: que era preciso vivir para dar lo mejor posible a uno mismo y a su familia. Y así lo hice hasta que hace cinco años comenzó a sucederme algo extraño: primero empecé a experimentar momentos de perplejidad; mi vida se detenía, como si no supiera cómo vivir ni qué hacer, y me sentí perdido y caí en la desesperación. Pero eso pasó y continué viviendo como antes. Después, esos momentos de perplejidad comenzaron a repetirse cada vez con más frecuencia, siempre en la misma forma. En esas ocasiones, cuando la vida se detenía, siempre surgían las mismas preguntas: ¿Por qué? ¿Qué pasará después?

Al principio me pareció que esas preguntas eran inútiles, que estaban fuera de lugar. Creía que todas esas respuestas eran bien conocidas y que, si algún día quisiera ocuparme de resolverlas, no me costaría esfuerzo; que solo me faltaba tiempo para hacerlo, y que, cuando quisiera, daría con las respuestas. Las preguntas, sin embargo, cada vez me asaltaban con más frecuencia, exigiendo una respuesta cada vez con más insistencia, y esas preguntas sin responder caían como puntos negros siempre en el mismo sitio, acumulándose hasta formar una gran mancha.

[…] Comprendí que no era un malestar fortuito, sino algo muy serio, y que, si se repetían siempre las mismas preguntas, era porque había necesidad de contestarlas. Y eso traté de hacer. Las preguntas parecían tan estúpidas, tan simples, tan pueriles… Pero en cuanto me enfrenté a ellas y traté de responderlas, me convencí al instante, en primer lugar, de que no eran cuestiones pueriles ni estúpidas, sino las más importantes y profundas de la vida y, en segundo, que por mucho que me empeñara no lograría responderlas. Antes de ocuparme de mi hacienda de Samara, de la educación de mi hijo, de escribir libros, debía saber por qué lo hacía. Mientras no supiera la razón, no podía hacer nada. […] O bien, pensando en la gloria que me proporcionarían mis obras, me decía: “Muy bien, serás más famoso que Gógol, Pushkin, Shakespeare, Molière, y todos los escritores del mundo, ¿y después qué?”. Y no podía responder nada, nada.


Mick Jagger

Dentro de la gran tradición del rock, rara vez se evoca el tema de la espiritualidad. Por tanto, he tenido que recrear esta canción (Joy, del disco Goddess in the Doorway) explicando que iba al volante de mi coche conduciendo a través del desierto, algo así como i fuese un solitario cowboy. En la vida real, en mi vida, procuro mantener una cierta perspectiva, alejarme un poco de mis bienes materiales y preguntarme qué hago en el mundo. Aún no puedo decir que haya encontrado la respuesta, pero al menos me hago la pregunta.


Miguel de Unamuno

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge éstas mis quejas;

Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes
a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes,
cuando Tú de mi mente más te alejas;
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi alma endulzóme noches tristes.

[…] Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras,
existiría yo también de veras.


Octavio Paz

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben
sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
Alguien me deletrea. 


Platón

Sobre las cuestiones de esta índole un conocimiento exacto es imposible o sumamente difícil en esta vida, pero no examinar a fondo lo que se dice sobre ellas, o desistir de hacerlo, es propio de hombre muy cobarde. Porque se debe conseguir: o descubrir por uno mismo qué es lo que hay de ellas, o al menos, tomar la tradición humana más difícil de rebatir y, embarcándose en ella, arriesgarse a realizar la travesía de la vida. Si es que no se puede hacer con mayor seguridad en navío más firme, como una revelación de la divinidad. 


Ricardo Muti

Rezas para que esta sea tu vida sin ti. Rezas para que las niñas quieran a esta mujer que se llama como tú, y para que tu marido acabe por quererla. Para que vivan en la casa de al lado y para que las niñas usen el remolque para jugar a las muñecas y apenas recuerden a su madre que dormía de día y las llevaba de viaje en canoa. Rezas para que tengan momentos de felicidad tan intensos que cualquier pena parezca
pequeña a su lado. Rezas a no sabes qué ni a quién, pero rezas. Y no sientes nostalgia por la vida que no tendrás porque para entonces habrás muerto, y los muertos no sienten nada. Ni siquiera nostalgia.


Vanauken

Simplemente, me parece que algún poder inteligente construyó el universo y que todos los hombres deben conocerlo, por axioma, y deben sentir temor ante la infinitud de su poder… Me parece natural que los hombres, conociendo y sintiendo así, intentaran elaborar algo a partir de una cosa tan sencilla: Los profetas, el Príncipe Buda, el Señor Jesús, Mahoma, Brahmanes, y que así nacieran las religiones en el mundo. Pero ¿cómo se puede escoger una como la verdadera?


Viktor Frankl

Por cierto, mi definición de religión es igual a la que ofreció Albert Einstein (1950), y que dice lo siguiente: “Ser religioso consiste en haber encontrado una respuesta a la pregunta ¿cuál es el sentido de la vida?”. Y hay todavía otra definición, propuesta por Ludwig Wittgenstein (1960), que dice lo siguiente: “Creer en Dios es comprobar que la vida tiene un sentido”. Como ven, Einstein, el físico, Wittgenstein, el filósofo, y yo, como psiquiatra, hemos propuesto definiciones de religión que se solapan unas a otras. 


