El cristianismo es un
acontecimiento histórico I

 

Dos mil años es mucho tiempo para saber que en la historia del cristianismo hay aspectos que superan lo ordinario y dificultan su credibilidad. Es casi inevitable preguntarse: ¿De verdad eso pasó así o el relato es una hermosa leyenda? Si esa historia no sucedió los Evangelios serían un relato legendario apoyado únicamente en un vago y remoto recuerdo. De aquí que la historicidad del relato y la solidez de sus fuentes sean clave para una fe que no anula, sino que supone la razón. Tomarse demasiado a pecho una leyenda y elevarla a la categoría de fe religiosa no es algo razonable, hay que anular la razón para poder hacerlo. 

No se puede ignorar que existen muchos ambientes en los que no se acepta el valor histórico de los Evangelios porque tienen un contenido extraordinario, sobrenatural. En otros casos, no hay un rechazo frontal, pero se soslaya el problema de su historicidad para estudiar los Evangelios como un mensaje de vida, relativo a la subjetividad. Por eso, es conveniente detenerse a estudiar las fuentes que permiten conocer la historicidad de la vida de Jesús de Nazaret, tal como ha llegado a la actualidad, porque pretende tener algo que ver con nuestra vida. 

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«Los Evangelios son relatos testimoniales de hechos que tuvieron lugar en un país y tiempo precisos. Es verdad que hablan de un acontecimiento único: que Dios se hizo hombre en Jesús de Nazaret. Un acontecimiento imposible de inventar por la razón humana; incluso hoy todavía la razón se resiste a aceptarlo. Ciertamente con su testimonio los evangelistas quieren favorecer el encuentro salvífico con Jesús. Pero esta peculiaridad de los Evangelios no supone en sus autores una ausencia de interés por la historia».

Los orígenes del cristianismo. José Miguel García

1.1.1. La diferencia entre mito, fábula o realidad

Mito: Se trata de la creación narrativa de una verdad. Es decir, lo que se cuenta no ha sucedido, pero es verdadero, esconde las esencias de la vida, el fundamento de las cosas, pero no es histórico. En las religiones politeístas existen narraciones de apariciones de un dios en forma humana. Es la veneración creada en el recuerdo hacia seres de extraordinario valor, caudillos o héroes de pueblos antiguos. No existe noticia de que hubiesen pretendido la adoración divina, sino que los pueblos los alzaron a sus altares por su gloriosa memoria. En las religiones primitivas, y en algunas tan poderosas en su imaginación creadora como el hinduismo politeísta de Brahma, Shiva y Visnú-Krishna, los fenómenos o misterios naturales se elevan a categoría de mitología. Lo mismo sucede con la gran religión egipcia y el culto de Osiris-Isis, o en el Japón con Amaterasu, de quien hasta tiempos bien recientes se ha atribuido descendencia a los mismos emperadores, a quienes se concedía un rango en cierto modo divino. Ninguno de estos casos adquiere el carácter de seres reales cuya historia sea conocida y, mucho menos, se presentan sus acciones y palabras como sucede con Jesús de Nazaret.

Fábula: Nos transmite un suceso maquillado, moralizado. Si hay que forjar una leyenda sobre Jesús para que la crean los judíos, tiene que contarse algo creíble. Todos esperaban un Mesías. Aunque no del mismo modo, coincidían en que la era inaugurada por el Mesías supondría la derrota de sus enemigos y traería una especie de paraíso a la tierra de Israel. Sin embargo, Jesús muestra a sus contemporáneos que su mesianismo no es político, ni violento, ni excluyente, sino de otro orden, con un carácter inesperado: un mesianismo divino. Se puede achacar la fábula a S. Pablo, pero vemos que en las expresiones del propio Jesús hay una inaudita pretensión de divinidad. 

Realidad: Antes y después de Jesús hubo judíos que presentaron un mesianismo político como Judas el Galileo, Teudas, Bar Kosiba, proclamado Mesías por el gran rabino Akiba unos 100 años después de Jesús. Pero, a pesar de levantar el entusiasmo del pueblo, no consiguieron su objetivo y terminaron su vida violentamente. Algunos de ellos son recordados como grandes héroes de la resistencia antirromana. Otros ni siquiera eso, sino que, como los zelotes del año 70, han recibido el reproche de ser los causantes de la ruina de Israel. Si Jesús hubiera fracasado en su pretensión política, habría pasado a la historia como cualquiera de estos. Pero ninguno ha dejado detrás de sí una posteridad espiritual o religiosa que terminara en adoración, pues adorar a un hombre era completamente extraño en Israel.

1.1.2. El cristianismo es un hecho real basado en fuentes históricas

Para comenzar el análisis sobre la historicidad de los Evangelios rescatamos algunas de las fuentes más destacadas, tanto cristianas como no cristianas. Dentro de estas últimas, algunas son de raíz griega y romana, como pueden ser los escritos de personajes como Tácito, Mara Bar Serapión, Plinio El Joven o Suetonio, y otras son judías, como el testamento de Flavio Josefo. Tomaremos las cartas de Pablo de Tarso como fuente principal cristiana, y estudiaremos después las características más importantes que apoyan el Nuevo Testamento como texto histórico fiable.

