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Hoy es viernes santo

Hoy es Viernes Santo. Viernes de escarnio y crucifixión. Viernes de estremecimiento y recogimiento. Viernes de entierro y lágrimas. Sobran las palabras. Rezo. Hago memoria. Contemplo el misterio escribiendo.

En el último año de carrera, hace ya casi 30 años, tuve una “alterada” conversación con un compañero de clase que, recurrentemente, vuelve a mi memoria y a mi corazón.

El motivo: yo no quería ver la película Trainspotting. Mi argumento era que no tenía que recurrir a la ficción para ver desgracias, mientras que él me juzgaba por no querer salir de la burbuja de una vida cómoda y feliz. De hecho, la película justamente cuestiona la monotonía de una existencia convencional y conformista y la trampa que puede suponer una vida «normal».

A día de hoy, sigo sin verla.

Pero ya por aquel año había conocido muy de cerca numerosas vidas llenas de dolor: suicidios, el infierno de las drogas, accidentes de coche con graves secuelas, derrames cerebrales, sillas de ruedas, ceguera, discapacidad y hasta un asesinato en un atentado terrorista.

Y así hasta hoy: muertes sin previo aviso, con 20 o con 40; más accidentes de coche, de esquí e, incluso, de tren; graves enfermedades; el maldito cáncer; el paro, largo y a destiempo; profundas depresiones y desesperación; abortos (naturales y provocados, que no son lo mismo ni duelen igual); un disparo en la mano.

Maltrato; abusos; más alcohol, más droga; amigas viudas y amigos viudos siempre pronto, a veces demasiado; matrimonios con hijos en el cielo, matrimonios sin hijos; otro atentado; más sillas de ruedas; la tozuda vejez de nuestros padres…

Cruces grandes y cruces menos grandes. En cualquier caso, cruces pesadas y ásperas.

Echo la vista atrás y todas estas historias siguen atravesando mi corazón. Y me doy cuenta de que aquella conversación resuena tan repetidamente porque no supe responder.

La diferencia no estriba en que sean historias reales, frente a las de ficción. Tampoco en que sean más o menos dolorosas ¿quién osaría tasarlas, mucho menos compararlas?—.

La verdad radica en que son historias con nombre y rostro. Vidas que no solo han dejado huella en mi historia, sino que están insertas en el Amor del Resucitado e hilvanan Su Historia, la historia de nuestra Salvación.

Hoy es Viernes Santo, hago memoria de tanto dolor y sólo “consigo” entender si logro alzar la mirada. No solo la vista, que también, sino la mirada del corazón, para alcanzar a ver la Gloria de la Resurrección que está por llegar.

Estos días se han escrito ríos de tinta sobre la muerte. Pero hoy es Viernes Santo y contemplo no una muerte, sino la Muerte. La Muerte que me habla de Vida, que nos habla de Vida. La Muerte que llena de Esperanza. La Muerte que transforma. La Muerte que se entrega, acoge y ama a todos, incluso al que decide quitarse la vida, con o sin ayuda.

Hoy es Viernes Santo y contemplo a un Hombre que no huye de los insultos, de los latigazos, de los escupitajos.

Hoy es Viernes Santo y acompaño a un Hombre que no niega su cruz, que la carga, la abraza y permanece en ella.

Hoy es Viernes Santo y abrazo a un Hombre que confía, que entrega, que se entrega y ofrece Su dolor.

Hoy es Viernes Santo y amo a un Hombre que, por la Cruz, ama y nos enseña a amar.

Hoy es Viernes Santo y espero en un Hombre que, gracias a la Cruz del Viernes, sana, restaura y salva el Domingo y siempre.

Hoy es Viernes Santo. Sobran las palabras. Rezo. Hago silencio. Contemplo. Acompaño. Abrazo. Espero. Amo. Y doy gracias.


««Adoramus te, Christe, et tibi, quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum»[1]. Sí, adoramos y bendecimos el misterio de la cruz del Hijo de Dios, porque es precisamente de esa muerte de donde ha brotado una nueva esperanza para la humanidad»[2].

[1] «Te adoramos oh, Cristo, y te bendecimos, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo».

[2] Mensaje del Santo Padre San Juan Pablo II a todos los fieles que participaban en el Viacrucis en torno al Coliseo. Vaticano, 25 de marzo de 2005 (8 días antes de partir a la casa del Padre).

 

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