Woody Allen

Vivimos en un mundo que no tiene sentido, ni propósito. Somos mortales, y todas las preguntas importantes… Para mí lo importante no ha sido nunca quién es el presidente de Estados Unidos, esas cuestiones van y vienen. Las preguntas importantes se quedan con nosotros y no tienen respuesta. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿De qué va esto? ¿Por qué es importante que envejezcamos, por qué morimos? ¿Qué significa la vida? Y si no significa nada, ¿de qué sirve? Esas son las grandes cuestiones que nos vuelven locos, no tienen respuesta, y uno tiene que seguir adelante y olvidarse de ellas.

XLSEMANAL (15 de agosto de 2010)

— […] Al final de su filme, todo queda en suspense, como en la vida. No hay respuestas. ¿Cómo se enfrenta usted al misterio?

WOODY ALLEN. — Yo me enfrento al misterio de la vida de forma extraña. Lo paso muy mal, y lo digo en serio. Sufro mucho, tengo mucha ansiedad y miedo y estoy realmente confuso. Y combato todo esto lo mejor que puedo; por eso trabajo mucho. Me ayuda y me distrae de los problemas reales. Cuando trabajo, mis problemas se centran en los actores, el guion, el vestuario… problemas, más bien, fútiles, que, si no funcionan, tampoco sucede nada catastrófico. Cuando estoy en mi casa, pienso: «Dios mío, la vida es corta, terrible y triste y yo soy viejo».

XL.— Visto así, es comprensible que sea un adicto al trabajo.

W.A.— El cine es una distracción maravillosa. Hacer películas es mi mejor terapia y las hago por puro placer y diversión. También por desesperación, para no pensar cosas mórbidas. […]

XL.— Algo de optimismo debe de haber en su vida, ¿no?

W.A.— Lo único optimista en la vida es que hay momentos de placer. Son breves y esporádicos, pero son agradables. Para mí es placentero estar con mi mujer, jugar con las niñas…, pero no son más que pequeños instantes de huida. […] Vamos por la vida de forma frenética y caótica, corriendo y chocándonos los unos contra los otros con nuestras aspiraciones y ambiciones, haciéndonos daño y cometiendo errores. En cien años ya no quedará nadie que nos haya conocido y todos los problemas, las crisis económicas, los adulterios y demás no tendrán importancia. Eso: Todo es furia y ruido y, al final, no significa nada.

Cautivado por el sentido – Entrevista a Alister McGrath, profesor de la Universidad de Oxford.
Claves para leer El Principito – Álvaro Abellán-García y José María Alejos.
¿Depende de ti reconocer a Dios?
 – Café Newman con Ricardo Franco.
Dios: ¿deseo natural o invento cultural? – Café Newman con Juan Serrano.
La grieta y la luz – Guadalupe Arbona
¿Qué significa ser verdaderamente religioso? – Ciclo Horizontes de Razón Abierta.
Tras el sentido por la palabra – Tertulia con el dramaturgo Rafael Álvarez (El Brujo).
Ciclo Horizontes de Razón Abierta: Religión y Vida. ¿Qué significa ser religioso? (1/2)
Ciclo Horizontes de Razón Abierta: Religión y Vida. «¿Qué significa ser religioso? (2/2)
Conferencia | ¿Tiene sentido buscar el sentido? – José Luis Parada
El rabino Jonathan Sacks: «La fe es la valentía de vivir en la incertidumbre»
Minuto Newman | ¿Tiene sentido buscar el sentido? – José Luis Restán
Minuto Newman | ¿Se puede ser indiferente a la pregunta por el sentido? – Ángel Barahona

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1440 minutos – Spot de Mercedes
Blade Runner – Vídeo-ensayo de Aarón Cadarso
Contact – Ciencia contra Religión
Despedidas – El funeral de Naomi
El Cielo sobre Berlín Wim Wenders
El Gran Lebowski – El absurdo ante la muerte de un ser querido
El indomable Will Hunting – Escena del parque 
El club de los poetas muertos (1989)
Indiana Jones: En busca del Arca Perdida – Apertura del Arca
La Guía del autoestopista galáctico – La gran pregunta
La leyenda del indomable – Escena diálogo con Dios 1
La leyenda del indomable – Escena diálogo con Dios 2
La mirada al cielo una pregunta por el Sentido – Parte 1
La mirada al cielo una pregunta por el Sentido – Parte 2
La mirada al cielo una pregunta por el Sentido – Parte 3
La mirada al cielo una pregunta por el Sentido – Parte 4
Los comulgantes (1963)
Mi vida sin mí (2003)
Patch Adams (1998)
Pena de muerte (1995)
Stoppedontrack – “Enfrentarse a la muerte también significa empezar a preguntarse qué significa la vida para nosotros”
Todo lo demás – Woody Allen
Una mente maravillosa – Recreación del discurso del Premio Nobel, John Nash
Wit – Película
Zeitgeist: Jesucristo es una mezcla de otras divinidades y figuras mitológicas anteriores (minuto 10:57)

Bloque 2 El cristianismo como respuesta

Cristianismo y cultura contemporánea – Gregorio Luri 
El sentido religioso, verificación de la fe – Julián Carrón
Morir – Rosa Montero
Ustedes van a morir – Lupe de la Vallina.