- Fuentes no cristianas grecorromanas

Tácito (55-125 d.C.) fue un historiador romano de primera magnitud que narró en los Anales (entre el 115 y 117 d.C.) la historia de Roma desde la muerte de Augusto hasta Nerón. Para su redacción utilizó documentos de carácter oficial conservados en los archivos, memorias privadas de personajes significativos y fuentes historiográficas, es decir, obras de otros autores, la mayoría de las cuales se han perdido. Al contar el incendio de Roma alude al intento de Nerón de culpar a los cristianos, con tres afirmaciones importantes:

  1. Jesús murió bajo el reinado de Tiberio (14-37) y la prefectura de Pilato (26-36).
  2. El modo de ejecución romano parece referirse a la crucifixión.
  3. Supone una difusión rápida del cristianismo por todo el imperio.

Para acabar con los rumores, Nerón presentó como culpables y sometió a los más rebuscados tormentos a los que el vulgo llamaba cristianos, aborrecidos por sus ignominias. Aquel de quien tomaban nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato; la execrable superstición, momentáneamente reprimida, irrumpía de nuevo no solo por Judea, origen del mal, sino también por la Ciudad, lugar en el que de todas partes confluyen y donde se celebran toda clase de atrocidades y vergüenzas.

Tácito (ANN. XV, 44, 2-3)

Mara Bar Serapión era un filósofo estoico asirio de la provincia romana de Siria. Escribió una carta a su hijo para animarle a buscar la sabiduría. Muy probablemente sea algo posterior al año 73, ya que contiene la noticia de la fuga de unos ciudadanos de Samosata, entre los que se halla el propio escriba, y en ella refleja la esperanza de que los romanos les permitieran volver. Las circunstancias históricas a las que alude encajarían con la anexión del reino de Commágenes, cuya capital era Samosata, provincia de Siria, entre los años 72-73. No parece que el escritor sea cristiano por su forma de hablar de la pervivencia de Cristo y por situar en el mismo plano a Cristo y a los filósofos griegos.

¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses cuando mataron a Sócrates? Carestía y destrucción les cayeron encima como juicio por su crimen. ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samo cuando quemaron vivo a Pitágoras? En un instante su tierra fue cubierta por arena. ¿Qué ventaja obtuvieron los judíos cuando condenaron a muerte a su rey sabio? Después de aquel hecho su reino fue abolido. Justamente Dios vengó a aquellos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre, los habitantes de Samo fueron arrollados por el mar, los judíos, destruidos y expulsados de su país, viven en la dispersión total. Pero Sócrates no murió definitivamente: continuó viviendo en la enseñanza de Platón. Pitágoras no murió: continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni tampoco el rey sabio murió verdaderamente: continuó viviendo en la enseñanza que había dado.

Serapión (Syriac MS. Additional 14.658)

Contemporáneo de Tácito fue Plinio el Joven (62-113). Educado por su tío Plinio el Viejo (23-79) en el humanismo latino, ejerció la abogacía, militó en las legiones romanas y su amistad con Trajano le valió el nombramiento de gobernador de Bitinia al final de su vida. Escribió numerosas cartas que reflejan su espíritu humanista y las vicisitudes de su época. En una de ellas alude a Cristo. Escrita en torno al año 110, está dirigida al emperador Trajano y le formula una consulta por un caso de gobierno. De la carta se infiere que existía una legislación contra los cristianos, de cuyos crímenes al parecer todos hablaban, pero nadie había comprobado. Por eso, antes de condenar a varios reos denunciados como cristianos, Plinio abrió una investigación para que se tuviera claro en qué consistían sus delitos. Del resultado informa al emperador y acto seguido le pregunta cómo debe proceder para actuar con justicia:

«… su error [el de los cristianos] había consistido en la costumbre de reunirse determinado día antes de salir el sol, y cantar entre ellos sucesivamente un himno a Cristo, como si fuese un dios, y en obligarse bajo juramento, no a perpetrar cualquier delito, sino a no cometer robo o adulterio, a no faltar a lo prometido, a no negarse a dar lo recibido en depósito. Concluidos estos ritos, tenían la costumbre de separarse y reunirse de nuevo para tomar el alimento, por lo demás ordinario e inocente…».

La obra más notable de Suetonio es «La Vida de los doce césares», que comienza con Julio César y termina con Domiciano (81-96). Al hablar del imperio de Claudio (41-54) da la siguiente noticia: «[Claudio] expulsó de Roma a los judíos, que provocaban alborotos continuamente por causa de un tal Chrestos». Esa expulsión ocurrió hacia el año 41 de nuestra era. En el Nuevo Testamento también se habla de ella («Claudio había decretado que todos los judíos abandonasen Roma», Hch 18, 2). Sabemos que en Roma existía una numerosa colonia judía ya en el siglo I a. C., y que en otras ciudades habían causado disturbios, pero Suetonio parece indicar más bien que en el caso de Roma el origen de los alborotos no era externo, sino que se encontraba en el interior de la comunidad judía: «por causa de un tal Chrestos». Aunque el nombre griego de Cresto —«útil» o «rico»— era común, no se conoce a ningún personaje más o menos relevante en Roma en ese periodo con tal nombre. Más aún: no se ha encontrado ese nombre en las inscripciones funerarias romanas de esa época. Por otra parte, en algunos códices antiguos el nombre de Cristo aparece escrito conforme a esta grafía, de modo que es posible que Suetonio en realidad esté diciendo que la culpa de los altercados de los judíos la tenía «un tal Cristo».

