El cristianismo es un
acontecimiento histórico II

Si hubo intento de forjar una leyenda cuando había testigos vivos de los hechos habría testimonios de las disputas que se provocarían. En los Hechos de los Apóstoles se discuten cuestiones menores como la necesidad de circuncidarse o comer algunos alimentos de acuerdo con la Torá. Eran asuntos espinosos que generaron fuertes fricciones en esas primeras comunidades, cuánto más lo hubiera sido una cuestión sobre la identidad del maestro de todos ellos. Tanto el himno cristiano más antiguo (Flp 2), el sermón cristiano más antiguo (Hch 1 y 2) y la inscripción cristiana más antigua se refieren a Cristo como Señor y Dios.

David Strauss, uno de los padres de la teoría del mito cristiano, pensando que los Evangelios eran de la mitad del siglo II, sostuvo en su introducción a “La Vida de Jesús” (1835) que había una razón por la que serían imbatibles.

“La historia evangélica sería inatacable si se probase que había sido escrita por testigos oculares o por lo menos por autores cercanos a los sucesos”.

Se daba cuenta de que no puede inventarse exitosamente un hecho religioso de esta magnitud antes de 80 o 100 años del pretendido suceso. 

Influencia del helenismo

Se ha argumentado que la divinización del Mesías tiene que realizarse fuera de Judea, en ambiente claramente helenista. Desde el siglo III a.C. Judea había sido sometida a un proceso de helenización muy intenso, a pesar de la resistencia de los Macabeos y de las tendencias nacionalistas.

Pero hay un punto en el que en el judaísmo resultó inflexible: la concepción de Dios. Ninguna secta judía, ni dentro ni fuera de Judea, ni siquiera en la helenística y culta ciudad de Alejandría, admitió jamás la más remota semejanza del Dios de Israel con ningún culto pagano. Todo lo contrario. Puede verse muy claramente en el caso de Filón, el sabio judío, contemporáneo de Jesús, que explica en Alejandría la Torá con el procedimiento de los filólogos griegos en categorías muy próximas a la filosofía; ni siquiera Filón es capaz de renunciar al monoteísmo radical de Israel, sino que, por el contrario, lo afirma con toda contundencia. Puede verse incluso en la consideración de idolátrico que tuvo el templo construido en Egipto tras la ruina del año 70, a pesar de ser sus sacerdotes de la casa de Aarón y tener la misma fe de antes. Todo esto muestra cómo cualquier judío que tuviera un planteamiento religioso era completamente refractario a todo tipo de influencia religiosa pagana.

La helenización del mismo territorio de Judea muestra que no es necesario acudir al contexto helénico de Pablo de Tarso para poner en él el origen de una helenización del Mesías judío: si esa hipotética helenización era posible, lo era en el territorio mismo de Judea y en el tiempo mismo de Jesús. No es necesario que sea Pablo quien tenga que mezclar la idea del Mesías judío con la de los mitos paganos si puede operarla directamente el propio Jesús. Y si Jesús no puede porque repugna a la mentalidad de un judío monoteísta, entonces tampoco podría hacerlo Pablo, que era tan monoteísta como Jesús, además, explícitamente fariseo y en una distancia tan corta de tiempo respecto de la muerte de Jesús.

El mesianismo de Jesús supone una continuidad y una ruptura en el contexto de la religión de Israel, y una espiritualización y divinización de esa esperanza solo puede justificarse en el propio Jesús. En eso coinciden sus discípulos, a pesar de que procedan de aquellos diversos grupos judíos. La diversidad de origen de sus discípulos marcará, sin duda, acentos diversos en la forma de expresar la fe cristiana y también tensiones que recoge el Nuevo Testamento de forma explícita o entre líneas. Por detrás hay un denominador común: el reconocimiento de Jesús, muerto y resucitado, recibido como Kyrios-Dios.