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Benedicto XVI

Solo si ocurrió algo realmente extraordinario, si la figura y las palabras de Jesús superaban radicalmente todas las esperanzas y expectativas de la época, se explica su crucifixión y su eficacia. Apenas veinte años después de la muerte de Jesús encontramos en el gran himno a Cristo de la Carta a los Filipenses (cf. 2, 6-11) una cristología de Jesús totalmente desarrollada, en la que se dice que Jesús era igual a Dios, pero que se despojó de su rango, se hizo hombre, se humilló hasta la muerte en la cruz, y que a Él corresponde ser honrado por el cosmos, la adoración que Dios había anunciado en el profeta Isaías (cf. 45, 23) y que solo Él merece.

La investigación crítica se plantea con razón la pregunta: ¿Qué ha ocurrido en esos veinte años desde la crucifixión de Jesús? ¿Cómo se llegó a esta cristología? En realidad, el hecho de que se formara en comunidades anónimas, cuyos representantes se intenta descubrir, no explica nada. ¿Cómo colectividades desconocidas pudieron ser tan creativas, convincentes y, así, imponerse? ¿No es más lógico, también desde el punto de vista histórico, pensar que su grandeza resida en su origen, y que la figura de Jesús haya hecho saltar en la práctica todas las categorías disponibles y solo se la haya podido entender a partir del misterio de Dios? Naturalmente, creer que precisamente como hombre Él era Dios, y que dio a conocer esto veladamente en las parábolas, pero cada vez de manera más inequívoca, es algo que supera las posibilidades del método histórico. Por el contrario, si a la luz de esta convicción de fe se leen los textos con el método histórico y con su apertura a lo que lo sobrepasa, éstos se abren de par en par para manifestar un camino y una figura dignos de fe. Así queda también clara la compleja búsqueda que hay en los escritos del Nuevo Testamento en torno a la figura de Jesús y, no obstante, todas las diversidades, la profunda cohesión de estos escritos.


Ernest Renan

Jesucristo no será superado jamás… queda para la humanidad como un principio infranqueable de todo renacimiento moral… En Él se ha condensado todo lo que hay de bueno y de elevado en nuestra naturaleza. Reposa ahora en tu gloria, noble iniciador… al precio de unas horas de sufrimiento, que no han llegado a tocar tu gran alma, Tú has comprado la más completa inmortalidad. Signo de nuestras contradicciones, Tú serás la bandera en torno a la cual se librará la más ardiente batalla. Mil veces más viviente, mil veces más amado después de tu muerte que durante los días de tu vida mortal, Tú llegarás hasta tal punto a ser la piedra angular de la humanidad que arrancar tu nombre de este mundo sería sacudirlo en sus mismos cimientos. Entre ti y Dios no se distinguirá jamás. Plenamente vencedor de la muerte, tomas posesión del reino, en el cual te seguirán millones de adoradores… Todos los siglos proclamarán que entre los hijos de los hombres no ha habido ninguno más grande que Jesús.


Eugenio Zolli

Quizá, en el curso de treinta años o más, yo he recorrido el largo camino que conduce desde una exquisita sensibilidad genérica humana, a través de la vida y de las prácticas religiosas hebraicas bíblico-talmúdicas, y más tarde a través del pensamiento neotestamentario, hasta el logro definitivo del don sublime de la fe en Jesucristo. …En el fondo del alma se ha desarrollado el germen de la manera más normal y ordinaria. No he sufrido extravío. Era un dulce canto que de lejos llegaba hasta mis oídos. El canto se me iba aproximando cada vez más, y yo me iba dejando cautivar por su hechizo irresistible. …El hombre honesto se ha atenido a las consecuencias. Yo había llegado en mis meditaciones sobre el mesianismo hasta el límite extremo del pensamiento del Antiguo Testamento, hasta el Siervo de Dios. Chorreando sangre de muchas, quizá demasiadas heridas, iba buscando alivio, amor, piedad, caridad, esperanza, fe, consuelo.

…Mi alma estaba llena de nostalgia; era toda ella un puro dolor. ¿De dónde vendrá —me preguntaba con el salmista— ayuda para mí? ¡Me sentía tan solo, tan frágil, y tan molido! Un polvillo disperso en el inmenso espacio del Universo. Yo era una hoja marchita, …una brizna de hierba traída y llevada por las tempestades de la vida. Y yo me preguntaba: ¿es posible que la vida no tenga guardada otra cosa para mí? ¿Tan miserable es la vida humana? Mientras más alto me elevaba, en ciertas épocas de mi vida, el esfuerzo de la mente, el trabajo científico, con tanta mayor fuerza volvía a experimentar la recaída en la nada. ¡Qué vacío! ¡Qué tristeza! El Siervo de Dios es punto de llegada en el pensamiento del Antiguo Testamento. Para mí el Siervo de Dios se había convertido en un punto de partida.

La figura doliente del Ebed me la volvía a encontrar en alguna página de la literatura midráshica; en algún poeta hebreo moderno. Yo avanzaba mendigando paz, caridad; invocando fe, llamando a Dios… Y fue en una tarde estival del terrible 1917: la pluma se me cayó de la mano, la superficie de mi alma se cubrió de olas encrespadas, y del fondo se elevó un grito angustioso; era una voz, y más que una voz, un alma que gritaba: ¡Cristo, sálvame! ¿Y después?