A diferencia de Plinio y de Tácito, Suetonio no dice más ni aclara quién podía ser este personaje. Sin embargo, si se acepta la hipótesis de que se refiera a Jesús de Nazaret, el texto cobra claridad: no dice que Cristo estuviera personalmente implicado en los disturbios, sino que era la causa de que los judíos generaran esos altercados. Comparemos esto con lo que le pasa a San Pablo cuando llega a las sinagogas de la diáspora y, al anunciar a Cristo, los judíos arremeten contra él. En el año 41, Pablo todavía no ha llegado a Roma, pero según la historiografía cristiana antigua podría haberlo hecho Pedro a inicios de esa década.

Ya sea por la predicación de San Pedro o porque los judíos de Roma conocieron a Cristo en sus peregrinaciones a Jerusalén, es posible que los disturbios en la sinagoga romana tuvieran su origen en las discusiones sobre el Mesías, y que al ser tan numerosa la población judía, esas discusiones desencadenaran conflictos de tal magnitud que obligaron al propio emperador a intervenir. De ser así, Suetonio estaría certificando la rápida difusión de la fe cristiana y el carácter revulsivo que esa fe tenía en el seno del judaísmo.

Por último, hay fragmentos del orador romano Marco Cornelio Frontón (100-168) o del dramaturgo griego Luciano de Samosata (120-180), que en su obra «La muerte de Peregrino» ridiculiza a los cristianos y se burla de «su fundador crucificado», así como brevísimas referencias en Epícteto (55-135) y en Marco Aurelio (121-180; emperador del 161-180).

“Los cristianos, reclutando desde los lugares más bajos hombres ignorantes y mujeres crédulas que se dejan llevar por la debilidad de su sexo, han constituido un conjunto de conjurados impíos, que, en medio de reuniones nocturnas, ayunos periódicos y alimentos indignos del hombre, han sellado su alianza, no con una ceremonia sagrada sino con un sacrilegio […]. Se reconocen por señales ocultas y se aman entre ellos, por así decir, antes de conocerse […] Tengo entendido que ellos, no sé por qué estúpida creencia, adoran, después de haberla consagrado, una cabeza de asno […] Y quien dice que un hombre castigado por un delito con la pena suprema y el leño de una cruz constituyen la lúgubre sustancia de su liturgia, no hace sino atribuir a estos bribones sin ley el ritual que mejor les pega, es decir, indica como objeto de su adoración justo lo que ellos merecerían”. 

Marco Cornelio Frontón (en «Los orígenes del cristianismo»)

“Es más: incluso desde ciertas ciudades de Asia llegaron enviados de las comunidades cristianas para socorrer, defender y consolar a nuestro hombre [Peregrino]. Porque es increíble la rapidez que muestran tan pronto se divulga un hecho de este tipo. Y es que –para decirlo con sus propias palabras – no tienen bienes propios. Y ya tienes que va a parar a los bolsillos de Peregrino –procedente de manos de esta gente –una gran suma de dinero en razón de su condena; con ello le ayudaron, y no poco, monetariamente. Y es que los infelices creen a pies juntillas que serán inmortales y que vivirán eternamente, por lo que desprecian la muerte e incluso muchos de ellos se entregan gozosos a ella. Además, su fundador les convenció de que todos eran hermanos. Y así, desde el primer momento en que incurren en este delito reniegan de los dioses griegos y adoran en cambio a aquél sofista crucificado y viven según sus preceptos. Por eso desprecian los bienes, que consideran de la comunidad, si bien han aceptado estos principios sin una completa certidumbre, pues si se les presentan un mago cualquiera, un hechicero, un hombre que sepa aprovecharse de las circunstancias, se enriquece en poco tiempo, dejando burlados a esos hombres tan sencillos”.

Luciano (Obras, II -bilingüe-, CSIC, Salamanca 1992, pág. 133)

“Luego por pasión de ánimo uno es capaz de comportarse así frente a tales cosas y por hábito los galileos”.

Epícteto (en «Los orígenes del cristianismo»)

“¡Qué índole la del alma dispuesta tanto a separarse, si es preciso, del cuerpo, como a extinguirse o disiparse o a persistir! Pero que este estar dispuesto proceda de la propia decisión, no de la mera terquedad como en el caso de los cristianos, de un modo reflexivo y digno, que convenga a los demás, sin teatralismo trágico”.

Marco Aurelio (en «Los orígenes del cristianismo»)

En casi todos los casos, los autores de estos textos sienten reservas y animadversión contra los cristianos e incluso odio. Con todo, ninguno de ellos niega la existencia de Jesús de Nazaret, ni su juicio por parte de la autoridad romana, ni su muerte en cruz, ni la estela cada vez más numerosa de discípulos que le siguen, y que de modo sorprendente y hasta escandaloso han llegado a creer que aquel crucificado era Dios.

Lejos de negar nada de esto, lo toman como verdadero, como un hecho necesario para explicar los acontecimientos posteriores ya sea el incendio de Roma, o las revueltas de los judíos, o la crisis del mercado de carne, o la justificación de una sátira. Por eso, aunque sus referencias sean muy breves y a veces nebulosas, resultan capitales: certifican, desde fuera de la fe cristiana, que el origen de esa fe es un judío crucificado en tiempos de Poncio Pilato.

- Fuentes no cristianas judías

En su obra “Antigüedades Judías”, el historiador Flavio Josefo (37-100 d.C.) aporta una información sobre Jesús que se conoce como el “Testimonio Flaviano” (Ant 18, 63s). Desde hace siglos se discute sobre su autenticidad, pues hay expresiones típicas de Josefo, pero también algunas frases claramente cristianas que en modo alguno pueden atribuirse a él, ya que murió siendo judío.

