¿Por qué analizar el cristianismo?

El escritor estadounidense Sheldon Vanauken ya intuyó la necesidad de dar un salto de fe cuando confesaba por carta a su amigo C.S. Lewis que se había embarcado en un viaje que “podía ser” que le condujera a Dios algún día. Le inquietaba cómo sería capaz de alcanzar la verdad, dada la variedad de manifestaciones religiosas que existen.

Simplemente, me parece que algún poder inteligente construyó el universo y que todos los hombres deben conocerlo, por axioma, y deben sentir temor ante la infinitud de su poder… Me parece natural que los hombres, conociendo y sintiendo así, intentaran elaborar algo a partir de una cosa tan sencilla: Los profetas, el Príncipe Buda, el Señor Jesús, Mahoma, Brahmanes, y que así nacieran las religiones en el mundo. Pero ¿cómo se puede escoger una como la verdadera?

La autoría de este curso ya ha escogido. En efecto, ninguno de los grandes iniciadores religiosos ha pretendido reclamar para su persona la identificación con el Dios absoluto, eterno, omnipotente:

  • Moisés fue un celoso defensor del Nombre único de Dios, que se le descubre con el misterioso nombre de Yahvéh en la zarza ardiendo del Sinaí. Sabe que hay un abismo infinito entre ese Dios y la criatura, y así lo enseña como mandamiento fundante
  • Lao-Tsé estableció la profunda noción enigmática del tao, concepto metafísico que podría equipararse con la noción del absoluto divino impersonal. Y con el que por supuesto no se identifica como una misma cosa
  • Confucio es quizá el más alejado de una posible identificación con Dios puesto que su misión fue establecer una doctrina familiar y política con el fondo de la tradición religiosa china
  • Buda predicó una ascesis exigente con la finalidad de extinguir el dolor y se afirma que ha alcanzado tras su existencia el definitivo nirvana, sin reencarnaciones posteriores. Pero él no se identificó con la divinidad
  • Zarathrusta fue encargado de transmitir revelaciones divinas, como mensajero, no como autor.
  • Mahoma, ya después de Jesús de Nazaret, tuvo también este papel de profeta, de mensajero del único Dios verdadero y creador. Reivindicar la pretensión divina sería una blasfemia para Mahoma.

Así se alza la personalidad de Jesús de Nazaret como un enigma de la historia humana. Él ha pretendido el título de identidad e igualdad con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, de tal modo que esta “pretensión” le llevó a la muerte. Dicha pretensión conforme a las creencias monoteístas puras de la religión judía, en cuyas coordenadas se movía, no tenía un precedente en otro hombre alguno. Era, y es, un desafío a la conciencia de los hombres.

Otro indicio

El cristianismo es revelación, no se inventó, sino que fue recibido. Y como tradición cultural, no se trata de hacer un análisis frío de algunas ideas, sino tomar conciencia de que se ha nacido en un contexto social concreto. Como no es una teoría religiosa, la presencia de personas que tienen una relación personal con Cristo es un indicio que interpela.

«Hay seres que justifican el mundo, que ayudan a vivir con su sola presencia»

Albert Camus

Para que se pueda comprender a otro y hacer un juicio acertado, para aceptarlo o apartarlo, es necesario entender cómo se manifiesta, en sus palabras y en sus actos, en lo que dice de sí y en lo que vive cotidianamente. Una vez que se observa lo que es y lo que ofrece se puede hacer un camino con él para verificar si el juicio es acertado, si es lo que parecía o si esa amistad cumple lo que prometía. Así nace y madura el amor, la amistad, la fe.

En el caso de Jesús de Nazaret también es así. Acercarse al personaje con curiosidad sin poner nada personal en juego sería colocarse en una postura que hace imposible conocerlo y cualquier toma de posición corre el riesgo de ser superficial.