Cristo, Tú lo sabes. Yo había llegado hasta los confines extremos del reino de la Sagrada Escritura del Antiguo Pacto. Yo me dije: pero ¿no era Jesucristo un hijo de mi pueblo? ¿No era espíritu del mismo espíritu? Volví a emprender el difícil camino, sembrado de zarzas que herían la planta del pie, e iba dejando a lo largo de todas las sendas huellas de mi sangre bermeja, brotaba de las heridas antiguas no cicatrizadas y de otras que se iban abriendo. Y yo no sabía que esta era la sangre del Pacto Nuevo, que gracias a esta sangre yo encontraría el camino y la vida en un lejano mañana. ¿Quién podrá comprenderme? Uno solo: Dios.

Me encontraba en la situación de aquel pobre peregrino que iba de provincia en provincia, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de casa en casa, orando, para mendigar un mendrugo de pan, hasta que fue detenido por un guardia que él al principio no reconoció y que le dijo: “¡Si tú eres un expatriado!”. En la vida mesiánica de Israel hay una solución de continuidad, que vuelve a cerrarse desde el Siervo de Dios adelante. Y yo había continuado mi camino, encerrando en el corazón el tesoro escondido del Doliente. Yo, doliente, hijo de doliente, no lo había abandonado. Para mí había llegado a constituir todo mi ser, ¿y por ventura puede un hombre deshacerse de la propia alma, del propio corazón, ser sordo a la sangre que canta en sus venas, al amor, a la luz, a la nostalgia, a la sed que lo devora? Volví la cara, y vi a la gente de mi raza lejos, muy lejos. ¿Pero cómo es posible —me pregunté— que hayas recorrido tanto camino sin darte cuenta? ¿Y así, solo, solito? ¡Los veía yo tan lejos! Vivía de su dolor; me hartaba de derramar por ellos muchas, muchas lágrimas ardientes; por ellos multiplicaba mis plegarias más fervorosas. “Señor —exclamaba con Ezequiel—, ¿vas a destruir el resto de Israel?” …y el cielo se iba tornando sereno por encima de sus cabezas… el bienestar volvía a albergarse en medio de ellos. Y yo dije: Cristo, soy tuyo.


Ernesto Sábato

La tarde desaparece imperceptiblemente, y me veo rodeado por la oscuridad que acaba por agravar las dudas, los desalientos, el descreimiento en un Dios que justifique tanto dolor. En este atardecer de 1998, continúo escuchando la música que él amaba, aguardando con infinita esperanza el momento de reencontrarnos en ese otro mundo, en ese mundo que quizá, quizá exista. ¿Cómo mantener la fe, cómo no dudar cuando se muere un chiquito de hambre, o en medio de grandes dolores, de leucemia o de meningitis, o cuando un jubilado se ahorca porque está solo, viejo, hambriento y sin nadie? Después de la muerte de Jorge ya no soy el mismo, me he convertido en un ser extremadamente necesitado, que no para de buscar un indicio que muestre esa eternidad donde recuperar su abrazo. En mi imposibilidad de revivir a Jorge busqué en las religiones, en la parapsicología, en las habladurías esotéricas, pero no buscaba a Dios como una afirmación o una negación, sino como una persona que me salvara, que me llevara de la mano como a un niño que sufre.


Flavio Josefo

Por este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Y aunque Pilato lo condenó a morir en cruz a causa de una acusación de los hombres principales entre nosotros, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Y hasta el día de hoy existe el linaje de los cristianos, que se denomina así en referencia a él.


Francisco de Quevedo

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.


Jean – Jacques Rousseau

¿Podremos decir que la historia del evangelio se inventó por capricho? Amigo mío, no es así como se inventa. Las obras de Sócrates, de las que nadie duda, están menos atestiguadas que las de Jesucristo. En el fondo es desviar la dificultad sin resolverla. Es más inconcebible que muchos hombres hayan compuesto este libro de común acuerdo que admitir que uno solo haya proporcionado el tema. Nunca los autores judíos habrían hallado ni este tono ni esta moral. El evangelio tiene rasgos de verdad tan grandes, tan evidentes, tan perfectamente inimitables que su inventor sería más grandioso que el héroe.


John Dominic Crossan 

Bien, cuando digo que Jesús era humano y divino, divino para mí es un acto de fe, no es la afirmación de un hecho como “Jesús era humano”, que está al alcance de cualquiera que participe en un debate público. “Jesús es divino” es algo que afirman los cristianos y yo, el cristiano que les habla,
encuentro a Dios en Jesús y en ninguna otra parte. Quizás otros puedan encontrar a Dios en cualquier sitio, yo no. Eso es lo que significa ser cristiano. (…) Yo entiendo que otra gente encuentra a Dios en otros sitios y que, para mí, ser cristiano es que yo encuentro a Dios, experimento la presencia de Dios en Jesús de Nazaret y no en otro sitio.


José María García 

Los evangelios son relatos testimoniales de hechos que tuvieron lugar en un país y tiempo precisos. Es verdad que hablan de un acontecimiento único: que Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret. Un acontecimiento imposible de inventar por la razón humana; incluso hoy todavía la razón se resiste a aceptarlo. …Ciertamente con su testimonio los evangelistas quieren favorecer el encuentro salvífico con Jesús. Pero esta peculiaridad de los evangelios no supone en sus autores una ausencia de interés por la historia [Los orígenes del cristianismo].