Por este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio. Fue autor de obras increíbles y el maestro de todos los hombres que acogen la verdad con placer. Atrajo a muchos judíos y también a muchos paganos. Y aunque Pilato lo condenó a morir en cruz a causa de una acusación de los hombres principales entre nosotros, sus anteriores adeptos no le fueron desleales. Y hasta el día de hoy existe el linaje de los cristianos, que se denomina así en referencia a él. 

Testimonio Flaviano

Algunos autores consideran el pasaje auténtico en lo esencial por un dato que ofrece el mismo autor. Al relatar la muerte de Santiago, obispo de Jerusalén, lo relaciona con Jesús utilizando la fórmula “el hermano de Jesús, llamado Cristo” (Ant 20, 200). Todos los estudiosos consideran auténtico el relato del martirio de Santiago y también la referencia a Jesús, pues no es el modo cristiano de aludirle.

Ahora bien, el hecho de que no se detenga a especificar quién es este Jesús, obliga a suponer que lo ha hecho en otro pasaje anterior, pero el único que puede ser identificado es el denominado “Testimonio Flaviano”. Los expertos han hecho varias reconstrucciones del original:

  1. Es un texto neutro que, con diferentes retoques, aparece en todos los manuscritos griegos, árabes y siriacos.
  2. El estilo y lenguaje es típico de Flavio Josefo.
  3. La concepción de Cristo no es cristiana pues lo considera como un sabio, un predicador de éxito.

La información de Flavio Josefo coincide con tres aspectos cruciales en el acontecimiento histórico: la capacidad de Jesús de realizar milagros, la responsabilidad de las autoridades judías en su muerte y la rápida difusión del cristianismo.

Sobre Flavio Josefo – J.P. Meir. Un judío marginal. 
Sobre Flavio Josefo II – Antonio González. Curso de Historia y Filosofía de las Religiones.

El Tratado del Sanhedrin del Talmud de Babilonia (43 a.C.) contiene una baraitha (o dicho judío) del siglo II que ha sido conservada.  

Fue transmitido: Jesús el nazareno fue colgado la vigilia de la Pascua. Cuarenta días antes, el heraldo había gritado: «Se le está conduciendo fuera para que sea lapidado porque ha practicado la hechicería y conducido a Israel fuera del camino llevándolo a la apostasía. Quien tenga algo que decir venga y lo declare». Dado que nada fue presentado en su defensa, fue colgado la Viglia de Pascua. 

BSANHEDRIN 43A

  • A su entender, se alude a un tal Jesu, discípulo de un rabino del 100 a.C., nombrado en Sanh 107b, al que se atribuye el ejercicio de la magia y la incitación de Israel a pecar. Pero el apelativo “el nazareno” está muy bien atestiguado.
  • Por otra parte, parece muy probable que el nombre del tal Jesu no figurara originalmente en el pasaje de Sanh 107b, ya que la misma noticia aparece sin ningún nombre en otros lugares (Bot 47a y Hag 77d).
  • Incluso, dado que el tal Jesu había residido temporalmente en Egipto y fue considerado apóstata, algunos rabinos amoraim, de una época bastante posterior, le identificaron con Jesús de Nazaret.
  • La mención del heraldo y de los 40 días parece una justificación apologética contra la acusación cristiana de que el juicio fue hecho con prisa y sin dar atención a los testigos a favor de Jesús.
  • La acción de ser colgado seguramente haya que interpretarla referida a la crucifixión, pues era algo de sobra conocido. Es muy improbable que este término designe aquí una exposición del cadáver después de la lapidación, lo que resulta sorprendente en caso de que hubiera sido el tipo de ejecución.
  • Y resulta llamativa la coincidencia que hay respecto al día de la muerte de Jesús en el texto rabínico y en el Evangelio de Juan (Jn 19, 14).

El dicho judío antes mencionado ha hecho que algunos estudiosos rechacen la identificación del reo con Jesús de Nazaret, sosteniendo que el apelativo “el nazareno” es un añadido posterior. 

- Fuentes cristianas

Pablo de Tarso fue un perseguidor de cristianos hasta el momento de su conversión. De todo el Nuevo Testamento los documentos más antiguos son las cartas de Pablo, de ahí, su valor como fuente histórica. Fueron escritas en los años 50-60 (Corintios, Romanos, Gálatas, Filipenses, Colosenses, Efesios) y el autor usa conceptos cristológicos que no explica porque supone que van dirigidas a comunidades capaces de entenderlos. Lo cual quiere decir que existe una comprensión de Jesús ya arraigada 20 años antes de su muerte, el tiempo necesario para empezar a enseñar, explicar, repetir y hasta fijar los términos de uso común. En resumen, el hecho es relevante: Pablo cita textos que circulaban antes de que él escribiera sus cartas, por lo que la comunidad de Corinto manejaba en sus asambleas escritos que eran de sobra conocidos por los miembros. Por lo que el epistolario paulino es una fuente de valor histórico incalculable dada su cercanía al hecho de Jesucristo.

Uno de los casos más llamativos es el himno cristiano más antiguo. Pablo cita en la carta a los Filipenses un himno litúrgico 10 años anterior a su carta del 54. Existía una concepción de Jesús muy distinta a la de un Mesías político, la misma que encontramos en los Evangelios (no casualmente). 

… Cristo Jesús: el cual, siendo de condición divina, no consideró como presa el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza y tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres. Y en su condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó y le dio el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor.

