CLAVE 3: Dos argumentos convincentes

Esta publicación se enmarca en el grupo de destacados del libro Dios no va conmigo para contextualizar el coloquio en torno al mismo que se celebrará el próximo día 16 entre profesoras creyentes y no creyentes de la Universidad Francisco de Vitoria.

También recomendamos dos reseñas publicadas y escritas por los profesores de Literatura José Manuel Mora-Fandos (Universidad Complutense de Madrid) y Victoria Hernández Ruiz (Universidad Francisco de Vitoria).

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#3 Dos argumentos convincentes

Firme en la voluntad de querer conocer la verdad «en aras de la verdad, sin más» y no en pro de posibles implicaciones como la felicidad, la utilidad o la comodidad, la protagonista elaboró una lista de argumentos a favor de la existencia de Dios y otra que recogiera las razones en contra (distinguiendo todos ellos de los argumentos que le distrajeran por referirse a la religión). Después se dispuso a examinarlos para descartar los erróneos y engañosos.

Hubo dos que le hicieron detenerse con cautela: la existencia de una primera causa y la existencia de la conciencia regida por una ley moral absoluta (que a su vez, apuntaba a un legislador absoluto). Esto sucedió a regañadientes, a la vez que asumía que la razón -guía por la que había apostado en esta búsqueda- no se lo iba a poner fácil a su ateísmo.

El argumento relativo a la causalidad era decisivo. No era nada opaco ni místico, se trataba de pura filosofía y cosmología: «Todas las cosas que empiezan a existir tienen una causa, la existencia del universo tuvo un inicio, por tanto, el universo tenía una causa. ¿Qué conclusión podía sacar yo de eso? (…) Era lógico preguntar, si el Big Bang lo empezó todo, ¿qué causó el Big Bang? Sabía que no valía con afirmar que el universo, por medio de fuerzas naturales, procedía de la nada: si eran fuerzas de la naturaleza las que intervenían para que se generara el universo, eso no era de la nada, sino de algo diferente de lo que ahora vemos, que no es lo mismo».

Holly habló con Josh pensando que él se limitaría a contestarle un fácil «Dios lo hizo». Sin embargo, Josh le remitió a los tipos de causas (las causas eficientes subordinadas que forman parte de una cadena de causas y efectos y aquellas que tienen capacidad personal de agencia y son la primera causa de la cadena). La existencia de una Primera causa, una causa incausada o motor inmóvil tenía todo el sentido. Reconocido lo razonable de este punto, correspondía preguntarse por cómo era realmente esa primera causa.

Holly mantenía que los valores morales objetivos existían, en la experiencia, observaba que los valores morales estaban arraigados en algo más profundo que la cultura y estaba segura de que el bien y el mal no eran relativos. Ante el conocimiento de saber que está mal matar a una persona inocente, entendía que esa certeza señalaba hacia fuera de sí misma. «No era algo que me hiciera falta que me enseñaran, era cierto sin más» -escribe Ordway- «sabía que ciertas cosas eran buenas de un modo que era independiente de mí misma».

La mejor explicación para este tipo de conocimiento moral es que había una bondad última de la que emanaban las virtudes, lo que llevaba a la convergencia entre los dos argumentos. «Dado que aceptaba la existencia de una primera causa, un creador, sobre fundamentos totalmente independientes, era racional concluir que ambos eran los mismo, que mi sentido innato de la moralidad me mostraba algo sobre la naturaleza de la primera causa, que este creador era también fuente de toda bondad«.

**Nota al lector: esta explicación del razonamiento de Holly Ordway es una exposición muy simplificada, a modo de destacados. Para profundizar y conocer la complejidad de todos los argumentos recomendamos la lectura del libro Dios no va conmigo.