Luciano de Samosata 

Es más: incluso desde ciertas ciudades de Asia llegaron enviados de las comunidades cristianas para socorrer, defender y consolar a nuestro hombre [Peregrino]. Porque es increíble la rapidez que muestran tan pronto se divulga un hecho de este tipo. Y es que –para decirlo con sus propias palabras – no tienen bienes propios. Y ya tienes que va a parar a los bolsillos de Peregrino –procedente de manos de esta gente –una gran suma de dinero en razón de su condena; con ello le ayudaron, y no poco, monetariamente. Y es que los infelices creen a pies juntillas que serán inmortales y que vivirán eternamente, por lo que desprecian la muerte e incluso muchos de ellos se entregan gozosos a ella. Además, su fundador les convenció de que todos eran hermanos. Y así, desde el primer momento en que incurren en este delito reniegan de los dioses griegos y adoran en cambio a aquél sofista crucificado y viven según sus preceptos. Por eso desprecian los bienes, que consideran de la comunidad, si bien han aceptado estos principios sin una completa certidumbre, pues si se les presentan un mago cualquiera, un hechicero, un hombre que sepa aprovecharse de las circunstancias, se enriquece en poco tiempo, dejando burlados a esos hombres tan sencillos.


Manuel Carreira 

Primero, la estructura del cuerpo humano es cambiante a lo largo de toda la vida, las partículas carecen de individualidad. Sin embargo, la identidad personal no cambia. Segundo, la materia es comprimible. Por supuesto que se pueden atravesar objetos y colocar un elemento en dos lugares al mismo tiempo.

La resurrección de Cristo no es como la de Lázaro, que consiste más bien en una revivificación o vuelta a la vida normal con sus años finitos y su continuidad. Se trata de un estado nuevo en el que el cuerpo humano ya no está sometido a las leyes del espacio y del tiempo: no necesita comida, ni determinadas condiciones medioambientales, etc.

Si la materia puede desaparecer del espacio visible, el cuerpo de Cristo también. En la vida el espíritu está limitado por su unión a la materia; después de la Resurrección se cambian los papeles, la materia comienza a vivir a modo de espíritu. No hay espacio ni tiempo, ni cambio ni muerte. Ya no se aplican las leyes físicas. Será por tanto un modo de existir en el que todas estas propiedades extrañas de la materia se pueden manifestar libremente y a voluntad del espíritu. Por eso Cristo resucitado puede ser tocado, pero cuando quiere puede no ser visto, puede comer, pero no lo necesita.

La Resurrección da sentido al universo finito y a la materia.


Mara Bar Serapión

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó a aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre, los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar, los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.


Marco Aurelio 

¡Qué índole la del alma dispuesta tanto a separarse, si es preciso, del cuerpo, como a extinguirse o disiparse o a persistir! Pero que este estar dispuesto proceda de la propia decisión, no de la mera terquedad como en el caso de los cristianos, de un modo reflexivo y digno, que convenga a los demás, sin teatralismo trágico.


Marco Cornelio Frontón 

Los cristianos, reclutando desde los lugares más bajos hombres ignorantes y mujeres crédulas que se dejan llevar por la debilidad de su sexo, han constituido un conjunto de conjurados impíos, que, en medio de reuniones nocturnas, ayunos periódicos y alimentos indignos del hombre, han sellado su alianza, no con una ceremonia sagrada sino con un sacrilegio […]. Se reconocen por señales ocultas y se aman entre ellos, por así decir, antes de conocerse […]. Tengo entendido que ellos, no sé por qué estúpida creencia, adoran, después de haberla consagrado, una cabeza de asno […] Y quien dice que un hombre castigado por un delito con la pena suprema y el leño de una cruz constituyen la lúgubre sustancia de su liturgia, no hace sino atribuir a estos bribones sin ley el ritual que mejor les pega, es decir, indica como objeto de su adoración justo lo que ellos merecerían.


Meir Soloveichik

Frente a un hombre que insiste en ser el equivalente al Señor, uno no puede estar en desacuerdo “con respeto y reverencia”. Uno no puede descartar la pretensión de este hombre y permanecer “movido” por su grandeza. “Un hombre que fue un simple hombre y dijo las cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro de vida moral”, escribió C.S. Lewis en su famosa cita. “Él sería o un demente profundo (lunatic) o el mismo Demonio. Hemos de tomar postura. O este hombre era y es el Hijo de Dios; o bien un loco o algo peor.  … Pero no nos pongamos en una condescendencia sin sentido acerca de Su ser un gran maestro de vida moral. Él no lo dejó abierto para nosotros, no fue su intención.


Pablo Domínguez

¡Seguid ayudándome a ser sacerdote enamorado! ¡Seguid siendo madres de sanación! ¡Seguid siendo “nada” para que se muestre el Todo de Cristo! ¡Que Él me conceda seguir bebiendo de la Santa Savia que el Espíritu derrama en esta comunidad! 