Carta a los Filipenses (Fp 2, 6-11)

  • El himno habla del modo de existencia divina de Jesús.
  • Refiere el hecho histórico de la muerte en cruz y su Resurrección, sin hablar de estos datos como símbolos, sino como realidades ocurridas en el tiempo.
  • Las expresiones del himno denotan un origen judeocristiano.
  • El himno prepaulino destaca que Jesús ha optado por una vida de esclavo, lo que resulta chocante para una concepción helenista de la divinidad.
  • Esto implica un mesianismo distinto del de un poder político.
  • “El Nombre sobre todo nombre” tiene como trasfondo toda la teología judía y judeocristiana del Nombre divino. Esta expresión, por sí sola, revela que Cristo tiene ya el carácter divino antes de cualquier reflexión de San Pablo y que esta divinización no se opera en ámbito griego, sino judeocristiano.

Otro texto clave es la primera carta a los Corintios en torno al año 52, que contiene un sustrato arameo muy estudiado por los expertos. Manifiesta la convicción de que Jesús, un hombre crucificado, es salvador, para dar cumplimiento a la Palabra Sagrada. La opinión común es fechar este credo en los 10 años posteriores a la crucifixión, puesto que la fórmula de transmisión tiene giros lingüísticos no paulinos.

Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce; después se apareció a más de 500 hermanos, de los cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron. Luego se apareció a Santiago; más tarde a todos los apóstoles. Y en último término, se me apareció también a mí, que soy como un aborto. 

Primera carta a los Corintios (1 Co 15, 3-8)

  • “Pecados”, en lugar de «pecado»
  • “Según las Escrituras” en lugar de «como está escrito»
  • “Resucitó” en lugar del “aoristo”
  • “Ofzé” (se apareció), usado en el doble sentido de «aparecerse» y «ser visto», según su equivalente arameo, lo que implica que la tradición estuviese formada en arameo en tiempo muy próximo a los acontecimientos mismos (antes de la fundación de la comunidad de Corinto, 49 d.C.)

David Flusser, profesor judío de historia del Segundo Templo y del Nuevo Testamento en la Universidad Hebrea de Jerusalén, sostiene que no hay motivos para dudar del contenido de la carta corintia.

Hay otros ejemplos de fórmulas extraídas de las Cartas de San Pablo que han perdurado como contenido litúrgico para enseñar la fe: 

 

Romanos 1: acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos, Jesucristo Señor nuestro (…).

Colosenses 1: Él es imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles…, todo fue creado por Él y para Él, él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia.

2 Timoteo 2: Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, descendiente de David (…).

Las cartas de Pablo no solo contienen fórmulas de fe sobre la persona de Jesús, sino también datos importantes de su vida:

  • Nació de madre judía y cumplía con la Ley mosaica
  • Tenía parientes judíos y sus antepasados eran antiguos patriarcas
  • Era descendiente de David y de Abraham
  • Vivió pobre
  • Eligió a sus apóstoles y constituyó el colegio de los Doce
  • Instituyó la Eucaristía la noche misma en que iba a ser entregado
  • Fue ajusticiado bajo Poncio Pilato
  • Lo fue precisamente en la Cruz
  • Murió a manos de los judíos
  • Fue sepultado
  • Resucitó (esto aparece hasta 15 veces)
  • Después de la Resurrección fue visto por sus discípulos, por más de 500 de los que la mayoría aún vivían, y por el mismo Pablo
  • Cita a sus hermanos (parientes próximos) como conocidos por la comunidad

¿Cuál es la conclusión que se puede sacar después de analizar las cartas de San Pablo como fuentes cristianas? Que Jesús de Nazaret murió en el año 30 y que Pablo escribe en la década de los 50 con la certeza de un Cristo divino y salvador de todos. Además, no explica su concepción de Cristo, sino que la da por conocida y usa fórmulas que ya circulaban en las comunidades cristianas. Por tanto, no solo no han pasado las dos generaciones necesarias para atribuir a Jesús una pretensión de verdad, sino que dentro de la primera generación de los que lo conocieron se desarrolló esa fe, fruto del contacto directo.

Lo que Pablo transmite es una experiencia y la pregunta que despierta en nosotros es: ¿Qué es más razonable? ¿Pensar que inventaron al personaje y se salieron con la suya o que transmitieron algo que sucedió y no puede desmentirse, aunque no se crea en la pretensión divina de Jesús y en su posibilidad de dar respuesta a la vida?

Las fuentes cristianas que conocemos como Nuevo Testamento constituyen un conjunto de textos estudiados y contrastados en las universidades en los últimos doscientos años. Estos estudios dan cuenta de cómo surgió el cristianismo y los relatos de la vida de Jesús de Nazaret.

No puede probarse históricamente que Jesús de Nazaret fue el Mesías y el Hijo de Dios, puesto que reconocer eso requiere una certeza que se llama fe y que no viene de los razonamientos históricos ni de ningún tipo. Pero sí puede argumentarse que la hipótesis más razonable es que el cristianismo fue puesto en marcha porque unos hombres descubrieron a Jesús y decidieron aceptar su pretensión de ser Mesías e Hijo de Dios.

Solo si fue así se da cuenta cabal de un movimiento histórico y de unos textos que nos narran quién fue, qué hizo, cómo reunió un grupo de discípulos y qué les enseñó, cómo vivió y murió ese hombre excepcional. Y lo que sucedió después de su muerte.