Por tanto, la historia es la que interpela. El origen de la pretensión cristiana está en el propio Jesús, en sus palabras y en sus hechos. Aquellos discípulos suyos, que le escucharon y le conocieron personalmente, captaron que la historia de Jesús tenía una clara correspondencia con la salvación que Israel esperaba. Dentro de la mejor tradición judía (Is 60) San Pablo captó que esa salvación no podía referirse solo a Israel y su mérito consistió en llevarla a los demás pueblos. Lejos de helenizar el cristianismo, comenzó la cristianización del helenismo. Los textos y los hechos están allí, pero no son neutrales, aunque pueden interpretarse desde los enfoques o las preconcepciones que se tengan. Esos textos y esos hechos invitan a tomar postura frente a la pretensión de Jesús.

Documentos arqueológicos

Aunque la Tierra Santa está sembrada de documentos arqueológicos, hablaremos solo de cuatro. El primero, el llamado cuadrado mágico que escondía todo un credo cristiano; el segundo, una lápida con una orden imperial inscrita en griego sobre la inviolabilidad de las tumbas; el tercero, las excavaciones en Cafarnaúm donde estaba la casa de Pedro; y el cuarto, la basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén.

  • En Dura Europos, guarnición romana en territorio sirio, se encontró un palíndromo conocido como el cuadrado mágico por sus llamativas características. Se conocían muestras suyas en diferentes lugares y épocas, pero esta tenía el valor de ser la más antigua conocida, del siglo III d.C. Si después de admirar sus simetrías se observa el contenido hay una información totalmente inocua sobre la habilidad de un campesino. ¿Tanto ingenio para decir tan poco? Por eso, los arqueólogos buscaban durante largo tiempo un significado oculto. En 1925, Félix Grosser y Sigurd Agrell sorprenden al anunciar, cada uno por su lado, que han descifrado el criptograma. Permitían ver que eran los cristianos los que habían escondido una confesión de fe en Cristo crucificado, Alfa y Omega de la creación (como se cita en el Apocalipsis), y maestro de oración que enseñó el padrenuestro. Todo un pequeño credo cristiano guardado en ese cuadrado.
  • En Pompeya (sepultada en el 79 d.C.), en noviembre de 1936, se encontró un cuadrado mágico grabado en una columna frente al anfiteatro con un triángulo encima (símbolo de la Santísima Trinidad). Justo al lado del jeroglífico hay tres letras seguidas: la N (centro de la cruz), flanqueada de la A y la O, que deben situarse fuera. El dato arqueológico permite concluir que el culto a la Cruz y la simbología de las letras son anteriores al 79. O sea, existía una traducción latina del Padrenuestro y había un culto a la Trinidad en la península itálica. No ha pasado una generación y en Pompeya los cristianos veneran al crucificado como hombre y como Dios trinitario. De la arqueología y de los textos se llega a la misma conclusión: no hay tiempo suficiente para inventar la leyenda ni para que los inventores se salgan con la suya.

SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS
(El sembrador Arepo guía con destreza las ruedas [de su carro])

 

 

 

 

 

 

 

 

El teólogo Norman Geisler encontró una piedra en Nazaret en 1878, inscrita con un decreto del emperador Claudio (41-54) que indicaba que no se debían tocar las tumbas ni mover los cuerpos. El transgresor podía ser sentenciado a la pena capital por el cargo de violación de un sepulcro. ¿La muerte por profanar una tumba? Una explicación plausible es que Claudio, conociendo la doctrina cristiana sobre la Resurrección, al investigar las revueltas del 49, decidiese no permitir que volviera a suceder. Es un primer testimonio de creencia fuerte de que Jesús había resucitado de entre los muertos.