A pesar de nuestras limitaciones –de nuestro barro tantas veces roto- la Gracia de Dios aparece con fuerza en nuestra vida. Por eso, sea cual sea nuestra debilidad, ¡la Gracia puede más que la Muerte! Eso, también eso, lo he visto en “Lerma”… 

No quiero acabar esta carta fraterna –y filial- de gratitud sin hacer mención a la última de las llamadas de Consagración que para todos está cerca: me refiero a la muerte, que es ese encuentro amorosísimo, en abrazo eterno, con el Esposo. Todos tenemos un “día y hora” que el Padre –en su eternidad- conoce. Me interrogo: ¿no deberíamos esperar ese día con el mismo entusiasmo, ardor, deseo y sobrecogimiento ante el Don que nos espera, con que esperamos los acontecimientos de Consagración de esta vida? –suplico al Espíritu Santo que nos conceda mirar ahora nuestra vida con los ojos y el corazón que tendremos en ese momento último y definitivo: ¡LO QUE EN EL MOMENTO DE LA MUERTE TIENE IMPORTANCIA, LO TIENE AHORA! ¡Lo que en ese momento sea accidental, también lo es ahora! En definitiva: ¡solo Cristo, y solo el amor es lo importante! [Carta que escribió sus últimas Navidades a la comunidad de Clarisas de Lerma]


Tácito

Para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, aborrecidos por sus ignominias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no solo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clase de atrocidades y vergüenzas.

Viñeta Máximo (ABC 28 junio)

Ben-Hur – El valle de los leprosos
El árbol de la vida (2011)
Jesús de Nazaret, Franco Zefirelli
La vida de Pi – Lo mismo pasa con Dios
La caída del Imperio Romano
La Pasión de Cristo:  “Este es el mandamiento que os dejo: amaos los unos a los otros como yo os he amado”
La Pasión de Cristo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
La Pasión de Cristo – Resurrección
Los Miserables – Soliloquio de Valjean
Los comulgantes (1963)
The Chosen – Tráiler oficial

Bloque 3 La Iglesia como presencia

Antuñano, Salvador; Sánchez, Florencio; Huvelle, Santiago (2014). El Sentido Busca al Hombre. Editorial UFV.

Borghesi, Massimo (1997). Posmodernidad y cristianismo. Encuentro: Madrid.

De Lubac, Henri (1967). Paradoja y misterio de la Iglesia. Sígueme: Salamanca.

Eco, Umberto y Martini, Carlo María (2004). ¿En qué creen los que no creen? Editorial Booket: Barcelona.

Hahn, Scott y Hahn, Kimberly (1993). Rome Sweet Home: Our Journey to Catholicism. Ignatius Press: US.

Lagerkvist, Pär (1967). Obras completas. Emecé editores: Argentina.

Ratzinger, Joseph (1992). La Iglesia. Una comunidad siempre en camino. Editorial San Pablo: Madrid.

Ratzinger, Joseph (1995). Ser cristiano en la era neopagana. Ediciones Encuentro: Madrid.

Maritain, Raïssa (2003). Les grandes amitiés. Desclée de Brouwer: Bilbao.

Benedicto XVI

El estilo de Jesús es inconfundible: es el estilo característico de Dios, que suele realizar las cosas más grandes de modo pobre y humilde. Frente a la solemnidad de los relatos de alianza del libro del Éxodo, en los Evangelios se encuentran gestos humildes y discretos, pero que contienen una gran fuerza de renovación. Es la lógica del reino de Dios, representada —no casualmente— por la pequeña semilla que se transforma en un gran árbol (cf. Mt 13, 31-32). El pacto del Sinaí estuvo acompañado de señales cósmicas que aterraban a los israelitas; en cambio, los inicios de la Iglesia en Galilea carecen de esas manifestaciones, reflejan la mansedumbre y la compasión del corazón de Cristo, pero anuncian otra lucha, otra convulsión, la que suscitan las potencias del mal.

Como hemos escuchado, a los Doce «les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia» (Mt 10, 1). Los Doce deberán cooperar con Jesús en la instauración del reino de Dios, es decir, en su señorío benéfico, portador de vida, y de vida en abundancia, para la humanidad entera. En definitiva, la Iglesia, como Cristo y juntamente con él, está llamada y ha sido enviada a instaurar el Reino de vida y a destruir el dominio de la muerte, para que triunfe en el mundo la vida de Dios, para que triunfe Dios, que es Amor.

Esta obra de Cristo siempre es silenciosa; no es espectacular. Precisamente en la humildad de ser Iglesia, de vivir cada día el Evangelio, crece el gran árbol de la vida verdadera. Con estos inicios humildes, el Señor nos anima para que, también en la humildad de la Iglesia de hoy, en la pobreza de nuestra vida cristiana, podamos ver su presencia y tener así la valentía de salir a su encuentro y de hacer presente en esta tierra su amor, que es una fuerza de paz y de vida verdadera.

Así pues, el plan de Dios consiste en difundir en la humanidad y en todo el cosmos su amor, fuente de vida. No es un proceso espectacular; es un proceso humilde, pero que entraña la verdadera fuerza del futuro y de la historia. Por consiguiente, es un proyecto que el Señor quiere realizar respetando nuestra libertad, porque el amor, por su propia naturaleza, no se puede imponer. Por tanto, la Iglesia es, en Cristo, el espacio de acogida y de mediación del amor de Dios. Desde esta perspectiva se ve claramente cómo la santidad y el carácter misionero de la Iglesia constituyen dos caras de la misma medalla: solo en cuanto santa, es decir, en cuanto llena del amor divino, la Iglesia puede cumplir su misión; y precisamente en función de esa tarea Dios la eligió y santificó como su propiedad personal.