Si algún texto de la antigüedad tiene fiabilidad es el Nuevo Testamento por el gran número de copias que se conservan y la mínima distancia que hay entre los documentos y los hechos. Es verdad que entre tantos documentos (más de 25.000) existen muchas variantes, por errores u omisiones de los copistas, pero combinando todo es posible reconstruir con altísima fiabilidad todo el Nuevo Testamento. Podría reconstruirse prácticamente todo el Nuevo Testamento (faltan muy pocos versículos, intrascendentes) a partir de las citas de los autores cristianos de los primeros cuatro siglos.

  • 25.000 manuscritos o fragmentos del Nuevo Testamento (pueden reconstruirse los originales con gran seguridad).
  • 643 manuscritos o fragmentos de la Ilíada.
  • 7 manuscritos o fragmentos de Platón.
  • Textos más antiguos del NT: 20-50 años de distancia.
  • Textos más antiguos de Homero: 400 años de distancia.
  • Textos más antiguos de Platón: 1.300 años de distancia.

La seguridad textual es apabullante, como sintetiza Benedicto XVI en su libro “Jesús de Nazaret”.

Solo si ocurrió algo realmente extraordinario, si la figura y las palabras de Jesús superaban radicalmente todas las esperanzas y expectativas de la época, se explica su crucifixión y su eficacia. Apenas veinte años después de la muerte de Jesús encontramos en el gran himno a Cristo de la Carta a los Filipenses (cf. 2, 6-11) una cristología de Jesús totalmente desarrollada, en la que se dice que Jesús era igual a Dios, pero que se despojó de su rango, se hizo hombre, se humilló hasta la muerte en la cruz, y que a Él corresponde ser honrado por el cosmos, la adoración que Dios había anunciado en el profeta Isaías (cf. 45, 23) y que solo Él merece.

La investigación crítica se plantea con razón la pregunta: ¿Qué ha ocurrido en esos veinte años desde la crucifixión de Jesús? ¿Cómo se llegó a esta cristología? En realidad, el hecho de que se formara en comunidades anónimas, cuyos representantes se intenta descubrir, no explica nada. ¿Cómo colectividades desconocidas pudieron ser tan creativas, convincentes y, así, imponerse? ¿No es más lógico, también desde el punto de vista histórico, pensar que su grandeza resida en su origen, y que la figura de Jesús haya hecho saltar en la práctica todas las categorías disponibles y solo se la haya podido entender a partir del misterio de Dios? Naturalmente, creer que precisamente como hombre Él era Dios, y que dio a conocer esto veladamente en las parábolas, pero cada vez de manera más inequívoca, es algo que supera las posibilidades del método histórico. Por el contrario, si a la luz de esta convicción de fe se leen los textos con el método histórico y con su apertura a lo que lo sobrepasa, éstos se abren de par en par para manifestar un camino y una figura dignos de fe. Así queda también clara la compleja búsqueda que hay en los escritos del Nuevo Testamento en torno a la figura de Jesús y, no obstante, todas las diversidades, la profunda cohesión de estos escritos.

Jesús de Nazaret. Benedicto XVI

Cuando se estudia la veracidad de los documentos antiguos es fundamental considerar el tiempo transcurrido entre los sucesos narrados y la historia que da cuenta de ellos. Los expertos confían en la historicidad si median dos generaciones (70-80 años), ya que consideran que en ese lapso no puede inventarse un gran acontecimiento por dos motivos:

  • En esas dos generaciones hay testigos vivos que desmentirían el invento, haciendo imposible que la fábula se instalase en la memoria colectiva.
  • Supuesto el intento de forjar una leyenda quedarían rastros de la controversia entre los fabricantes de la leyenda y los muchos que no vieron lo que pretenden hacer creer.

Teorías sobre la redacción del NT

Teoría de las Dos Fuentes: Marcos y la fuente Q (los dichos) constituirían los pilares fundamentales de redacción. De Marcos y de Q se sirven tanto Mateo como Lucas que, a su vez, utilizan fuentes propias (Mt 1 y Lc 1).

Teoría del Proto-Marcos: sostiene la existencia de un Evangelio anterior al de Marcos actual y del que seguirían dependiendo Mateo y Lucas. Hay estudiosos que mantienen que los sinópticos provienen de redacciones antiguas escritas en arameo, cuya base esencial la constituye Mateo, escrito también en arameo y traducido con posterioridad al griego.

Ahora bien, los estudios de este último siglo y medio han dejado fuera de duda las fuentes que utilizó Lucas para componer su evangelio, identificadas como la fuente Q, el evangelio de Marcos y otras fuentes propias. Estas fuentes debieron existir ya en griego en la década del 40 al 50. Pero sometiendo estas fuentes a un concienzudo estudio de filología bilingüe, queda fuera de toda duda el dato de que las tres fuentes que utilizó para el ministerio público, pasión y resurrección fueron compuestas en arameo. Todas ellas, por tanto, debieron nacer para cristianos de habla aramea, es decir, de Palestina o regiones cercanas en las que ciertos moradores no habían asimilado aún la lengua griega. Por tanto, es necesario concluir que los originales semíticos de las fuentes de Lucas se escribieron en la primera década después de la muerte de Jesús, del 30 al 40.

Los orígenes del cristianismo. J.M. García. 

