CLAVE 2: La compañía de Josh

Esta publicación se enmarca en el grupo de destacados del libro Dios no va conmigo para contextualizar el coloquio en torno al mismo que se celebrará el próximo día 16 entre profesoras creyentes y no creyentes de la Universidad Francisco de Vitoria.

También recomendamos dos reseñas publicadas y escritas por los profesores de Literatura José Manuel Mora-Fandos (Universidad Complutense de Madrid) y Victoria Hernández Ruiz (Universidad Francisco de Vitoria).

>> Ver el libro

#2 La compañía de Josh

Alejarse del ateísmo no estaba en los planes de Holly Ordway. Más tarde reconocería que no buscaba renunciar a su «adorada independencia» (aunque fuera esto lo que necesitaba). El inicio del cambio de rumbo fue resultado de una conversación completamente espontánea durante cena con Josh y Heidi. Josh era su entrenador de esgrima y, tras un torneo, este propuso a Holly cenar con él y con su esposa.

En un punto de la velada, los tres se descubrieron admiradores de Las crónicas de Narnia de C.S. Lewis y Holly protestó ante la famosa triada del autor (la afirmación de que o bien Jesús es un mentiroso, o un lunático o es el Señor) porque ella consideraba que también existía la posibilidad de respetar sus enseñanzas sin la parte de la religión. De ahí partió una conversación en torno a la vida después de la muerte, al origen de la moralidad etc. marcada por la filosofía y el intercambio de las ideas. No hubo ninguna intención de proponerle su fe y participar de un diálogo en el que se razonaba para afrontar esas preguntas tan serias sorprendió mucho a Holly:

«No me ofrecieron citas de la Biblia. Ningún comentario de cómo Dios había obrado en sus vidas. No apelaron a mi felicidad ni a mi serenidad. ¿Qué fue, entonces? Filosofía. Ideas. Diálogo. El resultado final fue que, justo en medio de aquella ruidosa cafetería de un casino, experimenté un giro radical desde mi anterior perspectiva sobre todo lo relacionado con Dios. Mi ausencia de fe en Dios seguía intacta pero había descubierto que la fe no era en absoluto como pensaba que era. Se podía basar en la razón. Se podía poner en tela de juicio, debatir, investigar

Pese a diferir en las opiniones, ella se sentía respetada intelectualmente. Igual que Josh no le permitía técnicas descuidadas durante los entrenamientos, tampoco aquí le dejaba escabullirse con generalizaciones o suposiciones vagas. Además, Josh respondía a las preguntas que verdaderamente se hacía, no a otras.

Holly comprendió que si no investigaba sobre el asunto, sería una intelectual cobarde que se apartaba de una idea por miedo a que fuera cierta.

Hablando sobre la posibilidad de saber si habría vida después de la muerte, Holly aseguró que no había forma de saberlo igual que no podía saberse con solo mirar si un vaso con la tapa puesta que había sobre la mesa tenía o no café. Josh le dijo que si confiaba en él. Ella, que había dejado de ponerse toda la indumentaria de protección para entrenar con él porque había logrado «la completa confianza» en que su arma no le tocaría «jamás en la vida», respondió que sí porque le conocía. Ante ello, Josh contestó: «Vale. Yo conozco a alguien que me ha contado que hay otra vida después que esta y confío en él»

Siguieron hablando de otras cuestiones hasta que en un momento dado, Holly se sintió incómoda por cómo se estaban cuestionando sus suposiciones y resolvió: «Muy bien. Tú cree en todo esto, y, si a ti te funciona, pues genial…» Su entrenador se ofendió como no lo había estado todas las veces que habían estado en desacuerdo, pues la vía relativista no era seria, ni rigurosa, ni cortés. Holly rectificó y volvieron a la conversación. También comprendió que si no investigaba sobre el asunto, sería una intelectual cobarde que se apartaba de una idea por miedo a que fuera cierta.