Por tanto, nuestro primer deber, precisamente para sanar a este mundo, es ser santos, conformes a Dios. De este modo obra en nosotros una fuerza santificadora y transformadora que actúa también sobre los demás, sobre la historia.

… Los doce Apóstoles no eran hombres perfectos, elegidos por su vida moral y religiosa irreprensible. Ciertamente, eran creyentes, llenos de entusiasmo y de celo, pero al mismo tiempo estaban marcados por sus límites humanos, a veces incluso graves. Así pues, Jesús no los llamó por ser ya santos, completos, perfectos, sino para que lo fueran, para que se transformaran a fin de transformar así la historia. Lo mismo sucede con nosotros y con todos los cristianos. …»La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rom 5, 8). La Iglesia es la comunidad de los pecadores que creen en el amor de Dios y se dejan transformar por Él; así llegan a ser santos y santifican el mundo. 


Edith Stein

Tanto para mí como para otros muchos, la influencia de Scheler rebasó los límites del campo estricto de la Filosofía. No sé en qué año llegó a la Iglesia Católica, pero ya por entonces se encontraba imbuido de ideas católicas y las propagaba con toda brillantez y la fuerza de su palabra. Este fue mi primer contacto con un mundo completamente desconocido para mí. No me condujo todavía a la fe, pero me abrió a una esfera de fenómenos ante los que yo no podía estar ciega. No en vano nos habían inculcado que debíamos ver todas las cosas sin prejuicios ni anteojeras. Así cayeron los prejuicios racionalistas en los que me había educado sin darme cuenta, y el mundo de la fe apareció súbitamente ante mí. Personas con las que trataba a diario y a las que admiraba vivían en él. Tenían que ser, por lo menos, dignas de ser consideradas en serio.


Henri De Lubac

La Iglesia está desposada con todas las características de la humanidad, con todas sus complejidades y sus inconsecuencias, con las contradicciones sin fin que existen en el hombre […] Desde las primeras generaciones cristianas, cuando apenas había traspasado los límites de la vieja Jerusalén, la Iglesia ya reflejaba en sí misma los rasgos –las miserias- de la humanidad corriente.


José Jiménez Lozano

Hacia el final del símbolo de mi fe, cuando lo recitó, confieso (y suelo hacerlo con cierta energía) que creo “en la Iglesia que es una, Santa, católica y apostólica”. Desde luego me resulta tremendamente más difícil que creer en Dios o en Cristo. Pero me resulta fácil el amarla […] creo en la Iglesia, porque creo que tiene el depósito de la verdad religiosa y ha sido instituida por Cristo para la salvación sobrenatural de la humanidad, no porque sienta una atracción especial hacia esta institución en su vertiente humana, cuya historia no ha sido excesivamente brillante y algunas de cuyas páginas me avergüenzan o me irritan. Diré, como Mauriac, que en esto me diferencio de quienes estiman a la Iglesia porque les gusta, aunque no crean en su condición sobrenatural. También comprendo perfectamente las servidumbres de todo tipo que supone la Encarnación de esa Iglesia en la historia y por eso tengo amor por sus debilidades. Tanto, como me encolerizan las actitudes de miedo, de hambre de dinero, privilegios o poder temporal. Si no amase a esta Madre, no me enfurecerían sus arrugas. Pero, aún con arrugas, no la cambiaría por nada: por ninguna ideología profana de alto valor humanístico, ni por ningún club de hombres geniales y selectos. Y a veces su estructura jurídica y el peso de su historia resultan un corsé incómodo e intolerable. Pues bien, yo gritaré contra esas construcciones pero no me separé un ápice de su amor y obediencia.


Lessing

Las verdades contingentes de tipo histórico no pueden convertirse nunca en una prueba de verdades necesarias de tipo racional… Pasar de esa verdad histórica a una clase totalmente distinta de verdad y pretender de mí que tenga que configurar todos mis conocimientos metafísicos
y morales en conformidad con ella… exige de mí… que modifique según ella todos mis conceptos fundamentales sobre la naturaleza de la divinidad… Este, precisamente este, es el maldito foso que no consigo saltar, a pesar de los numerosos y penosos esfuerzos que he intentado realizar.


Maritain

Si el debate especulativo había terminado para nosotros, teníamos todavía muchas repugnancias que vencer. La Iglesia en su vida mística y santa nos era infinitamente amable. Estábamos dispuestos a aceptarla. Nos prometía la fe por el bautismo, e íbamos a poner a prueba su palabra. Pero en la mediocridad aparente de la gente católica y en el espejismo que, a nuestros ojos mal abiertos parecía ligarla a las fuerzas de reacción y de opresión, nos era extrañamente aborrecible. Nos parecía la sociedad de los satisfechos de este mundo, que aprueba y se alía con los poderosos, burguesa, farisaica, alejada del pueblo.

Pedir el bautismo era también aceptar la separación de la gente que conocíamos para entrar en un mundo desconocido; era, así lo pensábamos, renunciar a nuestra simple y común libertad para ir a la conquista de la libertad espiritual, tan bella y real en los santos, pero situada demasiado alta, nos decíamos, para ser nunca alcanzada.

