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Luciérnagas

“Dicen que el ser humano valora el tiempo cuando no hay. Pero juraría que disfruté cada segundito que hubo a la par de tu presencia. Esa esencia rota pero fiel que dejó tu ausencia. Esa ciencia loca de resolver”

La canción “Luciérnagas” de Milo J y Silvio Rodríguez propone una manera distinta de comprender el amor cuando aparecen la pérdida y el sufrimiento. Frente a una mirada más trágica, como la que encontramos en diversas narrativas —por ejemplo, en La Celestina— donde una obsesión amorosa puede conducir incluso al suicidio, la canción ofrece una reflexión más íntima y profundamente transformadora del amor. Aquí, el sentimiento no desaparece con la ausencia, del mismo modo que tampoco desaparece el dolor. El verdadero cambio de paradigma surge al asumir esta nueva realidad, entendiendo la muerte como una presencia interior silenciosa que acompaña incluso en los instantes más oscuros.

Las luciérnagas de las que se hablan resultan esenciales para comprender esta idea. Pequeñas luces que aparecen en la oscuridad, frágiles pero persistentes. Ellas representan los recuerdos, las emociones y los fragmentos de amor que permanecen cuando el otro ya no está. Funcionan como una guía para seguir avanzando en los momentos difíciles. En este sentido, el amor deja de ser fuerza destructiva y se convierte en experiencia transformadora de la identidad de quien permanece todavía.

Luciérnagas” sugiere que amar después de la pérdida no significa extinguir el sentimiento, sino aprender a permitir que se transforme. El amor ya no arde como un fuego que consume, sino que brilla como una pequeña luz en la oscuridad. Y aunque sea tenue, basta para recordarnos que lo vivido nunca perderá su sentido. 

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