CLAVE 5: Un Dios vivo y la tarea de una vida entera

Esta publicación se enmarca en el grupo de destacados del libro Dios no va conmigo para contextualizar el coloquio en torno al mismo que se celebrará el próximo día 16 entre profesoras creyentes y no creyentes de la Universidad Francisco de Vitoria.

También recomendamos dos reseñas publicadas y escritas por los profesores de Literatura José Manuel Mora-Fandos (Universidad Complutense de Madrid) y Victoria Hernández Ruiz (Universidad Francisco de Vitoria).

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#4 Jesús de Nazaret y la Iglesia

Los instantes de certeza de la experiencia del otro no fueron continuos o permanentes, pero esto no debía ser una anomalía. Lo comprendió mejor leyendo la explicación de Lewis sobre la fe como el arte de aferrarse a las cosas que la razón ha aceptado una vez, a pesar de los cambios de ánimo. Holly quería conocer al Creador, a ese que se relacionaba con su creación y que -como testimoniaba la estructura racional de la realidad- era orden, razón y logos.

Al igual que había hecho antes con la cuestión de Dios, Holly decidió investigar para conocer la figura de Jesús de Nazaret acercándose a textos, historiografías y evangelios. Lo que más le impactó fueron las afirmaciones sobre su identidad, el hecho de que la gente no se asombrara tanto por lo que enseñaba o sus milagros, sino por la autoridad directa con la que obraba. También le cautivó la muerte y resurrección, pues era distinta de las otras relatadas en la Biblia. Por ejemplo, la de Lázaro se había producido sin grandes consecuencias. «Sin embargo -escribe- Jesús de Nazaret no fue un simple hombre de la calle que resultó tener una segunda oportunidad en la vida. La afirmación cristiana, tal y como empezaba yo a verlo, no era que Jesús había revivido, sino que había resucitado. No regresó sin más de la muerte para llevar una vida humana normal, sino que, al pasar por la muerte, algo parecía haberle hecho a la propia muerte, de modo que morirse significaba ahora algo distinto«.

Ordway se planteó la veracidad de estos hechos y del acontecimiento del sepulcro vacío. ¿Era falso? ¿Se daban acaso las condiciones y el marco temporal para que se formara una leyenda? ¿Cómo podía ser si los apóstoles lo predicaron en la misma época en que la mayoría de los testigos presenciales vivían todavía? La alucinación colectiva tampoco era verosímil. Por otra parte, la posibilidad de que este relato lo hubiera generado la Iglesia pasaba por alto el problema mismo de la existencia de la Iglesia*. Además, como conocedora de la literatura, percibía la historicidad de los evangelios y comprendía su naturaleza:

«Los evangelios tienen la inefable textura de la historia, con esa extraña claridad de detalle que se percibe cuando el autor está narrando algo tan enorme que ni siquiera es consciente de todas las implicaciones mientras lo cuenta (…) Jesús no había sido una idea inspiradora. Había sido un hombre de carne y hueso, había sido un hombre vivo«

Nuevamente, tocaba decidir qué iba a significar eso para su vida, las implicaciones en la práctica. Sabía que llegados a este punto, seguir investigando era una forma de evasión del meollo que se le planteaba: conocer y vivir la Iglesia en su viva realidad. En definitiva, afrontar la existencia de un Dios vivo, desafío que no se podía superar leyendo.

«Era para mí más cómodo concentrarme en el desarrollo de mi fe por medio del estudio de las Escrituras, la teología y la filosofía, pero mi atención se veía atraída una y otra vez hacia la cruz: hacia su esencia, su increíble y escandalosa materialidad» Tocaba aprender a seguir a Cristo día a día. Lejos de resultar el final del camino, Holly había atisbado un nuevo horizonte; había descubierto la tarea de una vida entera.

** Para profundizar en la historicidad y la razonabilidad del Cristianismo, ir a los materiales del seminario el Sentido Busca al Hombre