Las excavaciones arqueológicas en Cafarnaúm han demostrado que la localidad existía desde finales de la época helenística y han sacado a la luz viviendas de piedra basáltica, tiendas y mobiliario de un poblado pesquero de la antigua Galilea, a orillas del lago Tiberíades, durante el primer periodo romano. Es lo que se conoce como “la ciudad de Jesús” pues varios sucesos importantes de su vida ocurrieron ahí: la llamada de los discípulos, la curación de la suegra de Pedro, el milagro del paralítico, la curación del siervo del Centurión, la resurrección de la hija de Jairo…

Desde 1968 hasta 2003 se redactaron una serie de informes sobre las 23 campañas de excavaciones efectuadas en la propiedad franciscana iniciadas en 1838. En una de estas campañas se descubrió una importante basílica octogonal bizantina, construida sobre lo que fuera la humilde casa de Pedro, de la que se conserva toda la planta, y que posteriormente se convirtió en la “Domus Ecclesia” para veneración y culto de la primera comunidad cristiana. La casa de Pedro no fue solo residencia de Jesús, sino también lugar donde Jesús impartía enseñanzas particulares a los suyos. Igualmente significativa es la sinagoga hallada en el centro del pueblo, en cuyo subsuelo han salido a la luz importantes vestigios de estilo helenístico-romano desde el siglo I al V.

La tradición cristiana ha considerado siempre que esa iglesia se alza sobre el lugar de la tumba de Jesús de Nazaret. De hecho, no parece que nadie lo haya puesto en duda antes del siglo XIX, pero hacia final de ese siglo algunos sostuvieron que tal emplazamiento no era el adecuado, ya que los textos hablaban de una tumba fuera de la muralla y próxima al Calvario. Así, en 1883 el general británico Charles G. Gordon identificó, fuera de las murallas y cerca de la Puerta de Damasco, una peña que podía parecerse a un cráneo, y a su lado una tumba en un espacio abierto que podía ser un huerto o un jardín. En su momento causó gran sensación y todavía algunos visitan la “Garden Tomb” como el sepulcro de Jesús. Lo que ocurre es que, al estudiar más de cerca el lugar, los arqueólogos han hallado que se trata de una tumba que en el tiempo de Jesús llevaba ya unos ocho siglos excavada, lo que no cuadra con la descripción que hacen las fuentes de una tumba nueva, donde nadie había sido enterrado todavía.

En cuanto a la tumba que encierra el Santo Sepulcro, en primer lugar, la iglesia se encuentra dentro de la muralla del siglo XVI, pero en el tiempo de Jesús ese espacio estaba próximo a la muralla, fuera de ella. Pocos años después de la muerte de Jesús, Agripa edificó una muralla que situó la tumba intramuros. Lo que el visitante ve hoy allí es fundamentalmente una iglesia cruzada del siglo XII, que venía a remodelar la reconstrucción bizantina del siglo anterior sobre las ruinas de otra basílica también bizantina del siglo VII, que era a su vez la reconstrucción de la basílica levantada por Constantino en el siglo IV en el espacio que desde el siglo II había ocupado el foro de Adriano y que, a su vez, había sido edificado nivelando un espacio irregular que incluía una peña, una antigua cantera abandonada, la ladera de una colina y una terraza. En el siglo XX, debido a diversas obras de remodelación, los arqueólogos han descubierto, además de vestigios de los estratos anteriores, una admirable coincidencia con los relatos del Evangelio: hay restos de una peña, el espacio vacío de lo que fue una cantera, convenientemente rellenado de tierra para hacer un huerto y tumbas de tipo kokhin, propias del siglo primero de nuestra era.

Consideraciones sobre la tumba vacía de Jesús de Nazaret
Los expertos en el Sudario de Oviedo, Guillermo Heras, Felipe Montero, Alfonso Sánchez y Juan Manuel Miñarro, se reunieron, por primera vez en 30 años, el pasado 11 de febrero en el Aula Magna de la Universidad Francisco de Vitoria, para exponer sus respectivas consideraciones sobre la “tumba vacía” de Jesús de Nazaret y hacer públicos los resultados de su investigación conjunta.

La historicidad de las fuentes – Salvador Antuñano Alea