Era aceptar la separación – ¿para cuánto tiempo? – de nuestros padres y de nuestros amigos, cuya incomprensión nos parecía había de ser total, y así lo ha sido en muchos casos; pero la bondad de Dios nos reservaba también sorpresas. En fin, nos sentíamos ya como “la escoria del mundo” ante la idea de la desaprobación de aquellos a quienes amábamos. Jacques continuaba a pesar de todo tan persuadido de los errores de los “filósofos” que pensaba que al hacerse católico tendría que renunciar a la vida de la inteligencia.

Mientras solo nos preocupaba el espectáculo de la santidad y de la belleza de la doctrina católica, conocimos la alegría del corazón y del espíritu, y nuestra admiración iba en aumento. Ahora que nos disponíamos a entrar en el número de aquellos que el mundo aborrece como aborrece a Cristo, sufríamos, Jacques y yo, una especie de agonía. Aquello duró aproximadamente dos meses…

Creíamos también que el hacernos cristianos suponía abandonar para siempre la filosofía. Pues bien, estábamos dispuestos –aunque no era fácil- a abandonar la filosofía por la verdad. Jacques aceptó este sacrificio. La verdad que tanto habíamos deseado nos había cogido en su cepo. Si Dios ha querido ocultar su verdad en un montón de estiércol, decía Jacques, tenemos que ir a buscarla allí.


 Pär Lagerkvist

Un desconocido es mi amigo, uno a quien no conozco, un desconocido lejano, lejano por él mi corazón está lleno de nostalgia. Porque él no está cerca de mí. ¿Quizá porque no existe? ¿Quién eres tú que llenas mi corazón de tu ausencia que llenas toda la tierra de tu ausencia?


Scott Hahn

Entonces un día cometí el error fatal. Decidí que ya era tiempo de ir a misa por mi cuenta. Resolví cruzar las puertas de Gesú, la parroquia de la Universidad Marquette. Justo antes del anochecer me introduje discretamente en la capilla del sótano para la misa diaria. No estaba seguro de lo que podía esperar: quizás estaría solo con un sacerdote y un par de monjas ancianas. Tomé asiento como observador en el último banco.

Pronto gente normal empezó a entrar desde la calle, gente que parecía totalmente “de la calle”. Entraban, hacían una genuflexión y se ponían a orar. Su devoción sencilla pero sincera era impresionante. Entonces sonó una campana y un sacerdote se acercó al altar. Permanecí sentado; dudé si era algo seguro ponerme de rodillas. Como calvinista evangélico me habían enseñado que la misa católica era el mayor sacrilegio que se puede cometer por eso no sabía qué hacer.

Escuché las lecturas, las oraciones y las respuestas de la gente, todo tan radicado en las Escrituras y todo parecía hacer la Biblia algo vivo. Casi quise detener la misa y decirles. “Un momento, esta frase es del libro de Isaías, esta otra es de un salmo, y ahí tenéis otro profeta en esa oración”. Encontré también numerosos elementos de la antigua liturgia judía que yo había estudiado con tanta intensidad.

De pronto me di cuenta de que aquí es donde realmente encajaba la Biblia. Este era el contexto en que ese hermoso sentimiento de familia debía ser leído, proclamado y comentado. Luego pasamos a la liturgia de la Eucaristía, donde todas mis certezas sobre la alianza convergían antes.

Quería detener todo y gritarles: “¿Puedo explicar todo esto que está pasando con la Escritura? Es algo grandioso”, pero en vez de eso solo permanecí sentado, profundamente hambriento del Pan de vida, con un hambre sobrenatural.

Después de pronunciar las palabras de la consagración, el sacerdote sostuvo elevada la Hostia. Entonces sentí que la última gota de duda se me había secado. Con todo mi corazón murmuré: “Señor mío y Dios mío. Eres realmente Tú. Y si eres realmente Tú, quiero una comunión total contigo. No quiero conservar nada ni retraerme”.

Entonces traté de recuperar control sobre mí mismo: Soy presbiteriano, ¿verdad? Sí. Y con eso me salí de la capilla sin decirle a nadie dónde había estado y lo que había hecho. Pero el siguiente día regresé, y el siguiente, y el siguiente. En una semana o dos estaba enganchado. No sé cómo decirlo, pero estaba “de cabeza”, enamorado con nuestro Señor en la Eucaristía. Su presencia para mí en el Santísimo Sacramento era poderosa y personal. Sentado en la parte de atrás, empecé a ponerme de rodillas y a rezar junto con los otros que ahora sabía que eran mis hermanos y hermanas. ¡No era un huérfano! Había encontrado una familia… Era el Evangelio en su plenitud.

El circo de las mariposas
El Padrino Parte I – Escena bautizo
El Padrino Parte III – Escena confesión
San Pedro – Vida y obra del apóstol
Teresa de Jesús: Capítulo 1 – Serie RTVE

La Iglesia – Rocío Solís
¿Cristo sí, Iglesia no? – Tomás Alfaro
¿Puede el cristianismo ser la respuesta? – Menchu de la Calle
Postcristianismo – Mesa redonda con el Cardenal Angelo Scola

Bloque 3 del curso – La Iglesia como presencia

Carta a Diogneto «Los cristianos en el mundo»
Carta de San Justino mártir al emperador Antonino Pío sobre la Eucaristía. Años 150-155
Carta de San Ireneo, obispo, contra las herejías: Eucaristía y Resurrección. Siglo II
Encíclica Ecclesia in Europa – Juan Pablo II