¿Cuántos años transcurrieron desde la muerte de Jesús hasta su redacción? La datación variará en función de la teoría de composición de los Evangelios aceptada. Según la Teoría de las Dos Fuentes, Marcos estaría escrito entre los años 64 y 70, situándose Mateo y Lucas entre los 70 y los 80, y Juan en los 90. Puesto que el resto de las teorías de composición sostienen redacciones previas, las fechas se acortarían considerablemente llegando a situar fragmentos originales en arameo en la década del 30 al 40, poco después de la muerte de Jesús. Los Evangelios actuales y sus fuentes fueron escritas de 10 a 50 años de los acontecimientos narrados, o sea, menos de dos generaciones. De hecho, es después de dos generaciones cuando empiezan los Evangelios apócrifos y otros escritos, con añadidos fantásticos y copias de otras religiones (los apócrifos gnósticos).

Evangelios apócrifos

–  Los evangelios judeocristianos conocidos por los nombres de Evangelio de los hebreos, Evangelio de los nazarenos, Evangelio de los ebionitas y Evangelio de los 12 apóstoles.
–  El Evangelio de Pedro.
–  El Protoevangelio de Santiago.
–  El Evangelio de Tomás.

Las fechas que comúnmente se manejan para los Evangelios son:

  • Alrededor del 50: consignación por escrito de la tradición oral, el Evangelio de Mateo en arameo y la fuente Q (los dichos de Jesús)
  • Hacia el 64: el Evangelio de Marcos
  • Hacia el 70: el Evangelio griego de Mateo, el de Lucas y los Hechos de los Apóstoles
  • En los 90: el Evangelio de Juan en su estado actual

Nuevo Testamento refiere que 5-15-20-30 años atrás, un artesano judío de personalidad excepcional mostró una nueva mirada sobre Dios y la vida humana que cautivó a muchos, se hacía pasar por Dios encarnado y fue crucificado, muerto y sepultado, resucitó y subió al cielo. Era un personaje encuadrado en un tiempo, espacio y circunstancias verificables, tratado por las autoridades romanas y judías, con parientes y conocidos todavía vivos.

Los discípulos de cualquier maestro son los más interesados en que su memoria se conserve intacta. El profesor Sherwin-White, historiador de la Antigua de Grecia y Roma, en la Sarum Lecture de la Universidad de Oxford, expuso que dos generaciones es muy poco tiempo para que la tendencia a convertir la historia real en leyenda pueda borrar la solidez de los hechos históricos. 

Es interesante descubrir cómo coinciden todas estas fuentes en lo fundamental: Jesús fue un maestro que predicó y tuvo seguidores, hizo obras fuera de lo ordinario, murió en un tiempo y lugar muy precisos, y después de su muerte los suyos se reúnen para cantarle himnos como a un Dios. 

Fuentes no cristianas confirman varios datos clave:

  • Un cierto “Cristo”, originario de Judea, que realizaba milagros (obras admirables: Flavio Josefo; de hechicería: Talmud), fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato (años 26-36), bajo el principado de Tiberio (Tácito; Flavio Josefo).
  • Hacia el año 50 los judíos en Roma se querellaron bajo el nombre de Chrestos (Suetonio).
  • En el año 64 Nerón persiguió y ejecutó a seguidores del Cristo (Tácito y Suetonio).
  • Hacia el 93-94 existía la comunidad de los “cristianos” en referencia a Cristo (Flavio Josefo).
  • En el año 112 hubo una investigación sobre las actividades de los cristianos: se reunían un cierto día a la semana para cantar himnos a Cristo y compartir la cena en común (Plinio el Joven).

La historicidad de los textos no significa que sean historia en sentido moderno. No son biografías, pero sí son históricos. ¿Cumplen los Evangelios con estos parámetros? Aquí presentamos alguna objeciones: 

  • Faltan acontecimientos esenciales al interés biográfico.
  • Los Evangelios no contienen un relato seguido y la única fecha precisa es el año 15 de Tiberio.
  • En Jn Jesús sube cuatro veces a Jerusalén, los sinópticos narran solo un viaje a Jerusalén.
  • Hay diferencias en datos importantes: la muerte de Jesús en el día de Pascua (sinópticos) o el día anterior (Jn); la expulsión de los mercaderes al final del ministerio (sinópticos) o al principio (Jn); la predicación de Jesús en Nazaret bastante avanzado su ministerio (Mt y Mc) o al comienzo (Lc).
  • Narraciones con variantes: Mc y Lc sobre un ciego en Jericó y el endemoniado en Gerasa; Mt sobre dos ciegos en Jericó y dos endemoniados en Gerasa; las bienaventuranzas (Mt: ocho; Lc: cuatro y cuatro maldiciones); el Padrenuestro (Mt: largo, Lc: breve); parábolas dichas todas juntas (Mt) o en diversos momentos (Mc y Lc).

Estas características condicionan la forma del relato, pero no se oponen a la validez histórica del mismo. La veracidad de la noticia no se deduce de la forma, sino de la comprobación. En los relatos evangélicos hay que distinguir forma literaria e historicidad y la primera no prejuzga la segunda. Los Evangelios no son crónicas o informes meticulosos de la vida de Jesús. Son libros especiales por su contenido y su finalidad: dar a conocer la excepcionalidad del personaje y ayudar a la liturgia y la predicación en las comunidades nacientes. Esto es lo que dice el mismo evangelista Lucas en su prólogo. 

En el Evangelio de Lucas hay dos datos fundamentales:

  • Que el autor sabe que existen escritos, y muchos, que circulan por las comunidades cristianas, que él ha consultado y que él se sitúa en esa corriente de transmisión sobre la vida de Jesús.
  • Que su intención no es un escrito ejemplar o sapiencial para enseñar una vida recta o un sentimiento religioso edificante, sino contar algo sucedido en un tiempo y lugar determinados.

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel (…). 

