La Navidad, algo para cada uno

María Hernández Martínez

Mi padre detesta los regalos de Navidad. Le parece una costumbre insípida y puramente comercial. Está convencido de que siempre se acaba por entregar objetos innecesarios, pero, por no faltar al detalle, cada diciembre me pregunta si me gustaría recibir algo en concreto y me recuerda tajantemente que él no.

El olfato genuino para encontrar un presente adecuado a la persona y al momento que está atravesando no figura entre las muchas virtudes de papá. Estoy acostumbrada a ello. Sin embargo, me incordia especialmente su torpeza para acoger un regalo. Tras retirar el envoltorio, siempre masculla que en realidad solo desea recibir “otro tipo de obsequios” (refiriéndose a los intangibles). Lo entiendo, pero nunca me ha convencido su postura. ¿Son los regalos una distracción de la verdadera esencia de la Navidad? ¿Pueden ayudarnos a poner el acento sobre lo importante?

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