Evangelio según San Lucas. Lc 1, 1-15.

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados…

Evangelio según San Lucas. Lc 3, 1-3.

Estilo austero

En la primera comunidad cristiana se discutía sobre los libros que eran auténticos. Se trataba de una comunidad que no aceptaba todos los escritos por muy solemnes que fueran sus títulos y rechazaba los que se llamaban obras de los apóstoles que no respetaban la historia. Se quedaba solamente con cuatro entre casi cincuenta que se les presentaban desde finales del primer siglo hasta el tercero.

Los Evangelios apócrifos contienen algunos rasgos positivos, sacados la mayor parte de las veces de los Evangelios canónicos. Cediendo al gusto popular por lo maravilloso y lo legendario, se dejan llevar por la tentación de completar los Evangelios, bien para colmar lagunas informativas que consideran insuficientes, bien para enriquecer el relato de la Resurrección con algunos detalles para establecer su realidad de forma irrefutable frente a la incredulidad. Desde mediados del siglo II, los cuatro Evangelios son considerados casi unánimemente como un conjunto compacto: son cuatro, ni más ni menos. ¿Es posible que unos judíos normales del siglo I imaginaran a Yahvé en un hombre y este crucificado?  Eso es lo que escribían y rezaban a los 20 años de los hechos. Un hebreo divinizado por hebreos sería una hipótesis poco relevante. Dentro y fuera del judaísmo se extendió muy pronto la fe en que Jesús había muerto y resucitado para salvar a los hombres. Sostener que no existieron los hechos que cuentan los Evangelios y que, sin embargo, suscitan un movimiento religioso que cambia el mundo es admitir un verdadero milagro histórico, un incendio sin mechero. Es sacrificar la razón de una manera que no lo hace la fe cristiana.

El análisis del estilo y otras cualidades de los Evangelios presentan otros rasgos de su fiabilidad histórica: el lenguaje creíble por desproporción entre lo contado y su estilo directo y escueto. Es decir, por un lado, un estilo sencillo, objetivo, franco, en comparación con los apócrifos u otros escritos religiosos que están llenos de fantasías. Y por otro, la altura del mensaje y su sublimidad, difícilmente concebible y sintetizable en un lenguaje tan directo por unos hombres tan poco formados. Finalmente, la excepcionalidad del personaje presentado es difícilmente inventada, aun queriéndolo. La diferencia entre las dos narraciones del nacimiento de Buda y el de Cristo es manifiesta, pues se palpan las implicaciones de la redacción con un lenguaje creíble.

El nacimiento de Buda

Entonces Maya-Devi, rodeada de 84.000 carros tirados por caballos, de otros 84.000 arrastrados por elefantes engalanados por ornamentos de toda clase, defendida por un ejército de 84.000 soldados valerosos, hermosos y perfectos, armados de escudos y corazas; precedida de 60.000 mujeres de los Cakya, protegida por 40.000 familiares del Rey Couddhodana nacidos de las familias del ramo paterno, viejos, jóvenes y de edad madura; rodeada de 60.000 personas del apartamento íntimo del Rey Couddhodana, cantando y haciendo resonar un concierto de voces e instrumentos de toda especie, cercada por 80.000 hijas de los Naga, de otras 80.000 de los Gandhavar, de 80.000 más de los Kinnara, de 80.000 hijas de los Asoura, después de disponer todos los preparativos y ornamentos, cantando himnos y alabanzas de todas clases; seguida (de este cortejo) descendió la reina del palacio. Todo el jardín de Loumbini, regado por agua perfumada se llenó de flores divinas; y todos los árboles, en el más hermoso de los jardines, aunque no era todavía la estación, produjeron hojas y frutos. Y los dioses adornaron este jardín tan bien como lo habían hecho con el jardín de Micraka.

Entonces Maya-Devi, entrando en el jardín de Loumbini y descendiendo de su magnífico carro, rodeada por las hijas de los hombres y de los dioses, iba de árbol en árbol, hasta que llegó al Plakcha, el más hermoso de los árboles… Inmediatamente el árbol Plakcha, por influjo de Bodhisattva, se inclinó en señal de saludo. Entonces Maya-Devi tomando una rama y lanzando una mirada al cielo y un suspiro quedó inmóvil. En este momento, de los dioses Kamavatchara 60.000 Aspsara, acercándose a servirla le dieron escolta de honor. En compañía de una potencia sobrenatural semejante, Bodhisattva entró en el seno de su madre.

Después de 10 meses completos salió del costado de su madre, dotado de memoria y ciencia, sin ser tocado por las manchas del seno materno, cosa que no puede decirse de ningún otro. En el mismo momento Cakra, el señor de los dioses, y Brahma, el señor del Saha, aparecieron de pie junto a él. Los dos con el más profundo respeto, recordando y reconociendo en su cuerpo y en las partes de su cuerpo el Bodhisattva envuelto en un vestido divino de Kaci, lo acogieron (en sus brazos). Y el palacio que Bodhisattva había habitado cuando estaba en el seno de su madre, Brahma, el señor de los Saha y los hijos de los dioses Brahmakayika lo transportaron al mundo de los Brahma para hacer de él un Tchaitya y para honrarlo. Bodhisattva no fue tocado por ningún ser humano, sino que fueron las divinidades las primeras que lo recibieron.

Lalita-Vistara, c.VII

El nacimiento de Cristo

Mientras estaban allí, se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz su hijo primogénito: lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 

Evangelio de Lucas, Lc 2, 6-7